Carlos R. Menéndez Losa director general de Diario de Yucatán y Grupo Megamedia
Carlos R. Menéndez Losa, director general de Diario de Yucatán y de Grupo Megamedia

En el teatro de la farsa y la manipulación obradorista, acaparan el escenario dos figuras centrales: la voluntad del “pueblo” y la lucha contra la corrupción, omnipresentes protagonistas a los que acude con frecuencia el director de la obra en turno, el “máximo benefactor”, en una búsqueda constante de “legitimación” para actuar como bien le venga en gana.

Auxilian al director, en papeles secundarios, los “adalides de la democracia”, actores serviles, convenencieros, muchas veces rescatados de obras del pasado, que gracias a la bendición del líder pasan de “escoria de la sociedad” a ejemplares defensores del “pueblo”, víctima de “opresoras élites corruptas enemigas de los intereses de la nación”.

En los regímenes populistas, el “pueblo” es un ente abstracto, ajeno a la realidad compleja y diversa de la sociedad, que se utiliza para asegurar el apoyo de los “marginados”, justificar acciones políticas y legitimar el poder del líder, quien decide arbitrariamente, como máximo intérprete de la voluntad popular, quién es parte del “pueblo” y quiénes sus enemigos.

Dividiendo, el líder populista ignora la riqueza de la pluralidad, margina a quienes se le oponen, hace a un lado sus posibles aportaciones, desafía normas de convivencia y destruye estructuras democráticas tradicionales, con el manipulador argumento de que son perversos obstáculos que impiden el pleno respeto de las justas demandas populares.

Experto polarizador, Andrés Manuel López Obrador utiliza a la perfección la noción de “pueblo”, al que dice representar plenamente, y logra que importante sector de la población, beneficiado con sus programas asistencialistas, vea a los adversarios del régimen como élites corruptas a las que se debe aniquilar. El “pueblo bueno” contra los “corruptos conservadores”.

Si en 2006 se paraliza el Paseo de la Reforma para presionar a las autoridades por supuesto fraude contra del líder, es el “pueblo bueno y sabio” que se levanta contra el opresor. Si en 2024 los empleados del Poder Judicial salen a las calles a defender sus derechos, son “comparsa” al servicio de oscuros intereses de las élites.

Como gobernador panista de Chihuahua, fuerte crítico del gobierno federal, Javier Corral es un corrupto derrochador de los bienes del “pueblo”, pero si brinca a Morena y se une al equipo de “asesores” de Claudia Sheinbaum, automáticamente se convierte en ejemplar adalid de la democracia, al margen de graves denuncias y cargos por desvíos escandalosos.

En la cacareada lucha contra la corrupción, segundo protagonista de la farsa, el “no mentir, no robar, no traicionar” es un elemento más del discurso de manipulación, que se explota día a día para justificar abusos de poder. La constante es la falta de transparencia en la asignación de jugosos contratos y las compras directas en lugar de licitaciones públicas.

RETROCESO

Por oscuros acuerdos con “dóciles” gobiernos antecesores, los avances en las investigaciones de casos del pasado son casi nulos y las encuestas de percepción no dejan lugar a dudas: en 2019, 72% de los ciudadanos elogiaba los esfuerzos contra la corrupción del gobierno federal, pero hoy la cifra no supera el 40% (bit.ly/4dWMGWm).

Lejos de disminuir, como presumen todos los días en las conferencias “mañaneras”, la corrupción se fortalece en todo el país. Alarmantes son, por ejemplo, las crecientes extorsiones en carreteras del Sureste, en colusión con bandas del crimen organizado, y la arbitraria asignación de presupuestos publicitarios del gobierno, que favorecen con descaro a “los amigos del Presidente”.

Con el pretexto de eliminar la corrupción que supuestamente caracteriza “a todo el Poder Judicial” y acercar la justicia al “pueblo”, el régimen obradorista impulsa una reforma que busca centralizar el poder en el Ejecutivo, debilita el actual sistema de contrapesos y, por consecuencia, amenaza con ahuyentar importantes proyectos de inversión.

Legaloidemente, el régimen asesta este fin de semana fuerte golpe a la democracia: se apodera del Legislativo, con una sobrerrepresentación que le da más de 70% de diputados con apenas el 54% de la votación popular, una mayoría calificada que le permite actuar sin frenos, y se encamina a eliminar importantes órganos autónomos, que frenan el autoritarismo.

“EL PUEBLO”

En el escenario local, se encienden luces de alerta ante posible farsa que nos llevaría a resultados similares a los aquí descritos. El gobernador electo presume que el 1 de octubre entrará a Palacio “del brazo del pueblo” y anuncia “un gobierno a la altura, que ponga al pueblo en el centro de las decisiones y lleve oportunidades a cada rincón del estado”.

Con un elenco que incluye en su equipo de transición a cuestionados personajes de turbio pasado, hoy “adalides de la transformación”, y prescinde inexplicablemente de representantes del empresariado y la sociedad civil, Huacho Díaz se apresta a iniciar una obra en la que ofrece “ser cercano al pueblo y escuchar todas las propuestas”.

En amenazador mensaje, el electo presume anteayer, en la noche del “viernes negro” de la democracia, que con la sobrerrepresentación “venció la voluntad del pueblo y nuestro movimiento tendrá mayoría calificada para aprobar las reformas que nos ayuden a consolidar el Plan C y profundizar la transformación en nuestro país”.

¿Quién es “el pueblo” para el “máximo benefactor” del morenismo yucateco? ¿Quiénes lo acompañarán a Palacio? ¿Los que votaron por él, en buena parte atraídos por el improductivo clientelismo propio del régimen obradorista? ¿Solo a ellos escuchará, siguiendo el ejemplo de sus mentores del Centro? ¿Se privará de los beneficios de la pluralidad que enriquece?

¿Tomará realmente en cuenta el gobernador electo las opiniones del amplio sector de población urbana yucateca que no votó a favor de sus propuestas populistas? ¿Quiénes serán los “adalides de la democracia” que le arroparán? ¿Raúl Paz, Luis Hevia, Ramírez Marín, Verónica Camino… Dafne López y el corrupto, voraz “clan de los moches” que representa?

AUTORITARISMO

Ante el retroceso democrático de más de 40 años que comenzó anteayer en el INE y la Cámara de Diputados, sería oportuno reflexionar en torno a las advertencias de socios comerciales de México, bancos internacionales e importantes grupos empresariales que nos alertan de los serios riesgos que corremos con el creciente autoritarismo (http://bit.ly/3XdJosp).

El llamado esta semana de los obispos mexicanos a construir la reconciliación para superar conflictos es muy oportuno. No se trata de “una lucha de buenos contra malos”, nos aconsejan. “La convivencia ordenada y legal de las mayorías con las minorías es imprescindible para una democracia sana, ética, justa, socialmente correcta e incluyente” (bit.ly/3MjCtaT).

Quienes vivimos la difícil, accidentada transición democrática de las últimas décadas sabemos muy bien de los riesgos que corremos ante un régimen autoritario de partido único. Quienes no tienen idea, harían bien en inscribirse a unos talleres de actualización histórica. Es mucho lo que se puede perder con el retroceso que experimentaríamos.

En el caso de Yucatán, el balón está por ahora en la cancha del gobernador electo y su equipo de “asesores y estrategas”. El partido, el teatro de la farsa estaría por comenzar. Espectadores, delanteros y, sobre todo, porteros no deberíamos minimizar las advertencias. La goliza puede ser fenomenal. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.

*) CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA, director general de Diario de Yucatán y Grupo Megamedia

Correodirecciongeneral@megamedia.com.mx

Apartado especial en yucatan.com.mx : https://bit.ly/4diiiFP

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