CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)

Hay pánico en Palacio Nacional; de ahí la obsesión por manipular cualquier muestra de inconformidad contra el régimen. Lo dijimos el domingo 16 y lo reiteramos hoy: la torpeza con que se ha manejado la crisis política tras el asesinato de Carlos Manzo —incluida la protesta de miles de mexicanos el sábado 15 pasado— exhibe con crudeza el talante manipulador del obradorato.

Ante las masivas expresiones de disgusto en más de cincuenta ciudades de México —motivadas por el crimen en Uruapan, Michoacán, y la creciente violencia en el país—, el morenismo optó por minimizar la protesta y centrar su “defensa” en el turbio enfrentamiento en el Zócalo capitalino entre policías y el impune grupo de infiltrados identificado como “bloque negro”.

En un régimen verdaderamente democrático —como el que el obradorismo asegura encabezar— las protestas se toleran e incluso se valoran como una fuente de señales para corregir el rumbo. A diferencia del populismo autoritario, que las percibe como una amenaza a su control, la democracia las entiende como alertas tempranas que permiten anticipar crisis mayores.

En una semana de tropiezos consecutivos, el gobierno federal insiste en ocultar la realidad y en fortalecer su aparato propagandístico. Para ellos, la nutrida manifestación de descontento social —en la que participó amplia variedad de ciudadanos inconformes— no es más que una “embestida de la derecha” destinada a “sembrar la percepción de inestabilidad y violencia” (bit.ly/4pvvvBl).

Por sus reacciones, pareciera serles irrelevante la reiterada exhortación del Episcopado a aceptar la cruda realidad de la violencia y actuar en consecuencia, a romper con el divorcio entre el discurso oficial y “el dolor real del mexicano” (bit.ly/4obTpkc). Tampoco parecen inquietarles las denuncias generalizadas de represión política ni las condenas a la inusitada violencia contra los inconformes.

Si la encuesta de “Morning Consult” —que el propio régimen celebraba en tiempos de AMLO— muestra que la popularidad de Claudia Sheinbaum sigue desplomándose, la respuesta es inmediata: se activa la estrategia de los “chayoteros del Bienestar” para difundir un sondeo de “El Heraldo”, financiado con el erario, que atribuye a la presidenta un 70% de aceptación.

En una democracia real, el gobierno se legitima a través de resultados, de la rendición de cuentas y de instituciones sólidas. En el populismo autoritario, la legitimación se construye a partir de percepciones: las encuestas favorables funcionan como sustitutos emocionales de la eficacia, como antídotos simbólicos ante la falta de resultados. Propaganda antes que desempeño.

Si el escándalo por la desmedida represión en el Zócalo deja en evidencia torpezas que han contribuido, por ejemplo, al deterioro económico, el coro de jilgueros sale al quite y repite rítmicamente que la inversión extranjera alcanza niveles récord en 2025. Y si dos días después el Inegi confirma que la economía sigue cayendo, la culpa se endosa a los Estados Unidos (bit.ly/48sYWOy).

SE VICTIMIZAN

La víctima es de nuevo la presidenta, no los ciudadanos maltratados. Con un ego enfermizo y un desprecio evidente por quienes disienten, doña Claudia afirma —en su “acto de desagravio” del 20 de noviembre— que “se equivocan” los que cuestionan la “exitosa transformación” que vive México. Todos se equivocan, menos ella, la autoproclamada “encarnación del pueblo”.

Si los cuestionamientos y la presión no disminuyen en medios nacionales e internacionales —en particular en las indomables redes sociales—, el régimen detiene y exhibe como “trofeo”, con velocidad inusitada, a los supuestos responsables intelectuales del asesinato de Carlos Manzo, pero no procede contra los morenistas que el alcalde de Uruapan señaló. La clave es distraer.

Y si se demuestra con miles de imágenes y videos que la violencia en el Zócalo fue injustificada y excesiva (bit.ly/4rhFxYl), se recurre de nuevo a la corte de jilgueros para inculpar, de manera coordinada y con el aval de Palacio, a Edson Andrade, un joven “panista” al que Morena responsabiliza —sin pruebas claras— de la violencia del 15 de noviembre. “Primero muertos que confesos”.

Concluye una semana que permite entender con mayor claridad la naturaleza manipuladora del régimen. Una semana que refuerza la advertencia, para quienes defienden la democracia, sobre los límites a los que ha llegado el obradorato ante el desgaste de su narrativa y el crecimiento de la inconformidad social: o se redobla el clientelismo, o se endurece la represión.

DESESPERACIÓN

De cualquier manera, ambas opciones comprometen el desarrollo sustentable. ¿Qué queremos para México? ¿Más asistencialismo improductivo, que frena el crecimiento a largo plazo, o un verdadero impulso económico con visión de futuro? ¿Manga ancha para el autoritarismo y la manipulación, o libertad con meritocracia? ¿Paternalismo o autodeterminación?

El turbio proceder del morenismo esta semana confirma que es más fácil destruir reputaciones que cumplir promesas, y que corregir problemas de fondo —como la inseguridad y la corrupción— no es sencillo. Cuando el desempeño empieza a fallar, la prioridad es desviar la atención. Si hay crisis económica, es culpa de otros; si hay protestas, “están manipuladas”.

El régimen está nervioso; tiene miedo, sin duda. Aparenta tener el control y mostrarse ajeno a las exigencias, pero las grietas se amplían. La desesperación desde Palacio por desprestigiar a todo lo que lo cuestione evidencia que, ante la falta de resultados que lo respalden, la alternativa es incrementar la polarización y sustituir aún más instituciones por percepciones. Manipular.

Los mexicanos en general, y los yucatecos en particular, debemos estar muy alertas. No olvidemos que la democracia dialoga y el populismo polariza; que en democracia se corrige y el populismo se atrinchera; que los demócratas integran y los populistas excluyen al disidente porque “no forma parte del pueblo”. El desafío es grande: no bajemos la guardia.— Mérida, Yucatán

direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia

¿Cuál es el mensaje del escrito?

El mensaje central del texto es una advertencia contundente sobre el giro autoritario y manipulador del régimen encabezado por el obradorato y por Claudia Sheinbaum, evidenciado durante una semana particularmente reveladora.

En esencia, el escrito sostiene que:

  • 1) El gobierno está nervioso, desgastado y recurriendo crecientemente a la manipulación.

Las protestas masivas, la violencia en el Zócalo y la caída en popularidad han detonado una respuesta defensiva basada en propaganda, distracciones, fabricación de culpables y victimización de la presidenta.

  • 2) Ante la falta de resultados, el régimen responde con polarización y autoritarismo.

El aparato oficial, incapaz de corregir problemas reales —inseguridad, corrupción, deterioro económico—, opta por desacreditar a los críticos, fortalecer su aparato propagandístico y sustituir instituciones por percepciones.

  • 3) La democracia mexicana enfrenta un riesgo creciente.

El texto advierte que el país, y especialmente Yucatán, deben mantenerse alertas: el populismo autoritario avanza cuando se normaliza la manipulación, se reprime la protesta y se ataca a la disidencia. La disyuntiva planteada es clara: clientelismo o institucionalidad; polarización o democracia; paternalismo o libertad.

En síntesis, el escrito afirma que la narrativa oficial está colapsando y que este colapso está revelando la verdadera naturaleza del proyecto político en el poder: un régimen que prefiere manipular antes que gobernar con resultados.

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