Eterno Leonel Aldama Rosel: guayabera

Leonel Aldama Rosel, in memóriam

Por Arturo Millet Molina (*)

Dándole una repasada a mis libros sobre la historia del béisbol en Yucatán me topé con el nombre del que fue un gran beisbolista y mejor amigo: Leonel Aldama Rosel.

Qué bonitos recuerdos de convivencia y plática tuve con él cuando ocupé la presidencia de nuestros queridos Leones de Yucatán, que ahora, con nuevo manejador, deben recuperar el rugido antes de comenzar los juegos de playoffs.

Aparece por primera vez su nombre vistiendo la franela del equipo Campeche en el año de 1946, partido en el que batea dos de los cinco imparables de su equipo.

En el Juego de las Estrellas de la Liga Peninsular de 1948 forma parte de la alineación de los extranjeros, que era la siguiente: pítchers: Wenceslao González e Isidro León; cátchers, Lauro Pascual y Frankie Casanova; primera base: Brígido Ferrer y Julio Pérez Ascuí; segunda base, Leonel Aldama y Fermín Valdés; tercera base: Mario Ariosa y Marcelino Jacobet; paradas cortas: Humberto Barbón y Alberto Alfonso; jardín izquierdo: Segundo “Pitito” Crespo; jardín central: Mario Collazo e Israel Pereira; jardín derecho: Ramón Correa; utility: Elio Flores; mánager: Collazo.

A mis escasos ocho años de edad, me acuerdo de todos, como espero que muchos como yo hagan memoria de esa alineación.

Algo que confieso no sabía es que en la Liga Mexicana juega para los Diablos Rojos en 1947 y para los Sultanes de Monterrey en 1949, 50 y 51. Ya con los Leones, eterno couch, fue mánager en 1971 terminando en cuarto lugar de la Zona Sur con marca de 71-75 en ganados y perdidos. Vuelve Leonel a ocupar el puesto en forma interina en la campaña de 1987, siendo yo presidente del equipo.

Como parte del anecdotario con Leonel Aldama está el siguiente pasaje: Durante mi presidencia en el equipo melenudo comienza a hacer mucho ruido un prospecto de nombre Carlos Sievers Brathwate, quien residía en Quintana Roo y era entrenado por su padre. Muchos equipos pretendían al novato y mandaron a sus buscadores de talento para firmarlo. Una mañana en la oficina se presenta Leonel y me dice: “Jefe, si les interesa Sievers a los Leones, yo conozco a su papá”. Sin pensarlo mucho al día siguiente tomé rumbo a Cancún con él y unos billetes en la bolsa, que ayudaron a convencer al progenitor, que quería tenerlo no muy distante de su casa. Carlitos sigue hasta enfundado de león como couch.

Gran beisbolista, buen padre y mejor humano fue Leonel Aldama Rosel, conocido y recordado siempre como “El Coronel”.

¡Qué grande es el béisbol! Mérida, agosto de 2021

 

 

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