Es claro que el autoritarismo y el populismo se están afianzando en América Latina y otras partes del mundo. Paradójicamente, están usando los mecanismos de la democracia para debilitar la democracia.

Particularmente preocupante es la situación que se vive en Nicaragua, Cuba y Venezuela, donde es prácticamente inexistente el estado de Derecho y la indefensión ciudadana es casi total.

En México, según señaló Artículo 19 en su reciente informe, se agrede a la prensa cada 16 horas. En efecto, el año pasado fueron cometidas 561 agresiones contra periodistas y medios de comunicación.

La violencia contra la prensa se reproduce en países como Honduras y El Salvador, cuyos gobiernos actuales son sumamente hostiles al periodismo crítico e independiente. Eso es simplemente inaceptable en una democracia. De hecho, eso no es democracia.

Pero aun en estos contextos se mantiene estoico el periodismo que habla con la sociedad y no a los oídos del poder que exige solo halagos e incondicionalidad. Ese es el trabajo de tan loable labor informativa: ser los ojos, los oídos y hasta la voz de una sociedad atravesada de profundas desigualdades e injusticias.

Amenazas al periodismo

Desde nuestro quehacer como organización de la sociedad civil, en conjunto con diversas organizaciones de Latinoamérica, hemos encontrado cuatro amenazas que están latentes y operantes en nuestras sociedades:

1) Las dinámicas estructurales de corrupción e impunidad.

2) La precariedad económica y la sostenibilidad financiera de los medios, en especial de los independientes.

3) La desinformación.

4) La violencia en línea, en especial contra las mujeres periodistas.

En nuestros países prevalecen grupos de poder que sacan rentabilidad de las dinámicas de corrupción e impunidad.

En Guatemala se ha encontrado el término “pacto de corruptos” para hablar de ese tejido de intereses que conjuntan a políticos con empresas privadas y grupos del crimen organizado para concentrar el poder y eliminar voces críticas.

Así, el periodismo se ha convertido en un blanco central para esos entramados de la impunidad y la corrupción.

En recientes años es esperanzador constatar que aun en un ambiente restrictivo y de precariedad económica, están surgiendo nuevos medios y se están abriendo nuevas oportunidades para nuestros modelos de negocio como medios; hoy el ecosistema del periodismo es más expansivo.

La polarización y la exigencia para tomar partido ha acorralado a los medios independientes y la publicidad oficial se está usando para premiar o castigar esa lógica autoritaria de “no te pago para que me pegues”.

La crisis financiera se combina con una crisis de credibilidad, los hábitos de consumo de las audiencias están cambiando y se exige del periodismo más profesionalismo, más transparencia y más ética.

La sostenibilidad financiera implica reconocer a los medios de comunicación como empresas sociales (no de mero lucro). Deben buscar que los públicos se sientan parte de la labor como medios de comunicación.

Otra amenaza es la desinformación, que es un fenómeno sistemático y recurrente en nuestros países. La desinformación es uno de los enemigos fundamentales de la democracia y un claro sostén del autoritarismo.

Los gobernantes mienten abiertamente y por eso los medios no deben reducir su labor a repetir esas mentiras sin ningún cuestionamiento o intento de verificación.

La polarización se retroalimenta con la desinformación. Se inhibe el debate público; se incrementa el consumo de información que tiende a confirmar lo que se piensa de antemano.

Las redes sociales son una gran oportunidad de información y comunicación, son un gran altavoz; pero también se han convertido en un medio para intensificar la desinformación, la manipulación y la violencia digital.

El periodismo vive en medio de un contexto de mucho ruido y del vértigo de lo inmediato. Por esas condiciones la labor del periodismo es elaborar coordenadas para valorar y verificar la información que circula.

La violencia en línea, en especial contra las mujeres, es una realidad de especial preocupación. Si bien hoy es un hecho reconocido que la violencia digital nos afecta a todos y que es una amenaza que pone en alto riesgo a las mujeres periodistas, aún las respuestas del Estado son frágiles.

En este contexto de amenazas, hemos constatado que el periodismo independiente sigue siendo una fuente de defensa y revitalización de la democracia. Aun en un entorno de exilio, persecución, asesinatos, estigmatización, se sigue haciendo un periodismo de investigación de alta calidad.

Tener información fidedigna es un clamor social, ya que permite ejercer nuestros derechos con los datos y perspectiva adecuados. Es por eso que en un contexto donde los autoritarismos están cooptando o colonizando las instituciones democráticas, las organizaciones de la sociedad civil y el periodismo están ocupando el lugar de contrapesos y salvaguardas de la democracia.— Ciudad de México.

Correo: leopoldo@article19.org

*Director regional de Article 19, para México y Centroamérica

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