CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
Para desviar la atención, los regímenes populistas polarizan. En contextos de crisis económica, inseguridad y debilidad institucional, como el que enfrenta México, dividen deliberadamente a la sociedad, para consolidar su poder. Se erigen en los únicos defensores legítimos del “pueblo” ante la supuesta voracidad de “las corruptas élites conservadoras”.
Los esfuerzos se concentran en construir un enemigo común que unifique a los seguidores, en una narrativa que busca ocultar problemas graves como la corrupción pública y el tráfico de influencias. Se estigmatiza a los críticos como enemigos del pueblo, con el objetivo de consolidar el apoyo popular al régimen, incluso en momentos de crisis severas.
La polarización, elegida esta semana “palabra del año” por “Merriam-Webster”, reconocida editorial de diccionarios, es un peligro latente para la democracia. Limita el debate constructivo, dificulta la búsqueda de consensos y debilita instituciones clave como la prensa libre y el equilibrio de poderes. En entornos polarizados, el control del déspota se fortalece.
En México, en el séptimo año del obradorato, la presidenta Claudia Sheinbaum sigue al pie de la letra la ruta de polarización y enfrentamiento trazada en 2018 por su antecesor. Desde la “mañanera”, fomenta diariamente la división social y menosprecia la pluralidad de opiniones. Se polariza para ocultar las desviaciones e incongruencias del régimen.
Se insiste en un gobierno austero, al servicio de los pobres, pero el presupuesto público se dilapida en los caprichos del líder. Disminuye la asignación de recursos a sectores esenciales como la salud y la seguridad, mientras se despilfarra en el subsidio de improductivas obras faraónicas y el costoso proceso electoral diseñado para debilitar al Poder Judicial.
CONTROL POLÍTICO
Tras la aprobación en el Congreso del presupuesto federal para 2025, Claudia Sheinbaum celebra que casi un billón de pesos se destinará a perpetuar el clientelismo mediante los programas asistencialistas instaurados por su mentor. Con nuevos programas del Bienestar, se refuerza la estrategia de control político que los afianzaría en la Presidencia.
Cuando la prensa libre denuncia millonario contubernio entre Manuel Bartlett y Genaro García Luna, en detrimento de la CFE, el régimen guarda silencio. Si se descubre escandaloso tráfico de influencias en el círculo cercano de la secretaria Alicia Bárcena, en la “mañanera” se defiende a los corruptos de casa y se culpa a “los enemigos de la transformación”.
Incongruencia, farsa y polarización marcan el rumbo. “Ellos son los malos, nosotros los buenos”, así de simple. Se asegura que Alicia Bárcena asistió “de buena fe” a polémica celebración homosexual de protegidos del régimen, y desde Palacio Nacional se le defiende. Se minimiza el impacto ante la opinión pública de una boda disfrazada de “acto diplomático”.
Ante la creciente violencia que se extiende por todo el país, el morenista Adán Augusto López declara que “se va ganando la batalla contra la inseguridad”. Se informa que la violencia del narco ya generó pérdidas de $18,000 millones en Sinaloa, con al menos 108 empresas cerradas, y la presidenta de México responde que “se siguen atendiendo las causas”.
El “Indice de Conflictos 2024”, de la Iniciativa Global de Datos y Ubicación de Conflictos Armados, alerta esta semana que el gobierno mexicano “tiene el poder, pero no el control del país”, y advierte que solo Palestina y Siria son lugares más inseguros que México (bit.ly/41BD14O). El morenismo hace caso omiso y culpa de nuevo a los oscuros intereses del conservadurismo.
INCONGRUENCIA
Reitera el “gobierno de la transformación” que la lucha contra la corrupción es aún de alta prioridad, pero designa a exgobernadores corruptos de Veracruz y Chiapas para ocupar importantes cargos en la diplomacia mexicana y la administración pública. La investigación de denunciados casos del pasado sigue brillando por su ausencia.
Enemigo de todo poder que le haga contrapeso, el régimen continúa consolidando un entorno hostil para el periodismo crítico, esencial para la democracia. Ante las constantes denuncias de la prensa libre, a la que descalifica con adjetivos como “conservadora” y “fifí”, fomenta la polarización al inyectar recursos en la prensa corrupta que alaba al poderoso.
En Yucatán, la incongruencia y la polarización avanzan, al parecer, sin freno. Los reacomodos en el gabinete estatal indican que cualquiera tendría cabida en el flamante gobierno morenista, al margen de turbios pasados. La condición es someterse a los caprichos del obradorato. Los casos de Mauricio Sahuí y el exalcalde Roger Aguilar Arroyo así lo confirmarían.
En su obsesión por expandir el “poder transformador” a todos los rincones del país, el régimen ordena al Congreso del Estado frenar las intenciones del ayuntamiento panista de Mérida de fortalecer sus finanzas con el presupuesto que presenta para su aprobación. La mira polarizadora está puesta claramente en las elecciones municipales de 2027.
EFECTO DEVASTADOR
La inseguridad sigue avanzando. Se descubre misteriosa fosa clandestina en la frontera entre Quintana Roo y Yucatán, que dejaría en evidencia la creciente violencia relacionada con el narcomenudeo y la delincuencia organizada en general (bit.ly/3Ddlm9B). El gobierno minimiza la información y continúa con el reparto irregular de recursos que nutre al “periodismo” servil.
¿Cómo frenar los negativos efectos de la polarización en la cohesión social, la estabilidad democrática y el desarrollo político? Fomentar la participación ciudadana en la toma de decisiones, abogar por la unidad frente al discurso polarizante, promover la transparencia en la función pública y proteger el periodismo independiente serían muy recomendables.
Levantamos nuevamente una señal de alerta ante el avance del autoritarismo populista. Basados en las ideas del periodista Moisés Naím en “La revancha de los poderosos”, subrayamos el efecto devastador de la polarización sobre la democracia. Al dividir irracionalmente a la sociedad, dificulta la acción colectiva y facilita la perpetuación del poder autoritario.
No perdamos de vista que el populismo utiliza la polarización para dividir a la sociedad en bandos irreconciliables y reforzar la narrativa que presenta al líder como el único defensor del “pueblo” frente al “opresor”. Como bien decía Carlos Fuentes, “el populismo ofrece justicia, pero termina generando pobreza y desigualdad, disfrazadas de retórica”.- Mérida, Yucatán.
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(*) Director general de Grupo Megamedia
