“La tradición es la ilusión de la permanencia”.— Woody Allen
“Mamá, ¿por qué a mí no me traen nada los Reyes?”. Reiteradas veces atormenté a mi madre con la pregunta. De las últimas respuestas que le recuerdo: “A los niños de aquí se los trae Santa Claus, en cambio a los de afuera son los Reyes, ¿a poco crees que Santa Claus puede solo?”. Bendita la infancia en que uno se traga todo como si fuera verdad. Lo cierto al caso es que tal vez por eso no recuerdo que la Rosca de Reyes fuera parte de mi infancia. Siempre comento que hay más costumbres de ahora poco imbricadas cuando era niño. Recuerdo que si en algún evento llegaba un mariachi, aquello equivalía al aterrizaje de un platillo volador, donde bajaban alienígenas (marcianitos en mi época), pues en aquellos años si acaso los veíamos los domingos en el sempiterno programa de Raúl Velasco. Tampoco recuerdo que se celebrara como ahora las fiestas patrias, si acaso me llevaban a los desfiles. Siempre he pensado que hay tres momentos, al menos en mi humilde opinión, que marcaron cambios gastronómicos en Yucatán: Después de 1985, con los sismos, nos cae la gastronomía capitalina. En aquellos años, los fines de semana, las salidas a cenar eran a loncherías y alguna que otra pizzería; los yucatecos entonces, empezamos a disfrutar de los tacos al pastor, el queso fundido, el pozole, los frijoles charros… llegó el chile chipotle, le empezamos a echar crema a los tacos, el aguacate Hass fue desplazando al local; más adelante llegó el primer restaurante con tlayudas, huaraches, quesadillas (de las que no solo son de queso) y un delicioso etc. Con el Tratado de Libre Comercio nos llegan las cadenas de comida rápida: entraron las hamburguesas con las papas, las pizzas y lo que llamo la generación de las mamás Nuggets, los niños alimentados con estas frituras de pollo de preparación ultrarrápida, y así llegamos a lo visto desde 2006 con una fuerte presencia norteña, sobre todo regia y en donde vemos ya en muchos puntos de la ciudad puestos de barbacoa dándose de codazos con los de cochinita pibil y lechón al horno.
De tal manera que, mi primer recuerdo francamente de una cortada de Rosca de Reyes fue probablemente en mis años de estudiante de medicina, cuando un muñeco secuestrado permaneció entre mis dientes y mi mejilla hasta que, como prestidigitador lo escondí en una de mi bolsas. El origen de la rosca es europeo. En sus inicios en Francia era un pan dulce adornado de frutas y azúcar, dentro colocaban un haba y quien cortara una rebanada y la encontraba era proclamado “rey por un día”. La rosca llega con la conquista y va transformándose a la versión actual. La decoración a base de frutas secas cristalizadas, simbolizan las joyas que portaban los Reyes Magos en su visita al niño Jesús. La tradición dice que el muñeco escondido en el interior del pan de la rosca representa al niño Jesús; hay quien señala es una referencia al momento en que Herodes promovió una búsqueda desenfrenada para dar con “el Salvador”, de quien temía le arrebataría el poder.
El corte de la rosca es un motivo más para reunir a las familias. El pan en la mesa, acompañado de chocolate o café, y ahí dentro escondidos, por lo general, seis figuras de plástico y aquel que se “saque al niño” será su padrino y tendrá que responder con tamales al celebrar el Día de la Candelaria el siguiente 2 de febrero. Y así, en Yucatán llegó, como también el pan de muerto y se ha quedado como parte de nuestras costumbres y de nuestro corredor Guadalupe-Reyes, que en el nuestro comienza un mes antes con los mucbilpollos de noviembre y se remata con los tamales en la Candelaria.
Pero, este manjar rico, ¿qué tan saludable es?: Una rebanada de Rosca de Reyes (aproximadamente de 100g) contiene entre 350 y 400 calorías, con 40g de carbohidratos, 9g de azúcares, 7g de grasa y 5g de proteína; pero estos valores varían mucho según el tamaño, si es rellena (más calorías) y los ingredientes específicos (frutas, cremas), siendo alta en azúcares y grasas saturadas. Una rosca rellena de nata, nutela, cajeta, crema o dulce de leche puede duplicar o triplicar las calorías y grasas. Una rebanada grande puede superar las 600 calorías. Pero a esto súmese que la mayoría de las veces se come más de una rebanada, sin tomar en cuenta la que se corta en la oficina, en el trabajo o con los vecinos. Así que no es descabellado hablar de una ingesta hasta de mil calorías.
Pero a nivel social la Rosca de Reyes se ha vuelto un personaje viral en las redes. El fenómeno de la reventa, particularmente de la cadena Costco, de nuevo se volvió tendencia. Sí, la misma cadena donde han tenido en ocasiones que regular la venta de panes y pasteles, por la compra a mayoreo y una útil ganancia al comerciarlas por ración o rebanada. Para esta temporada, los precios oficiales en tienda y los de reventa mostraron un margen significativo de ganancia para los comerciantes informales. Precio en Costco: La versión tradicional se vendió en $429.00 y la gourmet en $539.00; precio en reventa: Las piezas se ofrecieron entre los $700.00 y $1,000.00 llegando en algunos casos a triplicar su valor original. Casos muy comentados como una influencer exdiputada que adquirió mil roscas en una sucursal de Guadalajara para trasladarlas en un tráiler y revenderlas en Manzanillo y otros municipios de Colima donde no hay presencia de la tienda.
Hubo casos de personas que invirtieron hasta $300 mil en compras a gran escala para asegurar inventario antes del 6 de enero. El acaparamiento sobre todo por revendedores provocó largas filas y muchos socios que no encontraron producto en las sucursales, lo que generó malestar y hasta amenaza de cancelar membresías a revendedores. Pero no todo es miel sobre hojuelas, ¿qué ocurre cuando la maniobra comercial fracasa? Tras el día principal, las escenas van desde el intento de devolución hasta la reducción de precios que va en sentido inverso a la dureza de la rosca conforme pasan los días. Desde luego sin contar el desplazamiento en ventas de panaderías locales y de cadenas de supermercados.
Y así, la Rosca de Reyes como tantas cosas se ha convertido en tendencia y en una tradición alternativa mezcla del consumismo, la economía informal y el oportunismo del mexicano.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
