Los rescates de perros y gatos en la ciudad se han vuelto cada vez más frecuentes. Todos los días, en diversos grupos de redes sociales, se difunden llamados de auxilio para brindar atención a animales en situación de abandono, maltrato o riesgo, ya sea mediante la participación de la comunidad o a través de rescatistas independientes.

Ante este panorama, surge la interrogante sobre la efectividad de estos rescates y la situación actual de los refugios.

En este contexto, Sofía Barriga Serrano, rescatista y propietaria del refugio Las Huellitas de Sofi, señaló que uno de los principales retos es la desinformación que persiste en torno a la adopción responsable. Indicó que, al menos en Yucatán, continúan vigentes diversas creencias erróneas que dificultan que los animales encuentren un hogar definitivo.

Como ejemplo, mencionó la idea de que los perros grandes no pueden vivir en casas consideradas “pequeñas”, cuando en realidad la mayoría de las viviendas son de tamaño mediano y pueden ofrecer condiciones adecuadas para cualquier perro. Aclaró que el espacio no es el único factor determinante para el bienestar del animal.

La rescatista explicó que también persiste la creencia de que contar con un patio amplio es suficiente para garantizar una buena calidad de vida, sin tomar en cuenta la necesidad de paseos y actividades fuera del hogar.

Esta percepción influye en que muchas familias opten por adoptar perros pequeños, bajo la idea de que un patio mediano es suficiente y que no requieren salir a caminar.

Desde un perro miniatura hasta uno de talla grande necesitan paseos, salidas y estimulación física y mental, ya que ninguna mascota es feliz estando únicamente en el patio o dentro de casa.

Otro de los factores que inciden en los procesos de adopción es el aspecto económico.

Sofía Barriga explicó que los bajos sueldos y el costo de la manutención representan un obstáculo importante, ya que tener una mascota implica gastos en consultas veterinarias, vacunas, alimento y cuidados generales, lo que supone una inversión constante que no todas las personas pueden asumir.

Hasta 10 años sin adopción

Respecto al tiempo que los animales permanecen en los refugios, se ha documentado que algunos pueden pasar hasta diez años o más sin ser adoptados.

Tal es el caso de varios rescates a cargo de Aida María Ruz Alonso, rescatista independiente, quien actualmente alberga a 42 perros.

Por lo general, detalló, los primeros en encontrar hogar son los cachorros o los perros de talla pequeña, mientras que los adultos suelen permanecer largos períodos sin recibir solicitudes de adopción.

Una situación similar se presenta en el albergue de Sofía Barriga, donde alrededor de 10 animales llevan aproximadamente cuatro años sin ser adoptados.

La rescatista explicó que, al establecer requisitos básicos y condiciones de tenencia responsable, muchas personas interesadas deciden no continuar con el proceso.

Este escenario también se repite en el albergue de Aida Ruz, donde en diversas ocasiones las viviendas no cumplen con lo solicitado, como contar con bardas adecuadas, lo que impide concretar las adopciones.

Ambas rescatistas coincidieron en que, en ocasiones, se considera que una adopción está prácticamente asegurada; sin embargo, conforme avanza el proceso, este no se concluye. Señalaron que algunos adoptantes devuelven a los animales argumentando falta de adaptación, aun cuando solo han transcurrido algunos días. También mencionaron que muchas personas que rentan casas o departamentos no tienen permitido contar con mascotas, lo que deriva en la devolución de los animales a los refugios.

De igual manera, Sofía Barriga comentó que en varias ocasiones ha tenido que retirar animales que ya habían sido adoptados, debido a que las condiciones en las que vivían no eran las adecuadas, ya fuera por falta de atención veterinaria o por una alimentación deficiente.

Aida Ruz relató que, en una visita de verificación, detectó que una vivienda no contaba con bardas completas y colindaba con un domicilio donde vivían personas consideradas de riesgo, por lo que decidió no dejar al perro al determinar que estaría expuesto a un peligro constante.

En cuanto a la capacidad de los refugios, ambas rescatistas señalaron que actualmente están al límite.

Además, enfrentan altos gastos en alimentación y atención veterinaria, ya que muchos animales llegan con heridas o en malas condiciones de salud.

Sofía Barriga explicó que, ante la falta de espacio, en su albergue ha tenido que evitar nuevos rescates, ya que cada ingreso requiere un período de cuarentena para el descarte de enfermedades, así como procesos de limpieza y eliminación de pulgas y garrapatas.

Por su parte, Aida Ruz indicó que también ha tenido que descartar rescates por falta de espacio. Mencionó el caso de un perro que deambula por el centro de la ciudad y posteriormente por Paseo de Montejo, al que acude a alimentar de manera regular, aunque lamentó que nadie más haya querido brindarle apoyo. Señaló que, a pesar de su deseo de ayudarlo, enfrenta múltiples limitaciones para hacerlo.

Ambas coincidieron en que la saturación de los refugios está directamente relacionada con la falta de conciencia sobre la esterilización, e indicaron que aún no se comprende plenamente que esta práctica es fundamental para el bienestar animal y para el control de las poblaciones ferales.