El elenco de “Aladdín” en el preestreno

Guy Ritchie, una opción extraña para el musical

NUEVA YORK (AP).— Al ver la versión de acción real de “Aladdín” queda claro que las dudas sobre la elección de Will Smith para el papel del Genio eran infundadas. Quien debió despertar dudas era la persona detrás de la cámara… y de paso meterse en la lámpara por siempre.

Guy Ritchie, amante de los mafiosos rudos y la acción violenta, fue siempre una opción extraña para dirigir un musical de Disney y aquí demuestra, definitivamente, que era la equivocada.

En sus manos “Aladdín” se parece más a “La momia” que a “Frozen”. Incluye una escena de tortura y tomas de acción en cámara lenta.

Al principio Will Smith era la gran interrogante. ¿Cómo iba un actor real a reproducir el espíritu frenético de un genio metamorfo al que Robin Williams prestó su voz en la cinta animada? Will actúa con dificultad al principio, quizás antes de escuchar el consejo de su propio personaje: sé tú mismo.

Ritchie, quien dirigió la cinta y coescribió el guión con John August, básicamente tomó la estructura de la película de 1992, le agregó elementos del musical de Broadway y le dio algunos giros buenos, como una segunda historia de amor y la actualización del personaje de la princesa Jasmine, quien pasa de ser bonita testigo a participante feroz.

El guión también enfatiza la idea de que todos se sienten atrapados en los papeles en los que nacieron.

Mena Massoud interpreta al personaje principal, un guapo ladrón que se enamora de la princesa de espíritu libre y vive un cambio tras frotar una lámpara mágica. Naomi Scott es la princesa y digna heroína de Disney en 2019: graciosa, fuerte, valiente y con una voz hermosa.

Las composiciones clásicas de Alan Menken para la cinta original, incluyendo “Amigo fiel”, “Príncipe Alí” y “Un mundo ideal”, están todas incluidas, así como “Speechless”, una nueva canción escrita por Menken y Benj Pasek y Justin Paul interpretada por Jasmine. Es maravillosa y podría reemplazar a “Let it Go” como el himno popular de Disney.

También destacan los exuberantes vestuarios de Michael Wilkinson, un desfile de animales completamente digital —con un mono Abu fantásticamente logrado, el tigre Rajah y una abrazadora alfombra voladora— y las buenas actuaciones de Nasim Pedrad como doncella y Billy Magnussen como príncipe. Y el coreógrafo Jamal Sims logra gloriosas combinaciones de hip hop con Bollywood.

Pero el diseño de producción de Gemma Jackson es una cursilería del Medio Oriente y Asia del sur, con los típicos puestos de comida, paredes derruidas y bullicio constante. Un auténtico tropiezo es la Cueva de las Maravillas, terriblemente mal lograda; pareciera que un gato vomitó monedas de oro y rubíes.

Marwan Kenzari es un Jafar más joven del que estamos acostumbrados y parece que le dijeron que actuara como psicópata hacia el final. Aun así, tiene una historia de fondo y algunos buenos diálogos, como “Roba una manzana y serás un ladrón. Roba un reino y serás un estadista”.

El Genio de Smith es un fanfarrón que bebe martinis y hace poses de yoga, lleva el cabello en un moño y hace referencias a la cultura pop. Cuando es azul es puramente un efecto visual y se esfuerza demasiado en parecerse a Robin Williams. Cuando tiene su tono de piel normal es Smith y mejor. Una escena en la que el Genio intenta ayudar a un mudo Aladdín a cortejar a Jasmine es de las más chistosas que el actor haya hecho en años.

Pero por lo demás se siente la presencia de un inquieto Ritchie. El cineasta está enamorado de las explosiones, y entre otras crea una secuencia de fantasía equivocada para “Speechless”. Pareciera que los momentos de quietud lo aburren. Hasta el romántico paseo en alfombra, que sería pan comido para cualquier cineasta, de algún modo resulta desgarrador.

El filme da tumbos en distintas direcciones y es coronado por un desastroso remix en los créditos finales, en el que Smith revive al rapero de los 90 mientras DJ Khaled grita continuamente: “¡Otra!”. Es el último de varios desaciertos.

Mañana se inaugura la película de acción real en las salas de cine de todo México.

Lo bueno

Los exuberantes vestuarios de Michael Wilkinson, el desfile de animales completamente digital, las actuaciones de Nasim Pedrad como doncella y Billy Magnussen como príncipe, y las coreografías de Jamal Sims.

Lo malo

El diseño de producción de Gemma Jackson y la actuación de Marwan Kenzari como Jafar.

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