El uso de la bicicleta como medio de transporte gana presencia en Mérida, tanto para acudir al trabajo o a la escuela como para realizar actividades cotidianas. Este crecimiento, sin embargo, abre el debate sobre qué tan segura resulta la ciudad para quienes se desplazan sobre dos ruedas.
La percepción de inseguridad es compartida por especialistas y activistas en movilidad. Everardo Flores Gómez, presidente de la Asociación Civil Cicloturistas y conocido como “el alcalde de la bicicleta de Mérida”, así como Caro Acosta, creadora del programa Bicicleta Mi Amor y ciclista urbana desde hace 12 años, coinciden en que los principales riesgos no están solo en la falta de infraestructura, sino en la ausencia de una política integral de seguridad vial.
Caro Acosta advierte que el incumplimiento de los límites de velocidad representa uno de los mayores peligros. Señala que el problema no se reduce al deterioro de las ciclovías, sino a la falta de coordinación entre el gobierno del Estado y el Ayuntamiento en materia de seguridad vial. Recuerda que el uso de la bicicleta y el triciclo tiene un arraigo histórico en Yucatán desde el siglo XIX y subraya que se trata de vehículos que trasladan vidas humanas.
Sin adecuada gestión de velocidad
Por su parte, Everardo Flores señala que ciclistas y peatones conforman el grupo más vulnerable en la vía pública, debido a que en Mérida no existe una adecuada gestión de la velocidad. Basta, dice, recorrer distintas calles para observar la falta de vigilancia y la normalización del exceso de velocidad, incluso en zonas donde no está permitido. Recuerda que años atrás eran más comunes los operativos de control, especialmente en el periférico.
Ambos coinciden en que la ciudad carece de una red continua de ciclovías. Aunque existen tramos aislados, estos no permiten desplazamientos seguros de un punto a otro. Caro Acosta añade que la infraestructura existente no ha crecido y, en algunos casos, ha disminuido por la falta de mantenimiento. Más de la mitad de los aproximadamente 70 kilómetros presenta desgaste, acumulación de basura, problemas de drenaje e invasión por vehículos estacionados.
Flores también señala la ocupación constante de ciclovías en avenidas como Canek, Francisco de Montejo y Paseo de Montejo, así como la falta de un reglamento que haga operativa la Ley de Movilidad. Ambos activistas coinciden en que es urgente priorizar la vida humana y reforzar la vigilancia, la inversión y la educación vial.
