Pese a que no se le ha dado la importancia que amerita, la falta de confianza se ha convertido en uno de los problemas más agudos de México y el resto de países de América Latina; y un obstáculo para el crecimiento económico.
Según nuevo estudio del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), Latinoamérica es la región del mundo con mayores niveles de desconfianza: el 90% de la población, más del 82% en el caso de nuestro país, desconfía de todo y de todos —gobiernos, congresos, empresas, sindicatos, del prójimo en general—, una cuarta parte de los niveles registrados en países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Esta falta de confianza tiene graves consecuencias económicas y políticas que impactan en toda la sociedad: reduce el crecimiento y la innovación, debilita la cohesión social, contribuye a aumentar el nivel de informalidad y la reticencia de las personas y las empresas a obedecer las leyes, pagar los impuestos y cumplir las regulaciones, señala el informe, que llama a promover la transparencia y fortalecer las instituciones como prioridad de la agenda política.
Elemento corrosivo
“La confianza dentro de las organizaciones del sector privado y público es esencial para la colaboración y la innovación. La desconfianza distorsiona la toma de decisiones democrática. Impide que los ciudadanos exijan mejores servicios públicos e infraestructura, y que se unan entre sí para controlar la corrupción; asimismo, reduce sus incentivos para hacer sacrificios colectivos que benefician a todos”.
El reporte, titulado “Confianza: la clave para la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe”, analiza el escepticismo de los ciudadanos desde varias perspectivas y describe sus corrosivos impactos en prácticamente todos los ámbitos: economía, innovación y transformación digital, efectividad de las políticas públicas, construcción de ciudadanía… y documenta cómo los países con mayor confianza tienden a gozar de mayores niveles de productividad.
¿Qué es la confianza para la economía?

Para los editores del estudio —Philip Keefer y Carlos Scartascini—, “la confianza es la creencia de que los otros no actuarán de manera oportunista. No harán promesas que no pueden cumplir, no renegarán de las promesas que sí pueden cumplir ni transgredirán las normas para aprovecharse de otras personas que las respetan”.
“En pocas palabras, la confianza es la fe en los demás: en su honestidad, fiabilidad y buena voluntad. Las personas confiables hacen promesas que pueden cumplir, no se desentienden de ellas y no transgreden las normas sociales. La conducta oportunista es una amenaza persistente en todas partes”.
Ciudadanos no confían en el gobierno
Un tema clave del libro es la interacción de la confianza interpersonal (o generalizada) y la confianza en el gobierno; dos dimensiones de la confianza que suelen ser tratadas por separado.
“Los funcionarios públicos, al igual que las personas en general, tienen más probabilidades de actuar de manera oportunista —de forma no confiable— cuando no están obligados a rendir cuentas de su accionar. Las grandes asimetrías en términos de información —los ciudadanos tienen dificultades para evaluar independientemente la labor del gobierno— y poder coercitivo —los ciudadanos están obligados a obedecer las reglas establecidas por el gobierno— facilitan el hecho de que los políticos puedan actuar de forma oportunista”.
Esto ha llevado a que en la región menos de tres de cada 10 ciudadanos confíen en su gobierno. Aunque este es un problema mundial, es mucho mayor en América Latina, señala el documento y asegura que las instituciones desempeñan un rol clave para ayudar a los ciudadanos a exigir que los gobiernos rindan cuentas.
Mejores servicios, pero desconfían en la inversión
La falta de confianza y los vínculos débiles de ciudadanía conspiran contra la acción colectiva de la población. Aunque toda la comunidad vive mejor con políticas que promueven el crecimiento, individualmente cada persona busca cómo evadirlas, quisiera disfrutar de los beneficios de la infraestructura, del cumplimiento tributario y de la educación sin pagar la parte que le corresponde de los costos de estas políticas.
En otras palabras, la gente quiere mejores servicios, pero se resiste a financiar políticas públicas para obtenerlos, prefiere los programas gubernamentales que entregan beneficios inmediatos sobre el gasto que tienen los beneficios a largo plazo, como la educación o la infraestructura, lo que “perjudica el crecimiento y la productividad”.
La educación es precisamente la base de la confianza, destaca el documento. “Las personas con mayor nivel educativo son más capaces de discernir mejor entre mala suerte y mal gobierno”.
Gobiernos
Los gobiernos que no gozan de confianza reducen los incentivos de las empresas para emplear, invertir e innovar. “Promover la confianza mediante una mayor transparencia e instituciones más sólidas debería ser una prioridad”.
