Carlos R. Menéndez Losa director general de Diario de Yucatán y Grupo Megamedia
Carlos R. Menéndez Losa, director general de Diario de Yucatán y de Grupo Megamedia

“Por voluntad de un solo hombre, México se dirige velozmente a un cambio de régimen jurídico, político e institucional, en el que se destruyen las bases de la democracia y el equilibrio de poderes… Se enfila a un régimen despótico, que anuncia la destrucción del Estado de Derecho y abre la puerta a la influencia de poderes fácticos como el crimen organizado”.

¿Estamos conscientes los mexicanos de esa realidad que nos anticipa el último “Observatorio” del Consejo Nacional de Laicos (bit.ly/3yXmnRj)? ¿Tenemos idea los yucatecos de lo que podría traernos esa descomposición, general en el país, si sientan sus reales en la entidad un gobierno de corte populista y la consecuente regresión autoritaria?

En las elecciones del 2 de junio, casi 60% del padrón electoral lo conformaban ciudadanos menores de 50 años, y la mitad de todos los posibles electores tenía de 18 a 40, un segmento que en su gran mayoría no vivió los estragos sociales, económicos y políticos del autoritario régimen priista vigente hasta la década de 1990.

De 1929 a 2000, el PRI dominó el país gracias a poderoso sistema clientelista, que controlaba, vía el reparto de beneficios, a sectores claves, como campesinos, obreros y empresarios; elecciones fraudulentas, marcadas por la compra y coacción del voto, y cercanos, cómplices acuerdos con buena parte de los medios de comunicación, en particular Televisa.

El jefe del Ejecutivo concentraba gran parte del poder político, dominaba el Legislativo y el Judicial, ejercía fuerte influencia sobre gobiernos estatales y municipales, y controlaba importantes organismos que, como el Instituto Electoral, podían ser contrapeso a la hegemonía presidencial, serio lastre para el desarrollo.

La crisis económica de los 1980 y el colapso del modelo estabilizador priista propician que el régimen se abra a reformas electorales que llevan a la creación del Instituto Federal Electoral, más autónomo, lo que conduce a importantes triunfos de la oposición, y comienza a fortalecerse el Poder Legislativo vía el sistema de representación proporcional.

DESPERTAR

Importante punto de inflexión fue el fraude electoral de 1988, orquestado por el entonces priista Manuel Bartlett desde la Secretaría de Gobernación. Se genera profunda crisis de legitimidad, que debilita al régimen y moviliza a la sociedad civil en favor de la lucha democrática, y algunos medios de comunicación asumen un papel más crítico.

La derrota del PRI en 2000, en plena globalización económica, marca el inicio de nuevo período de democracia multipartidista, con alternancia PAN-PRI, pero es grande la frustración general por las altas expectativas de cambio y los escasos resultados. Se debilita la auditoría social, bajamos la guardia, y persisten la corrupción y la desigualdad.

En medio de escándalos de corrupción que marcan el gobierno de Peña Nieto, como los denunciados desvíos de recursos en la Sedatu de Ramírez Marín y Alejandro Murat, y el sistema de “moches” que orquestan personajes como Raúl Paz y Dafne López, por todo el país se fortalece la imagen de López Obrador como “la esperanza de los más desfavorecidos”.

En 2018, con el voto de castigo que favorece a AMLO, arranca fortalecido régimen de concentración del poder en la figura presidencial. El péndulo se dirige de nuevo al extremo autoritario y clientelista, con predominio de programas sociales electoreros, menor libertad política y mayor polarización social, como en los tiempos hegemónicos del PRI.

A seis años de distancia, en la antesala de un cambio de gobierno, se profundizan la corrupción, la inseguridad y los ataques constantes a los contrapesos del poder presidencial, como la prensa libre, los órganos autónomos y el Poder Judicial; se debilita la autonomía del Legislativo y persiste la desigualdad extrema en buena parte de México.

RIESGOS

¿A qué riesgos se enfrenta el país si se profundiza aún más la regresión, como estaría sucediendo en los últimos días con los ataques a la división de poderes y las instituciones que protegen la democracia? ¿De qué debemos estar alertas los yucatecos ante el avance de un sistema autoritario que violentaría la estabilidad que nos caracteriza?

Como nos alerta el “Observatorio”, la consolidación de un régimen despótico y manipulador resultaría en gobiernos más arbitrarios, con menor transparencia y rendición de cuentas; mayor represión para silenciar a la oposición, incluida la prensa libre, y fuerte debilitamiento de la certidumbre jurídica, que limita el Estado de Derecho y ahuyenta inversiones.

Con mayor clientelismo, se concentrarían los esfuerzos para mantener el poder en el corto plazo, lo que profundizaría la desatención de necesidades sociales de largo plazo, como la salud, el desarrollo económico y el empleo, y aumentaría la represión a organizaciones de la sociedad civil que pueden ejercer efectivo contrapeso al régimen morenista.

¿Qué podríamos hacer para frenar el avance autoritario? ¿Limitarnos a esperar nueva debacle económica, como la que se avecina, que obligue al régimen a negociar con sus opositores, como sucedió a finales del siglo pasado? De entrada, en Yucatán haríamos bien en nutrir la débil auditoría social y no bajar la guardia ante la afrenta autoritaria, que llegaría armada con un arsenal de incongruencias y manipulaciones propias de regímenes populistas que buscan perpetuarse en el poder izando hipócritamente la bandera de la lucha en favor de “los más desfavorecidos”.

ESPERANZA

Las manifestaciones de esta semana en favor del Poder Judicial y sus trabajadores, el valiente pronunciamiento de un grupo de ciudadanos independientes en contra de la reforma judicial (bit.ly/4dIaU7m) y la protesta del sector empresarial contra la sobrerrepresentación, hoy en estas páginas, son motivadores ejemplos de lo que habría que hacer.

Es responsabilidad nuestra, sobre todo de quienes más podríamos perder, poner frenos al avance de un régimen autoritario e incongruente que acoge en su seno, como “impolutos adalides de la democracia”, a personajes como Manuel Bartlett, Ramírez Marín, Alejandro Murat, Raúl Paz y Dafne López, hoy disfrazados de “defensores del pueblo”.

Fortalezcamos nuestro rol de auditores sociales, no bajemos la guardia y estemos muy alertas de lo que podría llegar a Yucatán si continúa el avance de ese régimen despótico que se encamina a repetir, y perfeccionar, el autoritarismo que generó en México, en medio de silencios y complicidades, tantos estragos sociales y económicos.

El despertar cívico de las últimas semanas, en Mérida y otras ciudades, abriga esperanzas de que no todo está perdido, que estaríamos entendiendo que el despotismo avanza en la medida que la sociedad lo permite. No lo permitamos. Levantemos la voz cuando sea necesario. Mucho perderíamos si nos mantenemos al margen.- Mérida, Yucatán.

(*) CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA, director general de Diario de Yucatán y Grupo Megamedia

Correodirecciongeneral@megamedia.com.mx

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