En el año 2003 Dan Brown publicó la novela “El Código Da Vinci”, una obra controvertida en la que se postulaba la existencia en la actualidad de un heredero directo de Jesús. El libro despertó muchas críticas por contener errores históricos y geográficos, por solo mencionar algunos. La Iglesia Católica manifestó con energía el rechazo a la novela por las implicaciones teológicas de su trama.
La participación de Leonardo da Vinci en la novela era colateral, toda vez que en la trama se discute la presencia de María Magdalena junto a Jesús en la pintura “La Última Cena”, obra maestra del pintor florentino.
Recientemente han aparecido evidencias de otro “código” relacionado de manera más directa con Da Vinci: su ADN. Leonardo murió en el Castillo de Clos-Lucé, en Amboise, Francia, el 2 de mayo de 1519. Fue enterrado en la iglesia de San Huberto, dentro del castillo.
Durante la Revolución Francesa, la iglesia fue desmantelada y se perdieron muchos de los restos y la estructura. A finales del siglo XIX, se realizó una reconstrucción, y en 1863, sus presuntos restos fueron finalmente trasladados a una tumba más elaborada.
Es por esto que la ciencia moderna no ha podido hacer estudios de su ADN.
Recientemente un grupo de científicos trabajando en el proyecto “El ADN de Leonardo da Vinci” presentaron los resultados de una década de trabajo. Encontraron material genético impregnado en el dibujo “El niño santo”, de alrededor de 1480.
Coincidencias
Una secuencia del cromosoma Y encontrado tiene coincidencias con el material genético de una carta escrita por un primo de Leonardo. Ambos pertenecen a un grupo genético de personas que comparten un ancestro común en la Toscana. Los resultados obviamente no son conclusivos. Sin embargo, señalan los autores del trabajo, recientemente identificaron algunos descendientes vivos del padre de Leonardo, con los cuales podría encontrarse conclusiones más contundentes.
Estos resultados podrían ser utilizados en la autenticación certera de obras de artes, así como en la explicación de la maravillosa capacidad de Leonado de observar los fluidos turbulentos. Aparentemente Leonardo podía percibir movimientos más rápidos que la mayoría de los humanos. La explicación de esta virtud podría estar en su ADN.
Investigador del Cephcis de la UNAM.
