María Isabel Cáceres Menéndez (*)

Es en verdad una larga relación. Con los problemas acostumbrados de toda relación. Profundidades personales distintas. Amenazas veladas. Descalabros importantes. Destinos separados. Derechos de propiedad. De maternidad. De paternidad. Ofendo. Hablo mal de ellos y sus padres. Me castigan con un severo aporreón.

Desde luego, los accidentes que me provocaban a mi y a otros muchos eran muy dañinos y bastante silenciosos. Había que llamar a la grúa para rescatar automóviles chiquitos y grandes también.

En una ocasión el percance fue para un camión de pasaje de la Alianza de Camioneros completamente lleno. ¡Menudo lío el que se armó!

Los baches en Yucatán tienen una larga historia llena de anécdotas, aventuras, grandes y pequeños accidentes.

Puedo estar equivocada en la fecha pero hace 45 años que vivo mi casa en el barrio de Itzimná. Y mi vecina me recuerda que cuando construyeron el Chedraui frente al monumento a la Patria y contra el cual hubo estéril, denodada lucha para evitarlo, asfaltaron mi calle que era exquisitamente silenciosa y abrumadoramente polvorienta. Sería hace unos 36 años.

Pero la amábamos. Los niños corrían libremente, montaban bicicleta, y se empapaban y sumergían en los charcos como en primitivas piscinas de cálido lodo con cada lluvia espléndida que caía.

Y así se inicia mi larga relación con un bache. Uno solo. Como a 20 metros de la esquina donde habito. Llegó a tanto nuestro trato de disgusto y frustración que hasta me dediqué a quererlo y cuidarlo. Porque empezaba chiquitito. Y lentamente, sin ruido ni llamar la atención, se iba agrandando hasta alcanzar posiblemente metro y medio de desigual y pedregoso diámetro.

Se convertía en una mini piscina de unos 50 centímetros o más de profundidad aproximadamente, a medida que las lluvias arreciaban. Mis llamadas al Ayuntamiento, en aquel entonces, muy bien gracias.

Desde que se inauguró la calle, no se si olvidaron poner pozos pluviales o se hicieron fallados. El agua de inmediato trepaba a las aceras y entraba en los jardines del trío de casas que construyeron enfrente y en la entrada de la mía. Como hasta el día de hoy.

El último de su larga generación que ya es de prosapia, en estos 36 años, comenzó a formarse cuando cayó el diluvio que provocó ríos e inundaciones en toda la ciudad. Creció rápido. Ha llovido bastante. Con discreto pudor, algún buen cristiano ya lo cubrió con una llanta no muy grande pero que te avise: ¡Rodéame o pobre de ti!

¿Por qué sucede esto?: “el agua entra por la carpeta asfáltica y penetra por la estructura del pavimento. Después se aloja en capas inferiores (hasta el grado de enfriarse), o congelarse según la temperatura, y con el paso de los vehículos la superficie se va derrumbando creando el bache”. Y aquí va lo duro:

1) El impacto de un bache profundo puede equivaler al de un accidente a 35 kph.

2) Los daños en los vehículos atribuibles a los baches cuestan una media de más de 5,000 pesos por vehículo al año y más de 9,000 pesos durante la vida útil de un vehículo.

3) Los baches causan cada año innumerables lesiones a ciclistas y peatones.

4) Los baches son el principal peligro de tropiezo de los peatones para los propietarios de inmuebles y negocios.

Yo me he detenido en varias ocasiones a ver cómo los reparan. Recuerdo una vez en una calle paralela y escondida a un trabajador muy mayor de edad, supongo del Ayuntamiento, pues su camiseta desgastada y vieja no decía nada, que jalaba un tambor grande con asa.

Remojaba un mechudo grueso y sacaba una mezcla negra que acomodaba en el bache. Luego la aplanaba un poco con otra herramienta. Hasta que se llenaba. Le tomaría ¿10, 15, 18 minutos el tiempo de bacheo? Calculo que eso fue. Y colorín colorado. Bacheo terminado.

No es difícil imaginar la mezcla. ¿Arena, gravilla, un cubito de cemento, cal? ¿Cómo saberlo? En la siguiente lluvia el bache aparecía feliz y rozagante, solo un poco más grande.

Ahora los he visto hacer mejores trabajos.

Me pregunto qué mezcla celestial usarán para reparar los nuestros. Debe ser muy especial. Su capacidad para volatilizarse con un ligero chubasco es extraordinaria. Ganaría cualquier concurso.

Recuerdo una película rusa de la época de la segunda guerra, una escena en la que los soldados hacían bromas sobre la forma más segura de mantener al enemigo lejos de Moscú: los baches, porque eran tan grandes que era imposible transitar a través de ellos. Y reían a mandíbula batiente.

Gracias a Dios no es ese nuestro caso. Es parecido. Pero no igual. Nosotros no somos Moscú. ¡Faltaba más!

Mi bisabuelo Chan-Cil tocaba una canción harto graciosa sobre este problema en la ciudad. Cuando aún no había pavimentación.

Es alrededor de 1900 y aparece en la segunda parte de “El Ruiseñor Yucateco” de 1906.

(Esta información la obtuve gracias a mi querida sobrina y gran concertista Marieli Sosa Cáceres porque yo no la encontraba en parte alguna).

Cerraré con ella nuestro vetusto problema de los baches en la otrora hermosa y Blanca Mérida.

P A R O D I A

LOS TRAMVIAS DE MÉRIDA

Empresarios de Tramvias

De Anónima Sociedad,

Que compongan bien sus vías

Siquiera por caridad.

No estén no más coger

Dividendos por mayor,

Si á ustedes les da placer

A nosotros nos da horror.

Nos da horror el contemplar

Nuestro estado deplorable

Que no hay calle transitable

Donde se pueda pasar.

En un inmundo albañal

Vivimos los yucatecos,

¿Por Dios, seremos tan mecos.

Que nadie remedie el mai?

Aquí sólo piensa el rico

En seguir enriqueciendo,

Los pobres empobreciendo

Sin poder abrir el pico.

No tienen derecho a hablar

Aunque mueran de coraje,

Les aumentan el pasaje

Y lo tienen que pagar.

Y lo mismo queda todo,

Al pobre le hacen la guerra,

Si llueve nos echan lodo,

Y si no, nos echan tierra.

Así está la situación

En la Ciudad de Montejo,

Todo el mundo aquí es conejo

Y, huyen de la quemazón.

Esta canción tiene aproximadamente 125 años. Pregunta suelta. ¿Algo ha cambiado?— Mérida, Yucatán.

maica482003@yahoo.com.mx

Abogada y escritora

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