El trato cercano con los misioneros de Maryknoll dejó muchas enseñanzas en una familia yucateca, que considera su carisma un modelo a seguir
Las hermanas Teresa y Cecilia de Jesús Quijano Medina se consideran personas privilegiadas porque sus vidas fueron tocadas por los misioneros de Maryknoll en el tiempo que la Sociedad de Padres y Hermanos desarrolló su ministerio en Yucatán.
Antes de nacer, incluso antes de que sus papás contrajeran nupcias, su familia estableció vínculos con los sacerdotes misioneros —en especial los padres John Patrick Martin y Peter Petrucci—, a cuya obra está dedicada la exposición itinerante que, promovida por Grupo Megamedia y la Unión Social de Empresarios de México (USEM), ya se presentó en el Colegio Avelino Montes Linaje y hoy sábado se inaugura en Maní.
Rosario Núñez Ortiz, abuela materna de las hermanas Quijano Medina, entró en contacto con los misioneros de Maryknoll en Colonia Yucatán, en 1965, cuando fueron requeridos sus servicios para cocinar a los sacerdotes que habían llegado a ese poblado del oriente yucateco para proclamar la Buena Nueva.
Además de los lazos laborales, entre ellos se creó una relación de amistad que con el tiempo se extendió a Teresa Medina Núñez, hija de Rosario, y sus nietos Cecilia de Jesús y Teresa, quienes tienen al padre John como padrino de Confirmación, y Gilberto, quien recibió del mismo misionero el sacramento del Bautismo a tres días de nacido.
La comunicación con el padre John continúa aun ahora, en que las cartas escritas a mano de antes han cedido lugar a los medios electrónicos.
Con el padre Pedro Petrucci, quien fue párroco de San Sebastián, la familia también mantuvo una relación cercana, al punto de que el sacerdote la visitaba cada semana en su domicilio de la colonia Alemán para almorzar o cenar.
Teresa admite que el contacto con los misioneros, en especial el padre John, le aportó una visión global y capacidad de adaptarse a otras culturas. Por inspiración del sacerdote viajó a Bolivia y en Cochabamba participó en un curso de formación misionera de la Sociedad de Padres y Hermanos de Maryknoll.
Cecilia de Jesús indica que una de las enseñanzas que le ha dejado el trato con el padre John ha sido el interés en la espiritualidad más que en la religiosidad, la búsqueda de puntos en común y una buena relación con las personas, y la adopción de un estilo de vida sencillo.
“Es un privilegio y una responsabilidad transmitir todo esto”, asegura.
Aclara que ella y su hermana no se sienten obligadas, sino animadas a compartir las vivencias con los misioneros.
Entre los mejores recuerdos que guardan están las celebraciones de cumpleaños del padre John, que “eran muy bonitas y numerosas”, pues se daban cita vecinos de comunidades como Colonia Yucatán, San Sebastián y la Sambulá, que aportaban alimentos para que todos los asistentes consumieran.
Las hermanas relatan que incluso han tenido oportunidad de viajar a Nueva York y conocer la casa de los misioneros, donde en su momento saludaron al padre Petrucci, quien en sus últimos años se vio afectado por el mal de Alzheimer.
En esa ocasión, para que las recordara decidieron interpretarle canciones en lengua maya y grata fue su sorpresa cuando el sacerdote comenzó a seguir uno de esos temas, por momentos con semblante nostálgico. Después él les mostró una carta que guardaba en su cartera y que resultó tener como remitente a la señora Teresa Medina Núñez.
Añaden que la despedida de la Sociedad de Yucatán, en 2012, no fue traumática, porque los sacerdotes ya habían preparado y organizado a los fieles para seguir adelante con sus comunidades e iniciativas sin depender de los misioneros.
Entre las obras promovidas por el padre John y que continúan en el Estado figuran la Extensión Contemplativa de Yucatán, con oración centrada en la meditación de la Lectio Divina, y los Afiliados de Maryknoll, una agrupación de laicos que tienen formación misionera.
Las hermanas Quijano Medina afirman que una manera de rendir homenaje a los misioneros de Maryknoll es seguir su ejemplo, no solo haciendo el bien a los demás, sino también guiándose por el carisma misionero y acercándose a otras personas.— Claudia Sierra Medina
Itinerancia
La exposición sobre los misioneros de Maryknoll llegará el sábado 23 a Peto, el 2 de marzo a Tzucacab, el 9 de marzo a Teabo, el 16 a Sotuta, el 23 a Yaxcabá y el 30 a Huhí.
En abril
El domingo 3 de abril la muestra se inaugurará en el Seminario Conciliar, el 13 en Tzacalá, el 27 en Yobaín y el 4 de mayo en Colonia Yucatán.
Su entrega y generosidad impactaban
El trabajo de los misioneros era incansable, dicen
La entrega y la generosidad de la Sociedad de Padres y Hermanos de Maryknoll son cualidades que han servido de ejemplo a diferentes generaciones de sacerdotes diocesanos de Yucatán que tuvieron contacto con los misioneros en parroquias y el Seminario Conciliar.
Entre éstos estuvieron los padres Leo Melancon y Vincent Mallon, profesores, y Richard Clifford, quien fue asesor de la casa de formación en Itzimná.
“Podemos decir de todos los padres de Maryknoll que su entrega y generosidad son un ejemplo. Es admirable su afán y deseo de servir, y aprender las costumbres y el idioma; varios de ellos hablaban maya. Realmente tenían espíritu misionero”, destaca el padre Gilberto Pérez Ceh, rector del Seminario y quien, cuando era prefecto del Menor, coincidió con el padre Richard en actividades del instituto religioso.
Recuerda que a quienes se preparaban para ser sacerdotes el padre Clifford los impactaba por “la sencillez con la que vivía, la generosidad de su servicio y la entrega; era un padre mayor y mantenía la alegría de su vocación”.
Los estudiantes también solían visitar a los misioneros en la iglesia de San Sebastián. “Algunas veces los padres invitaban a un grupo de seminaristas para que fuera a la parroquia y le platicara su experiencia, lo motivara con su testimonio. O nosotros pedíamos ir porque veíamos todo lo que ellos tenían e impactaba. Había un diálogo fraterno”, apunta.
El rector señala que, “cuando se les encomendaba una parroquia, los misioneros tenían como tarea hacer que creciera en lo espiritual, lo pastoral, lo material y también en vocaciones”. Una vez logrado esto “tenían la consigna de devolverla y no quedarse ni con la parroquia ni las vocaciones”.
“Trabajaban de manera incansable y sabían que al final era para la Arquidiócesis”.
El padre Manuel Ceballos García, párroco de Nuestra Señora de Yucatán, era seminarista cuando conoció a los padres Melancon y Mallon, el primero profesor de Lógica, Crítica y Metafísica, y el segundo, de Biblia a los alumnos de Teología.
“Excelente profesor”
El padre Melancon era un “excelente profesor que enseñaba hablando en latín y con dominio de las tesis de Santo Tomás de Aquino en dichas materias”.
“Tuvo un peculiar modo de estar en el salón de clases, porque no solo escribía en la pizarra sino que, con la gis, como no dejaba de hablar, explicando, se ponía a escribir en las paredes; o, también, se subía y se paraba encima del escritorio y, desde allí, moviéndose, bailando, enseñaba complicadas exposiciones del orden filosófico”.
El padre Mallon fue un “profundo conocedor de los libros bíblicos, muy sereno y siempre, a pesar de su edad mayor, se mantuvo actualizado en el campo de la exégesis de los libros de la Sagrada Escritura”.
Entre las vocaciones sacerdotales —diocesanas y de congregaciones— que florecieron en parroquias atendidas por los misioneros de Maryknoll están los monseñores Fabio Martínez Castilla, actualmente obispo de Tuxtla Gutiérrez, y Pedro Mena Díaz, auxiliar de Yucatán, quienes crecieron en Isla Mujeres y Colonia Yucatán, respectivamente.
Asimismo, los padres Santos Villegas Gil (originario de Yaxcabá), Aarón Dzib Cauich (Colonia Yucatán) y César Antonio Segovia Hoil, Alejo Huchim Kumul, Miguel Arcángel Santos Fernández y Marcos Farfán Clemente (los cuatro pertenecientes a la parroquia de San Sebastián).— V.B.M.
