PROGRESO.— El presbítero Mario Medina Balam, quien es originario de Abalá y será ordenado Obispo, fue vicario de la parroquia La Purísima Concepción y San José, en el centro de esta ciudad, durante mes y medio hace 36 años, cuando era un sacerdote recién ordenado.

Fue enviado para apoyar al entonces párroco, Jacinto Adriano Wong Romero, en las misas y demás actividades de la temporada de vacaciones veraniegas.

Treinta y seis años después de su corta labor pastoral en Progreso, el padre Medina Balam retornó a la parroquia progreseña el jueves 16 de marzo pasado para celebrar con el obispo auxiliar Pedro Mena Díaz y el párroco Óscar Cetina Vega la misa del Decanato 6 de la Arquidiócesis en la fiesta de San José.

En entrevista que concedió al Diario al terminar la misa, el padre Medina Balam dice que, como todo puerto, en Progreso la gente es abierta, así que no les debería costar mucho trabajo vivir la sinodalidad, que consiste en la capacidad del diálogo y encuentro con las personas.

“No les debería dar trabajo a los de Progreso estar abiertos al diálogo y encuentro con los vecinos, con los visitantes, turistas nacionales y extranjeros mostrándoles la calidez de los yucatecos y la apertura del porteño.

“Es la forma básica de vivir la sinodalidad, no necesitan hacer algo extraordinario sino vivir su fe, dar testimonio y vivirlo como lo pide el papa Francisco”.

“Sinodalidad viene de sínodo, una palabra griega que significa caminar juntos y caminar juntos aquí puede significar el encuentro, la conversación y estar cerca con la otra persona, compartir su fe, con lo que Dios nos da, es vivir en comunidad”, precisa.

“De hecho, el alma de la sinodalidad es la comunión que hace crecer el Espíritu Santo”, destaca.

“El progreseño aparte de esa oportunidad, con tanta gente que nos visita, también tiene el hecho de ser porteño, pues es gente siempre abierta y capaz”, afirma.

Hace 36 años estuvo en Progreso, ¿cómo era el puerto, cómo lo ve ahora?

“Bueno, esta fue mi primera parroquia, me ordenaron (sacerdote) el 17 de junio de 1987 y el señor arzobispo (de Yucatán) don Manuel Castro Ruiz, que en paz descanse, me envió a Progreso como vicario en el verano porque la gente de Mérida viene a pasar sus vacaciones en el puerto.

“Me quedé mes y medio antes de ir a la Universidad Pontificia de México (en Ciudad de México) para estudiar una licenciatura”, narra.

“Progreso fue mi primera parroquia, aunque estuve (en el puerto) también como seminarista y también recién ordenado diácono.

“Conocí a los progreseños hace 36 años, me fui a (Ciudad de) México durante 35 años, de tal manera que las cosas cambian”, indica.

“He venido a visitar al padre Óscar (Cetina Vega) y también al anterior (párroco de Progreso, Francisco Mukul Domínguez, oriundo también de Abalá)”, dice.

¿Cómo se debe vivir la Cuaresma en Progreso, que se llena de visitantes?

“Aparte de la espiritualidad interior de la penitencia que se debe vivir, debe dedicarse al servicio, atender al turismo, tratarlos con cordialidad, orientándolos a donde quieran ir y conocer, es decir, dándoles el testimonio de la fraternidad.

“Es una forma de prepararse durante la Cuaresma, porque cuando viene la Pascua es explotar la alegría, y esa alegría solo puede venir si durante la Cuaresma se sintieron satisfechos de haber servido, ayudado, a sus mismos vecinos, pero también al turismo”, subraya el sacerdote.— Gabino Tzec Valle

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