Jesús Gerardo Puga Salazar, misionero de la Infancia de Jesús, dirige una alabanza en el Congreso de Sanación del Divino Niño Jesús, ayer
Jesús Gerardo Puga Salazar, misionero de la Infancia de Jesús, dirige una alabanza en el Congreso de Sanación del Divino Niño Jesús, ayer

Con un llamado directo al corazón de los fieles, ayer arrancó el Congreso de Sanación del Divino Niño Jesús en el Foro Cine Colón, donde decenas de personas se congregaron para participar en una jornada marcada por la oración y la alabanza.

El programa se inició con la coronilla al Divino Niño Jesús, seguida de una alabanza festiva y la asamblea de oración a cargo del grupo Carisma Joven, que animó a los asistentes a disponerse espiritualmente para la primera enseñanza.

Luego se presentó la ponencia “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados”, por el misionero de la Infancia de Jesús Gerardo Puga Salazar, coordinador del congreso.

“Es el primer mensaje que Jesús quiere darte a ti que has venido a este congreso. Ven a mí”, expresó ante un auditorio atento. A partir de ahí, su reflexión giró en torno a las cargas que cada persona lleva en el corazón.

“Algunos han perdido un ser querido o deben cuidar a una persona discapacitada o limitada. Algunos han sufrido un divorcio, una separación. Otros ansían un matrimonio eterno”, dijo.

En su intervención, describió distintas realidades que lastiman el interior del ser humano, como adicciones, enfermedades físicas y mentales, sentimientos de ineptitud y luchas personales que minan la estabilidad.

A lo largo de su exposición, recordó que los Evangelios están llenos de relatos de sanación. “Las Escrituras, hermanos, contienen innumerables relatos donde Jesús sanó a los que llevaban cargas pesadas. Él hizo que el sordo oyera, que el paralítico, el atrofiado o el mutilado fuesen restablecidos. Ese mismo Jesús que hoy los ha congregado aquí hizo que los leprosos fueran limpios y que los espíritus inmundos fueran arrojados al abismo”.

Subrayó que la sanación que Cristo ofrece no se limita al cuerpo. “Jesús sanó a muchas personas de enfermedades físicas, pero no negó tampoco la curación a aquellos que buscaban ser sanados de algo interior (…) Antes que cualquier sanación física, Jesús quiere también sanar tu corazón”.

Para el misionero, uno de los grandes errores de los creyentes es asumir plenamente la salvación. “Hay católicos a los que se les olvida que nosotros hemos sido salvados por Jesús. Se nos olvida a veces que el Señor ya nos ha rescatado con su sangre preciosa, pero ¿qué es lo que pasa? Que nosotros simplemente no podemos tomar parte de esa salvación porque no nos abrimos a ella, porque nuestro corazón está cerrado, está lastimado y está dañado a causa de las heridas interiores”.

“Es importante que vayamos reconociendo cuáles son las heridas interiores que hay en nuestro corazón y pidamos al Señor que por su sangre preciosa, si es su voluntad, las sane”.

Para explicar cómo surgen esas dolencias del alma, enumeró distintas “raíces” de las enfermedades espirituales y emocionales. La primera, indicó, son las palabras que otros pronuncian. “Los que son papás, abuelos, mucho cuidado con lo que le dicen a sus hijos. Cuando te dicen: ‘Eres un estúpido, eres un bruto, eres un idiota, nada haces bien, no tienes remedio, no sirves para nada, eres un inútil’… son palabras que van creando pequeñas ranuras en nuestro corazón, que si no son sanadas con el perdón y el afecto pueden traer grandes consecuencias”.

También advirtió sobre las palabras que uno mismo se dice. “Muchas veces decimos cosas negativas de nosotros mismos y maldecimos nuestro futuro sin darnos cuenta. Y no pensamos que con el diablo no se juega. Y todo lo que dicen él lo toma en serio y se encarga de ejecutarlo”.

Otra raíz, explicó, son las experiencias dolorosas no resueltas: “Mucha gente tiene en sus recuerdos acontecimientos negativos y difíciles. Y sigue viviendo ese pasado en el presente”.

Afirmó que “Dios sana por dos caminos, la oración y la medicina. Dios sana las enfermedades espirituales con la oración y la Eucaristía”.

El predicador llamó a fortalecer la vida interior. “¿Cuánto tiempo dedicas a la oración al día? El Señor no te está preguntando cantidad, sino calidad. ¿Qué tanto vives tú la misa? ¿Qué tanto tú participas en la misa?”.

En la parte final de su ponencia, exhortó a colocar a Dios en el lugar que le corresponde. “Hay que darle su lugar a Dios como lo que es. Cuando el hombre pone en el lugar que le corresponde a Dios es cuando comienza a experimentar en la oración la gracia de la paz, la fortaleza y la perseverancia”.

Y advirtió: “Ojo, a veces pedimos sanación espiritual, sanación física, pero Dios te va a sanar de otra manera. Te va a sanar con fortaleza, esperanza, consuelo”.

La jornada sabatina incluyó también una oración de sanación interior y una Hora Santa dirigida por el predicador y cantautor Abimelec, en un ambiente de recogimiento y cantos que se prolongó hasta la tarde.

El Congreso de Sanación del Divino Niño Jesús concluye hoy domingo en el mismo Foro. Las actividades comenzarán a las 9 de la mañana con alabanzas, seguidas de la Novena del Divino Niño Jesús. A las 11:45 está programada la plática “El nombre de Jesús tiene poder”, a cargo de Jorge Rivera; a las 12:30, la Hora Santa, y a las 2:30 de la tarde, el padre Alejandro Aguayo Escalante impartirá la misa carismática con la que se cerrará el encuentro.— IVÁN CANUL EK

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