La Plaza Mérida, monumental obra que fue un sueño de unos hermanos aficionados a la fiesta de los toros, llega hoy a 97 años de haber abierto sus puertas.

Los cimientos de mampostería construidos por los hermanos Palomeque Pérez de Hermida han resistido de todo, desde huracanes y vendavales hasta las duras incidencias y hecatombes que los mismos taurinos se crean.

Cimientos de la Plaza de Toros Mérida (Foto de Archivo)

Plaza Mérida, 97 años de corridas

El domingo 27 de enero de 1929, con Luis Freg y el maestro Fermín Espinosa “Armillita”, se vivió una tarde para el recuerdo.

Lidiaron ejemplares de Piedras Negras, ante una entusiasta afición que llenó los tendidos, con el color blanco de las guayaberas y los ternos e hipiles de sus espectadores.

De 1929 a 2026 se han vivido acontecimientos que han dado épica a la dama de vestido amarillo que se encuentra enclavada en el corazón de la Avenida Reforma.

Del blanco y negro, que hoy en día se ve como algo enigmático, al color, los monstruos que sirven para tomar fotos y vídeo y difundir imágenes al instante, incluso con drones (uno fue destruido accidentalmente tras chocar con los protagonistas en la corrida reciente).

En este festejo, pasó inadvertida la fecha tan especial.

Las máximas figuras del toreo de todas las épocas han desfilado por la arena que levantaron los hermanos Fernando y José Antonio Palomeque Pérez de Hermida.

Y su albero es reconocido, especialmente en estos últimos años, entre los más importantes de la tauromaquia mexicana, en parte porque se lidian ejemplares (casi siempre), que en otras plazas no salen.

Foto: Archivo del Diario

Torear en la Plaza Mérida fue, es y será siempre, un privilegio que debe cuidarse.

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