“No soy fotógrafo artístico. Soy documentalista que retrata los pequeños y grandes acontecimientos de la vida cotidiana”. Así se definió Christian H. Rasmussen, antropólogo y fotógrafo con 50 años de trayectoria, durante el conversatorio que se llevó al cabo ayer por la tarde en la Sala Mayamax del Gran Museo del Mundo Maya, en el marco de su exposición “Álbum personal”, instalada ahí desde diciembre pasado.
Además de la charla, se firmó la entrega en comodato del archivo visual de Rasmussen para su resguardo y consulta pública en la Biblioteca Yucatanense, un gesto que fue reconocido por la titular de Sedeculta, Patricia Martín Briceño, como fundamental para la memoria cultural del Estado.
Antes de iniciarse la charla, la funcionaria, en compañía de Víctor Quijano Durán, director de administración y finanzas de la dependencia, destacó que se trataba de “una jornada muy feliz” y subrayó la relevancia de la obra de Rasmussen, cuya mirada, dijo, ha acompañado a yucatecos por más de cinco décadas.
Asimismo, agradeció al artista por hacer de la entidad su “segunda patria”.
Firmado el convenio, se inició el conversatorio con la participación de Kandy Ruiz González, coordinadora de la Biblioteca Yucatanense, y el historiador y gestor cultural Enrique Martín Briceño.
Ruiz compartió el proceso técnico y humano detrás de la incorporación del archivo, señalando que preservar la memoria cultural “es un proceso dinámico” y una responsabilidad compartida.
El archivo resguardado incluye 11,311 diapositivas, 3,500 fotografías impresas en blanco y negro y a color, 109 casetes con registros de entrevistas, 17 carteles de obra, 24 artículos periodísticos y 372 testigos documentales, con un énfasis en comunidades del pueblo maya, aunque también de otras regiones del país y Latinoamérica.
“Hoy, el Fondo Audiovisual y Sonoro de la Biblioteca Yucatanense es el hogar del archivo fotográfico Rasmussen”, manifestó.
Por su parte, Enrique Martín Briceño celebró que este acervo quede finalmente en un repositorio público y definió el conversatorio como “un homenaje merecido”.
“Este convenio habla del amor de Christian por esta tierra”, subrayó.
Aclaró que Rasmussen no es “un antropólogo ni un fotógrafo común y corriente”, sino “fotógrafo entre los antropólogos y antropólogo entre los fotógrafos”, cuyo trabajo se centra siempre en las personas.
Martín Briceño agregó que la obra de Rasmussen ha revelado aspectos poco visibles del patrimonio cultural y social de Yucatán.
Posteriormente, el fotógrafo tomó la palabra para compartir con imágenes, música y reflexiones su trayectoria de cinco décadas.
Primero, recordó su llegada a México en 1974, su trabajo como antropólogo en la Huasteca Potosina y el proceso que lo llevó a establecerse en Yucatán, donde ha desarrollado la mayor parte de su ejercicio profesional y personal.
Habló también de su relación con Silvia Terán Contreras, a quien nombró como “una guía fundamental en su vida y en su trabajo”.
En cuanto a su práctica fotográfica, explicó que se rige por una ética clara, que consiste en pedir permiso antes de tomar una imagen, un gesto que no solo implica respeto, sino que también le ha permitido entablar conversaciones y acercarse a las personas que retrata.
Aseguró que no se ve como una figura excepcional, más bien habló desde la gratitud por la vida, por la salud, por la cultura que encontró en México y por las personas con las que ha trabajado durante más de medio siglo.
“Pobres, famosos y desconocidos, todos me traen buenos recuerdos cuando vuelvo a ver mis negativos”.— Karla Acosta Castillo
