Uno de los principales objetivos al que toda relación humana tiende es propiciar y establecer vínculos profundos y perdurables. Cuando hay relaciones humanas en el horizonte, las palabras paciencia y perseverancia deben estar presentes.
Si bien parecen ser dos conceptos separados, en realidad están interconectados y van de la mano.
La paciencia y la perseverancia son necesarias para que una relación humana sea significativa, es decir, se establezcan entre las personas vínculos profundos y la relación sea perdurable.
Si las personas involucradas en una relación —matrimonial, filial, de noviazgo, fraterna o de amigos— no están dispuestas a ser pacientes y perseverantes a lo largo de toda la relación, lo más probable es que esa relación sea breve —si no fugaz— y de poca y débil calidad humana.
En general, podemos decir que la conexión entre ambas virtudes descansa en que la paciencia crea el ambiente o espacio propicio para que las personas desarrollen un importante recurso y habilidad psicológica: la tolerancia a la frustración, necesaria para posponer la gratificación cuando las cosas no salen como se planearon y evitar las peligrosas decepciones.
La perseverancia, por su parte, es la capacidad de seguir adelante incluso cuando las cosas se ponen difíciles; habla de resistencia, de aferrarse a lo que uno cree sin importar lo que ocurra, habla de resiliencia para reconstruir y seguir de acuerdo con el compromiso original.
Con perseverancia, no se cede ante la pesadez y desánimo de lo que no se logra inmediatamente.
Psicólogo clínico, UVHM. Tutor de Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06. TutorSaludMental
