Cosas que pasan
Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)
Desde el 11 de febrero pasado y hasta el 30 de marzo próximo los precandidatos a puestos de elección popular de todos los partidos que participarán en la justa electoral del domingo 1 de julio no debían hacer campaña pidiendo el voto en su favor, por instrucciones de la Ley Electoral. A ese tiempo se le denominó de intercampañas o del silencio.
Pero con la idiosincrasia mexicana tan inclinada al ingenio para hacer lo que le favorezca y no lo que le ordenen, el silencio para impedir el voto a favor les valió a los precandidatos y a sus partidos una pura y dos con sal.
La gran mayoría de éstos, por no decir todos, supieron darse la manera de hacer reuniones en lugares impensables para decirles a sus seguidores lo que les estaba prohibido decir.
En las redes sociales aparecían todos los días precandidatos platicando en la calle, o en un parque o cualquier lugar público con dos o tres personas, y declaraban que se trataba de personas con quienes rememoraron la amistad de los antepasados de los políticos, como si el encuentro fuera casual y los conocieran de tiempo atrás. Pero bien se sabe que las reuniones en las que pedían el voto a su favor eran con personas escogidas y confiables en su discreción y, desde luego, de toda la confianza por sus antecedentes políticos de hueso azul, colorado, amarillo, verde, naranja…
En Ciudad de México quizá se evitó la petición del voto particular, pero se practicó la solicitud del voto colectivo en reuniones en las que participaron los tres precandidatos a la presidencia de la República en las que cada uno expresó planes de campaña disfrazados de información.
Ejemplos concretos son las reuniones con la Asociación de Tiendas de Autoservicio, agrupaciones de constructores, de ingenieros. Pero quienes pretenden ser diputados federales, senadores u ocupar algún puesto federal, claro que se reunieron con sus seguidores en pequeños grupos para solicitarles que se mantuvieran firmes en su voto para ellos.
Esto se facilitó en todos lados por la increíble cantidad de saltos de un partido a otro, o por la resurrección de políticos ya descontinuados que volvieron a la palestra, o por los hijos de quienes ya tienen documentos de propiedad de algún partido o por los recomendados por gallones que tenían que saldar promesas de elecciones anteriores o porque estamos en México y en nuestro país la gran mayoría de los políticos actúa con agenda oculta.
Como quiera que sea, las cosas sucedieron con la seguridad de que ningún organismo electoral tomará en cuenta nada de lo anterior, “porque no hay pruebas contundentes que demuestren lo que se dice”.
No se toma en cuenta el grado de las culpas porque no se considera que haya culpables. Cada partido tiene sus tácticas y sus técnicas para salvaguardar la honestidad de todos a quienes ha postulado, desde los plurinominales hasta quienes se postularán para puestos federales de diputados y senadores del 11 al 18 del presente mes. Por cierto, se habla de algunos casos aún no resueltos, aunque los padrinos de los aspirantes aseguran que su recomendado la tiene segura por compromisos adquiridos con anterioridad “y no hay quien se la quite”.
Lo no deseable es que el día de las elecciones haya nerviosismo o decisiones que conduzcan a la violencia ni en nuestro estado ni en ningún otro. Las pasiones por ser el ganador a veces rebasan el comportamiento debido y surgen primero conatos de violencia verbal que en muchos casos se convierte en violencia física.
Una de las posibilidades es el concepto que se tiene de las actuales autoridades federales y algunas estatales y municipales. Los candidatos ven en esa impresión la oportunidad de ganar votos con arengas que pueden desembocar en agresividad hacia quienes piensan lo contrario. Lo que quisiéramos es que la elección del 1 de julio tenga un final justo que sea aceptado por el pueblo y que no conduzca a nada que pueda violentar la paz a la que estamos acostumbrados, Que así sea.— Tizimín, Yucatán.
manuelantonio1109@hotmail.com
Cronista y exalcalde de Tizimín
