En la Península de Yucatán las enfermedades que se transmiten de animales a humanos, conocidas como zoonosis, y la presencia de plagas como el gusano barrenador del ganado mantienen en alerta tanto a las autoridades de salud como al gremio veterinario.
Aunque en la entidad se ha avanzado en campañas de vacunación y control vectorial, persisten retos en materia de recursos, formación y exposición ambiental que ponen a prueba la capacidad de respuesta del estado.
De acuerdo con el zootecnista Alberto Miranda, la región se enfrenta a zoonosis que, siguen presentes.
Entre ellas destacan el mal de Chagas, transmitido por chinches triatominas; la leishmaniasis cutánea, ligada a la selva y a reservorios silvestres; la leptospirosis, que aumenta en épocas de lluvias e inundaciones; y las rickettsiosis, asociadas a garrapatas en animales domésticos.
A ello se suma la toxoplasmosis, que circula silenciosa en comunidades rurales y urbanas, y la vigilancia constante contra la rabia, donde las campañas anuales de vacunación canina y felina han mantenido a raya los casos humanos.
El control de estas enfermedades recae en la estrategia de “Una sola salud” (One Health), que busca integrar la labor de médicos, veterinarios y autoridades ambientales.
El especialista señala que en municipios del interior aún se detectan brechas en el diagnóstico y seguimiento de casos.
En este panorama, asegura el doctor Miranda, una de las preocupaciones más recientes es la reaparición del gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax), detectado de nuevo en países vecinos y bajo estricta vigilancia en México.
Esta plaga, considerada erradicada en gran parte del continente gracias a campañas binacionales, representa un grave riesgo para la ganadería y la salud pública, pues las larvas invaden tejidos vivos de animales y, en casos excepcionales, de personas.
Inspecciones
El especialista refiere que en Yucatán, donde la producción pecuaria es una gran parte del motor económico, autoridades y productores se mantienen atentos.
El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) ha reforzado los puntos de inspección y exhorta a ganaderos y médicos veterinarios a reportar de inmediato cualquier caso sospechoso.
Un brote en la región no solo afectaría al hato local, sino que tendría repercusiones en las exportaciones de carne y en la economía de muchas familias.
Respecto a la reducción de riesgos en este tipo de enfermedades, las estrategias incluyen campañas masivas de vacunación antirrábica de perros y gatos, liberación de mosquitos portadores de Wolbachia en proyectos piloto para frenar la transmisión del dengue, y programas de educación comunitaria sobre higiene y manejo de animales de granja.
Además, brigadas de salud vigilan casos humanos sospechosos y se coordinan con laboratorios universitarios y privados en Mérida para confirmar diagnósticos.
El combate al gusano barrenador forma parte de un programa nacional de vigilancia que coordina Senasica junto con los comités de sanidad pecuaria.
Las acciones abarcan también la instalación de trampas para moscas en zonas estratégicas, brigadas de inspección en ranchos y mataderos, así como campañas de sensibilización a ganaderos para que identifiquen lesiones sospechosas en sus animales y las reporten de inmediato.
De acuerdo con el experto, el acceso a estas medidas no siempre es equitativo. En comunidades apartadas del interior del estado los tiempos de respuesta y la disponibilidad de vacunas o insumos veterinarios son más limitados.
Parte de las dificultades a las que se enfrenta el gremio veterinario en el estado son la escasez de medicamentos especializados, trabas en el registro e importación de fármacos y altos costos de insumos que muchas veces deben adquirirse en el mercado privado.
A esto se suma la falta de oferta suficiente en formación continua especializada, particularmente en áreas como epidemiología de fauna silvestre y diagnóstico molecular.
“Los profesionales capacitados existen, pero no siempre tenemos acceso a los recursos que requieren para dar respuesta inmediata”, señaló el veterinario.
A la lista de desafíos se añade el uso intensivo de plaguicidas en zonas agrícolas de la entidad.
Ya que los residuos de agroquímicos en aguas subterráneas y en la sangre de habitantes, en animales domésticos y de granja la exposición puede provocar daños neurológicos, problemas reproductivos y supresión del sistema inmune, aumentando la vulnerabilidad a enfermedades infecciosas.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
Zoonosis Campo
El zootecnista Alberto Miranda advierte de la falta de insumos para atender brotes zoonóticos en las comunidades alejadas.
Transmisión bacteriana
“Un animal debilitado por pesticidas es más susceptible a portar y transmitir bacterias o parásitos que luego alcanzan a las personas”, señalan investigadores de la Uady que estudian los impactos ambientales y de salud de estas prácticas.
Cooperación
El doctor Miranda insiste en que es vital la colaboración comunitaria, reportar casos sospechosos, participar en campañas de vacunación y reducir el uso de químicos peligrosos en cultivos. En un territorio donde la biodiversidad y la producción agropecuaria conviven estrechamente con la vida humana, el equilibrio sanitario es frágil.
Contención
El reto para Yucatán no solo es contener las enfermedades zoonóticas conocidas, sino también blindarse contra plagas emergentes como el gusano barrenador, cuya sola mención revive la memoria de brotes devastadores en décadas pasadas.
