Año Nuevo simboliza cierre emocional y nuevos comienzos
Año Nuevo simboliza cierre emocional y nuevos comienzos

El inicio del año funciona como un hito simbólico que permite a las personas reorganizarse emocionalmente, ya que el cerebro necesita momentos de “cierre y comienzo” para procesar experiencias y abrir nuevos ciclos, explicó la doctora Patricia Gilí López.

El Año Nuevo representa una oportunidad de renovación, esperanza y sentido de control, especialmente después de realizar una evaluación de lo vivido durante el año anterior, añadió la psicóloga y psicoterapeuta, especialista en salud mental y presidenta del Colegio de Psicólogos del Estado de Yucatán, A.C., durante el período 2019-2023.

De acuerdo con estudios en psicología motivacional, estos momentos activan la autoeficacia, entendida como la creencia de que las personas son capaces de cambiar y mejorar su vida, señaló al referirse al tema de los propósitos de Año Nuevo.

Los propósitos más frecuentes suelen estar relacionados con bajar de peso, hacer ejercicio, mejorar la alimentación, ahorrar, pagar deudas, incrementar los ingresos, viajar y dedicar más tiempo a la familia. Estas tendencias, precisó, se sustentan en lo que observa en consulta mediante un ejercicio terapéutico denominado Vision Board, en el que las personas representan visualmente sus metas y deseos, lo que permite identificar con mayor claridad sus prioridades emocionales y proyectos de vida.

Clave para concretarlos

La especialista ofreció diversas recomendaciones para cumplir los propósitos establecidos al inicio del año. Desde la psicoterapia, explicó, la clave no se encuentra en la fuerza de voluntad, sino en la estructura emocional y conductual que se construye alrededor de las metas.

Entre las recomendaciones mencionó:

Plantear metas realistas y alcanzables, no ideales.

Dividir los propósitos en pequeños pasos medibles y concretos.

Trabajar la motivación interna y no únicamente la presión social.

Revisar si el propósito responde a un deseo propio o a una exigencia externa. “Cuando una persona comprende para qué desea realizar un cambio, aumenta de manera significativa la probabilidad de sostenerlo en el tiempo”, subrayó la doctora Gilí López.

La especialista explicó que existe un grupo poblacional en el que es más frecuente la formulación de estos propósitos. Se trata principalmente de personas adultas jóvenes y de mediana edad, en especial aquellas que atraviesan cambios vitales como separaciones, duelos, maternidad, procesos de migración o reajustes laborales.

Asimismo, señaló que este fenómeno también es común en personas que han vivido un año emocionalmente difícil y buscan reparar o compensar sus experiencias a partir del inicio de un nuevo año. En la consulta, añadió, los propósitos suelen reflejar necesidades emocionales no atendidas.

La especialista afirmó que el incumplimiento de los propósitos de Año Nuevo puede generar reacciones emocionales desfavorables. “No lograrlos puede derivar en frustración, culpa, baja autoestima y sentimientos de fracaso personal”.

Aclaró que el problema no radica en no alcanzar la meta, sino en la autoexigencia y el diálogo interno castigador que muchas personas desarrollan. Desde la psicoterapia, dijo, se trabaja en sustituir la idea de “fallé” por la de “estoy en proceso”, entendiendo que el crecimiento personal no es lineal.

Destacó que el inicio de un año no debe concebirse como una lista de exigencias, sino como una oportunidad para escucharse con mayor compasión. “Cambiar”, puntualizó la psicóloga, “no siempre significa hacer más, sino en ocasiones tratarse mejor”. Cuando un propósito surge desde el autocuidado y no desde la culpa o la presión social, representa un avance significativo hacia la salud mental y el bienestar integral.— CLAUDIA IVONNE SIERRA MEDINA

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