La Secretaría de Educación —desde la primera infancia— está buscando redefinir el concepto de identidad de la persona humana negando la naturaleza binaria de los seres vivos. Pretende, así, rehacer la taxonomía de la identidad humana, es decir, clasificar de manera diferente los componentes —naturales— que definen al ser humano.
¿Cómo está operando? Utiliza como punta de lanza a una ideología que separa el sexo biológico de la identidad de género, introduciendo conceptos como “sexo percibido o sentido”. Esto significa que la identidad sexual se reduce a un “sentimiento de bienestar subjetivo”, y siendo el bienestar subjetivo el criterio que establece las reglas, ya nada puede ser calificado como “objetivamente” perjudicial o nocivo.
Esto lleva a afirmar, además, que el género es un constructo dinámico que puede cambiar o ser modificado de acuerdo al tiempo o al contexto que se viva, siendo la única norma o criterio a seguir el gusto o preferencia subjetivos. Esto coloca a la transexualidad como una de las posibles consecuencias de dicho proceso de cambio.
¿Cuál es el resultado? Si tomamos en cuenta que las normas objetivas tienen una función natural y que no son imposiciones arbitrarias, sino mecanismos evolutivos y sociológicos necesarios para la supervivencia y el desarrollo de la especie, podremos entender la gran confusión en lo que a la identidad de género se refiere.
Hoy hay listas de 12, 25 y hasta de 114 identidades de género diferentes. Donde la única regla es la percepción o preferencia subjetivas.
Continuará…
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