El ambiente en la sala del tribunal de Aviñón en diciembre de 2024 se iba tornando intenso con una inmensa atmósfera emocional y mediática.

La historia que pareciera sacada de una película de terror comienza en 2020, cuando el cónyuge de Gisèle Pelicot, Dominique, fue arrestado por un delito menor al ser sorprendido en un supermercado grabando por debajo de las faldas de algunas mujeres.

Sin embargo, la investigación posterior reveló una verdad mucho más oscura: Gisèle había sido víctima de un abuso sistemático y prolongado, orquestado por su propio esposo, quien la había drogado sin su conocimiento ni aprobación y permitió que otros hombres la violentaran sexualmente estando ella incapacitada, modus operandi que llevó al cabo por más de una década recurriendo a la sumisión química. Renunciando a su derecho al anonimato( secreto de identidad), Gisèle Pelicot sentó precedente al convertir su caso en un asunto social y judicial y no personal, obligando a los agresores a enfrentarse a las humillaciones que usualmente recaen en la víctima.

A sus 72 años, en compañía de sus hijos, activistas y su abogado, encaró a sus abusadores haciendo suya la frase de la abogada feminista Gisèle Halimi: “La vergüenza debe cambiar de bando”. Durante un juicio de más de cuatro meses, 51 acusados, incluidos el exesposo, comparecieron ante el jurado siendo declarados todos culpables y condenados a diferentes penas según su implicación y los cargos.

Gisèle Pelicot ha dejado un legado significativo, generando un debate nacional en Francia sobre las leyes de consentimiento y ha inspirado a otras víctimas a hablar sobre sus experiencias. Ha sido reconocida como una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista “Time”, siendo condecorada con la Legión de Honor en su país.

Su valentía y determinación han llevado a una mayor conciencia, inspirando a futuras generaciones a no quedarse callados y alzar la voz.

En México, Yucatán ha sido un parteaguas en la política nacional, siendo pionero en la creación de leyes a favor de la mujer. La lucha empezó en enero de 1916 con el Primer Congreso Feminista en Mérida, donde se discutieron temas como la educación, la participación política y la igualdad de género. Pioneras como Elvia Carrillo Puerto, Rita Cetina Gutiérrez, Rosa Torre González, Beatriz Peniche Barrera y Raquel Dzib Cicero pusieron las bases impulsando el voto femenino, la igualdad de derechos y la educación, en momentos históricos desfavorables donde su intervención en cualquier ámbito que no fuese el hogar era mal vista y rechazada.

Es por eso que es nuestra obligación mantenernos a la vanguardia en materia no solo de legislación, sino de impulsar su cumplimiento y denunciando cuando esto no suceda. Basta del temor “al que dirán”, que se preocupen los violentadores, los manipuladores, los deudores alimentarios, los que mienten, los que se muestran como “sepulcros blanqueados” y todos aquellos que la ley tiene que obligar a cumplir lo que moralmente les corresponde.

Que sean ellos los que tengan que agachar la cabeza. Seamos la voz activa para que la “vergüenza cambie de la bando”. Por las que fueron, somos y serán, tomemos acción con urgencia para que este sitio donde hemos crecido continúe teniendo los valores y la fuerza que nos permita seguirla llamando con orgullo la “muy Noble y Leal” y no llegue al extremo de convertirse, junto con nuestro, entorno en la “muy doble moral” ciudad de Mérida.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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