Un total de 31 investigadores del Conacyt afrontan una demanda de la Fiscalía General (FGR)

Califican denuncia como “absurda y desproporcionada”

CIUDAD DE MÉXICO.— Tras darse a conocer la cruzada de la Fiscalía contra un grupo de investigadores del Conacyt, académicos de la UAM y del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) exigieron el cese de las amenazas para los señalados. “Estas acusaciones contra 31 miembros de la colectividad académica nacional, entre los cuales se encuentra nuestro colega y exdirector, el doctor Enrique Cabrero Mendoza, son simplemente inaceptables, por lo cual demandamos el desistimiento de las autoridades de esta pretensión desproporcionada y absurda”, expresó el CIDE por escrito.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador también ha estrechado el cerco sobre los programas que opera el Conacyt. Más de 1,200 investigadores adscritos al programa Cátedras Conacyt fueron notificados de cambios en los criterios de evaluación, modificaciones que, a juzgar por los investigadores, buscan el desmantelamiento del programa que opera desde 2014.

Los beneficiarios están en riesgo de perder el beneficio mensual que reciben por parte del Conacyt y que asciende en promedio a unos 30,000 pesos debido al endurecimiento en los criterios de evaluación.

A partir de este año, el órgano federal ha establecido que para seguir recibiendo este recurso “el personal de cátedra tendrá la obligación de procurar su inserción laboral en la Institución Receptora en la que se encuentre comisionado o en cualquier otra”, según informó el organismo a los beneficiarios.

Saraí Miranda, catedrática en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y una de las afectadas por estos cambios, dijo que temen que esta nueva cláusula sea el preámbulo de la desaparición de una iniciativa que, paradójicamente, surgió como un intento de crear una alternativa laboral para los jóvenes investigadores que no encontraban plazas de cátedra en las universidades y centros de investigación del país.

Los investigadores que están bajo el amparo de la iniciativa laboran en una institución académica denominada “receptora”, aunque en realidad su empleador es el Conacyt.

“La desaparición del programa impediría que las nuevas generaciones se incorporen al mercado del trabajo, hay muchísimos doctores en este país que están dando clases por asignatura y no están haciendo investigación y que no tienen plaza fija. Hay muchísimos desempleados, es un panorama bastante lamentable”, zanjó Saraí Miranda.

En su caso, ella ingresó a Cátedras Conacyt hace cinco años con un proyecto de investigación acerca de las violencias de género en el sureste del país, el cual sigue en curso.— El País

 

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