
CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
Populistas en la encrucijada. El obradorismo, que ha erosionado la confianza —clave para el desarrollo sostenido—, sabe que un choque económico con EE.UU. exhibiría con mayor crudeza los límites de su modelo clientelista. Donald Trump, por su parte, entiende que un México violento y económicamente frágil implica más migración, más drogas y mayor presión política interna.
La situación es compleja. En la antesala de unas elecciones legislativas estratégicas, el trumpismo endurece sus exigencias: combate férreo a los cárteles, esfuerzos militares conjuntos y la posible detención de figuras emblemáticas de la narcopolítica morenista (bit.ly/4qUaG2V). A ello se suma la presión económica, con la amenaza de más aranceles y la eventual desaparición del T-MEC.
El populismo mexicano se resiste. Aceptar las condiciones del fanfarrón del Norte sería un golpe directo al corazón del obradorato: desenmascararía la supuesta lucha contra la corrupción y dejaría en evidencia una crisis económica que comienza a poner en riesgo el asistencialismo. Perder el control del relato populista significaría exhibir, sin matices, su profunda fragilidad.
La dura realidad los atropella y la debilidad económica se agudiza. En la semana que concluye, a las amenazas trumpistas se suman las reiteradas advertencias de diversas instituciones nacionales e internacionales, que vuelven a alertar sobre el impacto negativo de la inseguridad, la inestabilidad política y la creciente informalidad laboral en el desarrollo productivo del país.
La ONU, el Banco Mundial, el FMI, el IMCO, la agencia Moody’s, el grupo financiero BBVA y la Coparmex, entre otros organismos, insisten en sus llamados al gobierno a poner un alto al derroche clientelista que frena la economía. “El ánimo para invertir en México no logra repuntar y se mantiene en niveles registrados durante la pandemia de Covid-19”, advierte el sindicato patronal (bit.ly/4qqfCN8).
El FMI anticipa que la economía mexicana será la segunda con peor desempeño en 2026, solo detrás de Venezuela, y subraya los riesgos derivados de la elevada informalidad, que en Yucatán, por ejemplo, ronda el 59% de la fuerza laboral. La ONU señala que uno de los retos es aumentar la inversión mediante mayor certidumbre; sin embargo, el Banco Mundial no lo ve factible.
También se multiplican las advertencias en materia de inseguridad. En un contexto marcado por la violencia, las desapariciones y los conflictos armados, la Iglesia católica hace un llamado al diálogo (bit.ly/49taHoW). El propio papa León XIV exhorta al entendimiento y a evitar la confrontación estéril. “Se requiere escucha y acción conjunta, más allá de posturas aisladas”, alerta el Episcopado.
En el caso de Yucatán, la prensa independiente recuerda que durante 2025 se registraron episodios que ponen en duda la tranquilidad que se pregona y desafían el supuesto blindaje de la entidad (bit.ly/4qC2LHV). Crece la percepción de una seguridad vulnerada, a partir de hechos que evidencian la presencia de delitos graves y de redes criminales más complejas de lo que suele admitirse.
PROPAGANDA
Como es costumbre, el régimen hace oídos sordos. La prioridad es preservar la narrativa. Frente a advertencias cada vez más serias, la respuesta es reforzar la estrategia propagandística, sustituyendo la rendición de cuentas por rituales de comunicación como la “mañanera”. Donde faltan resultados, se impone el relato; se busca evitar, a toda costa, que “el pueblo” despierte.
Cuando la economía se estanca, la inseguridad crece o los servicios públicos se deterioran —como ya ocurre en Yucatán—, suele emerger “el pueblo” real: el ciudadano crítico, informado y exigente, que contrasta el discurso con la realidad. De ahí la obsesión por controlar la narrativa e intensificar la propaganda, como se observa en las vísperas del informe de Huacho Díaz.
Siguiendo los pasos del avance morenista en otras regiones y asesorado por estrategas heredados del rancio PRI, el gobernador se atrinchera en el “prianista” puerto de altura de Progreso, a puertas cerradas y en ausencia del “pueblo”, para informar con triunfalismo sobre sus logros clientelistas. Ante la posibilidad de protestas, el blindaje geográfico garantiza el aplauso (bit.ly/49xMBrC).
La propaganda exalta lo inexistente: “Rumbo claro, gobierno cercano, de puertas abiertas” (bit.ly/4b5ZU58). A falta de logros económicos verificables, se anuncian en los últimos días —en ausencia de los principales líderes empresariales— supuestas inversiones privadas que se presentan como “resultado de la confianza en un estado con estabilidad, seguridad y un gobierno que cumple”.
PRESUNCIÓN
“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, reza oportuno refrán. En el gobernador y su círculo cercano es evidente el hambre de aplausos y reconocimiento constante. Urge apuntalar una identidad de la que no se sienten seguros; una inseguridad que demanda validación externa para llenar el vacío con la ovación. De ahí el esperado acarreo masivo esta tarde.
La pregunta resurge: ¿qué queremos para Yucatán? ¿Un gobierno benefactor que reparte sin límites los recursos de todos y oculta su ineficiencia con millonarios derroches propagandísticos, o uno que promueva el desarrollo sostenido, con equidad y transparencia? Los hechos indican que la primera opción se fortalece, tal como se advirtió antes de los comicios de 2024.
Nos dicen una cosa y hacen lo contrario; es lo habitual en el populismo. En la encrucijada que vivimos, con las presiones trumpistas al máximo y una debacle económica en puerta, nos encaminamos a un 2026 complejo. La anunciada reforma electoral es una señal más de que la confianza indispensable para atraer inversiones seguirá siendo víctima del autoritarismo.
La certidumbre es clave para el progreso. Cuando el poder utiliza la incertidumbre como método de control político y la improvisación se vuelve norma, el costo lo paga la sociedad en forma de estancamiento y desconfianza. Hagamos eco de los llamados al diálogo y a la acción conjunta. Exijamos resultados. No basta con rezarle a Donald Trump.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx(https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del escrito?
El mensaje central del texto es una advertencia: el populismo gobernante, tanto a nivel nacional como en Yucatán, ha optado por sostener su poder mediante la propaganda y el control del relato, en lugar de enfrentar con seriedad los problemas estructurales del país. Esa estrategia, sostiene el texto, erosiona la confianza, ahuyenta la inversión, agrava la fragilidad económica y profundiza la inseguridad, justo en un contexto internacional cada vez más adverso.
El escrito subraya que la incertidumbre no es un accidente, sino un método de control político. Al sustituir la rendición de cuentas por discursos triunfalistas, rituales mediáticos y acarreo, el poder busca ocultar la falta de resultados y evitar que emerja el ciudadano crítico —“el pueblo real”— que contrasta el discurso oficial con la realidad cotidiana.
Finalmente, el texto plantea una disyuntiva ética y política: persistir en un modelo asistencialista, clientelista y autoritario, o exigir un gobierno que apueste por el desarrollo sostenido, la transparencia, la certidumbre y el diálogo. El llamado es claro: no basta con culpar a factores externos ni con rezarle a Trump; sin resultados, confianza y responsabilidad, el costo del populismo lo paga la sociedad entera.
