Fue hacia 1870, en Inglaterra, cuando se puso en servicio el primer semáforo vial, un artefacto colocado en un poste y accionado mecánicamente con dos tablas que se hacían visibles de manera alternada, una indicando a los carruajes detenerse y la otra dándoles el paso.
Los primeros semáforos eléctricos que funcionaban con luces rojas y verdes comenzaron a operar en las principales ciudades de Estados Unidos en 1920.
En ambos casos el creciente aforo de vehículos en las calle dio por resultado la instalación de estos dispositivos cuya función es regular, de manera segura, el tránsito de esos vehículos, evitar accidentes y que guiadores, pasajeros o transeúntes pudieran lastimarse.
Los semáforos no han sido ajenos al avance de la tecnología: hoy día no solo cuentan con sistemas lumínicos led y operan tres colores (se incorporó el color ámbar como luz preventiva entre el verde y el rojo), también son catalogados como “inteligentes” pudiendo analizar los flujos viales y adaptarse a los mismos para procurar mayor agilidad en las calles o avenidas que presentan mayor carga vehicular.
Cultura vial debe anteceder a los semáforos
Ya pasaron más de 150 años de la aparición del primer semáforo y dos cosas que han quedado claras hasta la fecha son: primero, que de nada sirven estos dispositivos si los guiadores y peatones no tiene una cultura vial responsable y arraigada.
Segundo, el aumento del parque vehicular que utiliza las vialidades hace más compleja la operación de los mismos.
Las sistemáticas violaciones a las señales de tránsito, disposiciones generales de circulación de vehículos y algunos vicios de los guiadores que consciente o inconscientemente cometen, sumado a la gran cantidad de vehículos que circulan todos los días, son algunas de las principales causas por las cuales muchas veces los semáforos no pueden cumplir en forma eficiente su labor.
Problemas en Mérida por los semáforos, con muchos factores
Lauro Ariel Alonso Salomón, ingeniero civil y catedrático del Laboratorio de Geotecnia y Vías Terrestres de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Autónoma de Yucatán, considera que los problemas viales que hoy enfrenta Mérida tienen origen en muchos factores más allá de la operación de la red de semáforos de la capital yucateca.
Para el especialista, Mérida ha sido una ciudad que ha crecido exponencialmente, más población y más vehículos.
El diseño de las vialidades ha visto superada su planificación más pronto de lo esperado y, por si fuera poco, la falta de una cultura vial entre quienes circulan por estas calles tampoco abona a solucionar el problema de los congestionamientos.
“En Mérida los primeros semáforos se instalaron en los años 60, principalmente en el centro de la ciudad, el cual aglutinaba casi todas las actividades cotidianas de la población. Mercados, tiendas, bancos, oficinas de gobierno, pero no había estacionamientos”.
“Todo estaba en el centro de la ciudad y en esos años ya comenzaba a darse un significativo aumento en el número de automóviles y autobuses urbanos que transitaban por sus calles”, recordó.
“Con el paso de los años la red de semáforos se extendió a las principales avenidas y vialidades de la ciudad; entonces los semáforos funcionaban con sistemas mecánicos activados por reloj y utilizaban luces incandescentes (focos)”.
“El principal problema de estos semáforos era que cuando se registraba un apagón o corte de energía, al reactivarse por lo general perdían la sincronía respecto a los semáforos de otros sectores, lo que provocaba algunos inconvenientes para los guiadores mientras las autoridades no corrigieran el desfase”, comenta.
Expansión de los espacios en Mérida
No fue sino hacia la década de los 90 cuando la ciudad empezó a extenderse hacia afuera, a las inmediaciones del Anillo Periférico, razón por la cual éste fue sometido en los últimos 30 años a dos modernizaciones.
Una fue cuando pasó a dos cuerpos de dos carriles y otra la ampliación a tres carriles de cada cuerpo con la incorporación de pasos a desnivel o distribuidores viales. Universidades, centros comerciales, tiendas, supermercados, restaurantes, servicios, etcétera, todo emigró del centro de Mérida.
A esto se suma un exponencial crecimiento de la población en la capital, derivada de la gran cantidad de personas que llegan de otros estados de la República e incluso del extranjero, a radicar a la capital yucateca, atraídos entre otras cosas por los altos índices de seguridad que la entidad ofrece.
Se calcula que cada año unas 70,000 personas llegan a radicar a Mérida.
A mayor población, mayores distancias y a mayores distancias mayor la necesidad de contar con vehículo propio; facilidades para la adquisición de automotores, nuevos o usados, hacen que muchas personas cuenten con auto propio y esta fórmula se hace evidente por las calles de Mérida: hay mucho tránsito a cualquier hora.
“Los semáforos hoy día son más avanzados, sus componentes son distintos y ya no utilizan elementos mecánicos, ahora son hasta inteligentes, pueden adaptarse a las condiciones prevalentes del tránsito vehicular al momento”.
“Pero”, explicó, “habría que entender que no basta que el semáforo sea inteligente, antes que nada los guiadores deben poseer una cultura vial con apego a las disposiciones de tránsito y un manejo más responsable y empático”.
Las “horas pico” son auténticas pruebas a la paciencia de los conductores.
Según el ingeniero Alonso Salomón, un semáforo no sirve de nada cuando uno o más guiadores obstaculizan una intersección porque aún con la luz verde no hay espacio para avanzar hacia el frente; un semáforo no es útil cuando alguien se da una vuelta prohibida o bloquea un carril porque está estacionado en un lugar prohibido.
Una conducción más responsable, amable y empática, anticiparse a lo que pueda venir y salir con tiempo al destino es otra forma de evitar accidentes, y esto no depende de los semáforos.
