Jesús Retana Vivanco publicidad Retana
Jesús Retana Vivanco, autor de 'El estanque de los cocodrilos'

Dos años en Mérida.  El tiempo te abraza, se deja caer sobre todo lo que se mueve y lo que no se mueve; de repente me doy cuenta que ya pasaron dos años, me veo al espejo y descubro que hay más canas a pesar del color de mi cabello. ¿Qué has hecho en ese tiempo? Nunca pensé que en esta ocasión mi estancia en Mérida durara más allá de lo acostumbrado, unos dos o tres meses, pero hay circunstancias en la vida que se presentan intempestivamente.

Me preguntas ¿qué he hecho? dejar la olla de grillos de la CDMX, creo fue lo mejor, además me ayudó a pensar de otro modo, sobre todo respecto a la teoría del desapego. La zona de confort se ve con otra perspectiva.

No entiendo, explícate…

Al principio pensaba que permanecer tanto tiempo en esta ciudad iba a ser altamente complicado para mí, pero la pandemia logró que mi reflexión en ese propósito cambiara radicalmente, desde luego me descontroló como a todo el mundo, pero aprendí a ser tolerante, entender a quienes me rodean y armonizar con mi yo interno. De esta manera encontré una nueva e interesante forma de convivir, así de simple.

Un día llegamos como de costumbre, nos instalamos y en tres meses ya estábamos confinados para resguardarnos del contagio y así, hasta que pudimos salir.

¿Ahora, cuál ha sido tu rutina después del confinamiento? Te voy a comentar que a pesar de todo la estamos pasando muy bien. La meditación y el ejercicio mañanero hacen su trabajo para aclarar la mente, desentumir los músculos y enfrentar el día con entusiasmo. Así han pasado los meses.

Me refugié en la lectura, la cual me ha perseguido desde hace algunos años, aunque a veces se interpone una serie o película de Netflix y le pongo el separador al libro.

La pandemia, también me dio la oportunidad de escribir mi segunda novela y concursar en el “Premio Mauricio Achar” de Librerías Gandhi y Random House. Aunque no tuve suerte de ganarlo, estuve muy entretenido, ahora busco una editorial para publicarla.

Mérida, ciudad favorita

Desde hace diez años venimos a Yucatán, en particular a Mérida. Ya visitamos las haciendas henequeneras convertidas muchas de ellas en hoteles con restaurantes de excelente comida regional. Ya visitamos las zonas arqueológicas representativas de su cultura. Ya nos metimos a los cenotes, Ya cruzamos parte de su selva, la cual conocí en una de las ediciones del Rally Maya. Ya disfrutamos la espléndida gastronomía yucateca. ¿qué más podemos pedir?

Ahora veo una Mérida totalmente cambiada, que da cabida a visitantes y residentes de otros estados que vienen a vivir a la ciudad más segura del país. Regios, chilangos, extranjeros, mexiquenses, campechanos, etc. etc. Los identificamos como me identificaban hace años, por el acento, tal vez por el atuendo o por sus expresiones como el hola mano o el no te hagas güey.

Sigo siendo el mismo, aunque dejé atrás los buenos amigos y las costumbres que adquieres en una ciudad tan grande; sin embargo, mis hábitos de entretenimiento se conservan y le dan sentido al carácter y a los tiempos de ocio. ¿Extrañas algo en especial? Sí, por supuesto, extraño a mi hija y la comida semanal con mis nietos, que de repente vienen por acá y se vuelven presa fácil de los moscos y demás bichos.

Soy fanático del futbol americano, del béisbol, de la Fórmula 1, eventos que no puedo hacer a un lado y que han marcado mi preferencia desde muy joven. Ocasionalmente escribo en Twitter.

Mérida, calurosamente amiga

–Recuerdo que te quejabas del calor.

Me sigue dando lata, pero la fuerza de la costumbre me ha sacado adelante, creo que no cualquiera se adapta a temperaturas de 40 grados o más, como las del verano, aunque no hay calor que no pueda mitigar un agua de limón con chaya y pepino.

Nos gusta recorrer la zona antigua de Mérida aquella que esta por el centro con sus calles que  invocan a una colonia de los años sesenta. Casonas muy antiguas con jardines que alguna vez tuvieron un verde césped y árboles frutales. Ahora están enmohecidas, sobrevivientes al paso del tiempo.

Aquí estaré hasta que el cuerpo aguante, seguiré escribiendo mis historias de vida en este espacio que gentilmente me abrió Diario de Yucatán.

Me queda claro que el tiempo se ha pasado muy rápido, sobre todo en una ciudad amigable, segura, de gente buena, la que nos recibió hace dos años con una “calurosa” bienvenida.—  Mérida, Yucatán Twitter@ydesdelabarrera


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