La política se alimenta de la ingenuidad de las personas, Bangambiki Habyarimana
Un señor ya jubilado, avecindado en el puerto de Progreso, vivía con su esposa a la salida en una de aquellas casonas amplias de mampostería con techo de dos aguas revestido de tejas francesas.
Un día recibió la visita de un hermano que vivía en Veracruz, tenía años de no frecuentarlo y al ver el estado que guardaba el techo que se filtraba con la lluvia, lo convenció para retirar las tejas y sustituirlas por cabillas y bovedillas como Dios manda. “¡Corre de mi cuenta hermano, yo te lo pago!”.
El hombre aceptó el ofrecimiento fraterno, sobre todo después de enterarse de que su carnal, político por muchos años, al fin le había hecho justicia la Revolución; quedó pactado el acuerdo, a tal grado que, midiendo los tiempos desmontó las tejas, las cuales acomodó a un lado en el frente de la casa, pasándose provisionalmente a un cuartito de láminas de asbesto situado en el patio.
Las tejas pronto llamaron la atención de un tipo dedicado a la compra de antigüedades que de inmediato lanzó tentadora oferta por las más de 500 piezas ahí reunidas. Ante la inminente llegada del regalo del hermano, el hombre las malbarató. Pero pasaron los días y, ni el material, ni albañiles, ni el pariente ofrecedor se asomaron. Un mes después la vivienda seguía sin techo y la pareja de ancianos tuvo que mudarse con una de sus hijas.
Muchos años transcurrieron en que podía verse la casa destechada hasta que fue demolida, tiempo en el cual el ingenuo hombre suspiraba por su hogar lleno de goteras. Este relato me lo contó mi señora madre, pues los dos personajes involucrados eran sus tíos paternos.
Fue en el año de 2020, en enero para ser precisos, antes de la contingencia del Covid, cuando en una conferencia mañanera, por vez primera, el señor presidente habló de tener un sistema de salud como el de los países nórdicos. “La salud en Dinamarca es gratuita, está en lo que ellos conocen como Estado de Bienestar; hay protección al ciudadano desde que nace hasta que muere… Nosotros queremos crear un sistema de salud pública de primera y gratuito…, porque la salud, como la educación no son privilegios, son derechos”.
Luego remató diciendo que la atención primaria (tal vez se refería a la de primer contacto) ya estaba resuelta. “Con el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) ya tenemos atención médica y medicamentos gratuitos en todo el país”.
Han transcurrido casi tres años, desde luego con el factor inobjetablemente tétrico de la pandemia. Con un panorama desolador porque también asistimos al desmantelamiento del sector salud, golpeado en varios frentes: la desaparición del Seguro Popular y la sustitución por el Insabi y después el IMSS-bienestar, que dejó desprotegidos a millones de mexicanos; la supresión del abasto y distribución de medicamentos que ha traído consecuencias funestas, traducido en muertes (la peor: los niños con cáncer), casos de posible negligencia por productos contaminados como fue la heparina en un hospital de Tabasco y la meningitis micótica en Durango; la eliminación del fondo de gastos catastróficos que asignados al Seguro Popular cubrían las necesidades más graves de atención médica.
Otras decisiones
Falta de insumos hospitalarios traducidos también en fallas del mantenimiento. Malas condiciones laborales de los trabajadores del Sector Salud con un aumento desordenado en la apertura de plazas de residentes, desproporcionada para el número de hospitales disponibles; condiciones de inseguridad en zonas rurales apartadas (pretexto para traer a médicos cubanos).
Una pandemia dando aún coletazos con un pésimo manejo y una cuestionable estrategia en las inmunizaciones, con la vacuna Patria de refuerzo sin llegar y, la entrada de la cubana Abdala.
Pues así en medio de este marco nada halagador, de nuevo el ofrecimiento para fines del próximo año. “La educación y la salud son privilegios, no son derechos. Entonces, nosotros vamos a garantizar, como en Dinamarca, un sistema de salud de calidad para todos, es decir, que van a poder llegar los pacientes a centros de salud en buen estado, donde habrá médicos generales todos los días con medicamentos, pero también tendrán acceso a hospitales de segundo nivel con especialistas”. ¿Todo esto, en tan solo un año?
Lejanía
¿Qué tan lejos estamos de tener un sistema de salud como el del país nórdico? La verdad muy, pero muy lejos…, más lejos de los 9,500 kilómetros que nos separan en línea recta.
Dinamarca, país con alrededor de 5.8 millones de habitantes destina alrededor del 11% de su Producto Interno Bruto (PIB) a gasto exclusivamente sanitario, cuando en nuestro país con más de 130 millones, la partida presupuestada alcanza alrededor del 3.03%. Esto para empezar.
Tienen hospitales públicos, con financiamiento derivado del pago de impuestos. La consulta y los servicios médicos no se cobran. El paciente tiene asignado un médico especialista con derecho a la asistencia gratuita del mismo y de otros a los que se derive; solo presentan su credencial de Seguridad Social.
Los medicamentos no son del todo gratuitos, los cubre el ciudadano hasta llegar a cierto número o tipo en donde se accede a un nivel con un costo decreciente que absorbe el Estado, hasta hacerlo totalmente como ocurre en pacientes de la tercera edad.
La atención dental es gratuita hasta cumplir la mayoría de edad, y otros servicios son parcialmente subrogados, por ejemplo, fisioterapia.
Cualquier extranjero, visitante o no residente puede acceder a los servicios, pero tiene que pagar.
Los centros de salud y hospitales son autónomos, aunque cuentan con interconexión ya que toda la consulta es electrónica con acceso integral a los resultados de estudios de laboratorio y gabinete.
López Obrador repitió que: “sin corrupción, el presupuesto rinde y en Dinamarca se tiene establecido algo que llaman Estado de Bienestar, y es lo que nosotros estamos procurando para México, que las personas tengan seguridad desde que nacen hasta que mueren”.
Contraste
No me cabe duda de que en materia de salud hay dos Méxicos distintos, el que el presidente cree ver y el real. Poner la sustentabilidad de un proyecto sobre el argumento que por decreto ya no hay corrupción, es algo por demás endeble; es defender lo indefendible, sobre todo cuando diariamente aparece algún personaje allegado al primer mandatario que, se olvida de sus famosas tres premisas: No mentir, no robar y no traicionar.
Insisto en el tema: ¿cuándo los mexicanos pedimos un sistema de salud como el de Dinamarca?
Como ciudadano y como médico con cerca de 30 años en el IMSS, siento nostalgia por el que teníamos en 2018, con todo y la corrupción habida y por haber, se tenía algo imperfecto pero perfectible. Me siento como el tío que suspiraba por las noches cada vez que pasaba por su casita sin techo. He estado tentado en llegar al paroxismo y lanzar un: “Éramos felices… y no lo sabíamos”, pero trato de contenerme. Para bien de todos ojalá, me equivoque. —Mérida, Yucatán
arredondo61@prodigy.net.mx
Médico y escritor
