MIAMI (EFE).— La depreciación del dólar a su menor nivel en cuatro años y el aumento del desempleo en Estados Unidos han comenzado a impactar de manera directa en las remesas que reciben millones de familias en Latinoamérica, con un efecto particularmente visible en México durante 2025.
El país registró una caída anual de 4.6 % en el envío de remesas, que totalizaron 61,791 millones de dólares, de acuerdo con cifras del Banco de México (Banxico), lo que puso fin a once años consecutivos de crecimiento en estos flujos.
El descenso ocurrió en el primer año de la segunda presidencia de Donald Trump en Estados Unidos y contrasta con la tendencia observada en otros países de la región, donde las remesas mantuvieron una trayectoria ascendente.
Un informe del Diálogo Interamericano estimó que los envíos crecieron 8 % y alcanzaron 158,000 millones de dólares en nueve países que concentran más del 90 % de las remesas en América Latina y el Caribe, entre ellos Colombia, Guatemala, El Salvador y República Dominicana, con México como la principal excepción.
Pese a este incremento regional, especialistas advierten que la depreciación del dólar ha reducido el poder adquisitivo real de las familias receptoras, ya que la moneda estadounidense perdió alrededor de 10% de su valor en 2025, su peor desempeño desde 2017.
La economista Alejandra Castillo, consejera global del Public Spend Forum (PSF), señaló que la debilidad del dólar refleja un panorama económico “no muy saludable” en Estados Unidos, con repercusiones en todo el hemisferio. “Ese dólar ya no está rindiendo lo mismo para las familias que dependen de las remesas”, afirmó Castillo, quien fue secretaria asistente para el Desarrollo Económico del Departamento de Comercio de Estados Unidos entre 2021 y 2024.
Funcionarios de la administración Trump han defendido un dólar débil como un mecanismo para impulsar las exportaciones, aunque la especialista lo calificó como un “arma de doble filo” por su impacto en la inflación y en el consumo interno.
Explicó que, si bien las exportaciones se abaratan, las importaciones se encarecen, lo que presiona los precios y añade incertidumbre a una economía que actualmente muestra señales de desaceleración.
A este escenario se suma el deterioro del mercado laboral estadounidense. La tasa de desempleo cerró 2025 en 4.4%, uno de sus niveles más altos desde 2021, mientras que los despidos superaron los 100,000 en enero, según la consultora Gray & Christmas. “Cuando el empleo en EE.UU. se ralentiza, las remesas caen de forma aguda, afectando consumo local e ingresos fiscales en los países receptores”, advirtió Nur Cristiani, jefa de Estrategia de Inversión para Latinoamérica en J.P. Morgan.
En México, las remesas representan cerca del 4 % del producto interno bruto, proporción similar a la de Colombia, aunque en países como Honduras, Nicaragua y El Salvador equivalen a casi una cuarta parte de su economía, de acuerdo con estimaciones financieras.
El impacto podría profundizarse con la entrada en vigor, en enero, de un impuesto del 1 % a las remesas en Estados Unidos, una medida que, según el Center for Global Development, podría reducir el volumen de envíos en alrededor de 1.6 % por cada punto porcentual adicional de gravamen.
