PROGRESO.- Mientras observaba a la distancia los trabajos que llevaban al cabo los pescadores de Chicxulub Puerto, los recuerdos inundaron la mente del señor Ramiro Bobadilla Martínez, vecino de esta comisaría que prácticamente toda su vida Y a quién le ha tocado presenciar momentos muy difíciles relacionados a los huracanes.
Con 74 años de edad el hombre pudo rememorar lo que vivió durante el mes de septiembre del año de 1988 cuando el huracán Gilberto prácticamente devastó la zona costera de este puerto.
Recordó que tras enterarse de la contingencia él y su padre formaron parte del grupo de personas que no quisieron salirse del puerto con el fin de conservar su patrimonio mientras que su esposa y sus hijos sí fueron trasladados a la ciudad de Mérida junto con gran parte de la comunidad porteña.
Mencionó que a las afueras de su vivienda que se ubica en la calle 24 entre 19 y 21 de esta comisaría, podía sentir Los fuertes vientos del huracán que poco a poco se iba acercando.
“No me di cuenta en qué momento entró el agua del mar yo recuerdo estar parado en medio de la calle vigilando y veía las enormes olas a la distancia y pensaba ¿en qué momento va a entrar el mar?, pero solo me descuidé un poco entre un momento a mi casa y al regresar me di cuenta de que las calles ya se encontraban inundadas”.
Recuerdo que en un momento a otro y sin darse cuenta el agua ya superaba más de un metro de profundidad en las calles del puerto y que incluso le llegaban ya hasta el pecho lo que dificultaba el poder moverse para buscar un lugar donde refugiarse.
Uno de los momentos de mayor tensión llegó cuando su padre montó a caballo y cabalgó hacia la calle 21 pues en dicho lugar ya se había formado uno agujero y el agua se estaba arremolinando por lo que el caballo no pudo aguantar el paso y comenzó a ser arrastrado por la corriente con todo y jinete pero logro salvarse de la tragedia gracias a que desde un segundo piso su compadre le lanzó una cuerda de la cual logró sujetarse y pudo salir con vida.
Don Ramiro recordó Cómo con mucho trabajo logró salir de su casa para ir a otro predio a media cuadra de distancia que tenía un segundo piso y donde aún se encontraba el propietario quien tampoco quiso salirse del puerto, esta fue otra difícil travesía pues al llegar al cruce de las calles 21 y 24 Los fuertes vientos se encajonaban en dicha esquina y hacían prácticamente imposible poder moverse pero sacando fuerzas de flaqueza logró sobreponerse y buscar la manera para poder llegar a dicha casa.
Una vez ahí su vecino les ofreció refugio y resguardo durante el tiempo que estuvo activo el huracán en esta zona.
Recordó que tras dos días del paso del huracán por fin pudo salir a caminar por la playa, donde pudo percatarse de que la mayoría de los predios de la orilla de la playa se hallaban prácticamente destrozados, luego de haber sido azotados con fuerza no solo por las olas sino por las enormes maderas del antiguo muelle de pesca de Chicxulub, qué fue destrozado por el huracán y cuyos retablos se estrellaron violentamente contra las casas veranegas un sonido que a decir del entrevistado podía escucharse a varias cuadras de distancia.
Finalmente platicó que al volver a soldar se encontró este estaba con las puertas abiertas y a pesar de que le preocupaba que hubieran saqueado sus pertenencias esto no ocurrió puesto que los dos perros que tenían estaban en el interior de la casa sobre la cama y ladraban ferozmente a cualquiera que se acercara a la propiedad sin ser este el dueño. No olvida que esta situación acarreo saqueos y robos pues en las calles se encontraban muchos muebles y pertenencias de las casas de las personas más adineradas que viven en el puerto, mismas que fueron objeto de la codicia de Los amantes de lo ajeno quienes sin pensarlo se apoderaban de dichos artículos aunque muchos de ellos finalmente fueron detenidos y las cosas devueltas a sus respectivos dueños pero no todos corrieron con la misma suerte.
Hoy esa anécdota queda solo para el recuerdo en la memoria de don Ramiro pero de ello aprende una muy buena lección pues ahora ante la cercanía de un fenómeno meteorológico acepta retirarse del puerto sin importar lo material que deje atrás, de hecho comentó que se encontraba a la espera de que su hija viniera a buscarlo para trasladarlo a la ciudad de Mérida donde estará más seguro qué en Progreso.
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