CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)

Desde 2018, el régimen morenista ha tejido, con cálculo y perversidad, un sistema solapado por el cinismo habitual de Estados Unidos. Apoyado en la manipulación, el clientelismo improductivo y la narcopolítica, mantiene a México en el subdesarrollo y se perpetúa en el poder a través del miedo, la dependencia y la desinformación. La narrativa se impone a los hechos.

Se afianza un sistema que sobrevive de la distracción. Cuando la violencia, la crisis económica, la corrupción o el contubernio con los narcos quedan expuestos, se intensifica la polarización con escándalos y enemigos inventados: cortinas de humo sostenidas en los “otros datos”. El régimen sabe que, cuanto más se distrae al “pueblo”, más se consolida en el poder.

En un estira y afloja permanente, el gobierno de Donald Trump lanza a mediados de agosto un nuevo dardo al régimen morenista: “El narcotráfico y la impunidad son los grandes retos que enfrenta México; el crimen organizado y la falta de condenas son las principales amenazas” (bit.ly/4lOoSrl). La respuesta es inmediata: “Está mal informado el Departamento de Estado”.

El fanfarrón del Norte afirma: “México hace lo que le decimos”. Claudia Sheinbaum responde: “En nuestro país manda el pueblo”, pero días después se contradice: ante la presión de Washington, derivada de las comprometedoras declaraciones de “El Mayo” ante jueces estadounidenses, el régimen cede ipso facto y extradita a renombrados narcotraficantes.

A finales de mes llega un nuevo golpe: Ismael Zambada declara que el Cártel de Sinaloa, señalado como financiero del morenismo, sobornó durante décadas a políticos, policías y mandos militares en México, pero no proporciona nombres (bit.ly/4lYAJmR). Trump los reserva para seguir presionando. La presidenta Sheinbaum reacciona con el ya clásico: “que presenten pruebas”.

¿Cuáles son las fuentes? —pregunta Claudia—. No confía en los dichos de su narco financiero, pero sí da por válidas las declaraciones de la DEA contra García Luna, a quien comparan con “El Chapo” y “El Mayo”. Se valida lo que convenga, no lo que sea cierto. Trump, mientras tanto, sigue sin responder a las “exigencias” de México sobre cómo se llevó a Zambada.

También en agosto, el Inegi informa que la “población en situación de pobreza” bajó de 43.2 a 38.5 millones de mexicanos entre 2016 y 2024. La presidenta celebra la noticia en la “mañanera” del 14: “Más de 13 millones de personas dejaron de ser pobres”. Ahora sí toma como válidas las cifras del organismo, pero evita explicar a qué se deben. No le conviene.

No por casualidad omite aclarar que, al mismo tiempo, el rezago educativo subió de 18.5 a 24.2 millones, la carencia de servicios de salud creció de 15.6 a 44.5 millones y la falta de seguridad social aumentó de 54.1 a 62.7 millones. Tampoco precisa que se incrementa la deuda para financiar el clientelismo improductivo, no para impulsar un desarrollo autosustentable.

MANIPULACIÓN

Reconocidos analistas le responden: “Sí se redujo la pobreza, pero artificialmente, gracias a una deuda mayor que no se utilizó para generar riqueza productiva, sino para regalar dinero”. El mismo Inegi lo confirma unos días después, el jueves 28: en julio, la población ocupada en la informalidad pasó de 32.95 a 34.12 millones (bit.ly/3HPR6UU). La economía se sigue resquebrajando.

El obradorato manipula y tergiversa, convierte los datos en propaganda: presume éxitos parciales pero omite fracasos estructurales, generando en el “pueblo” una ilusión de progreso temporal, mientras la realidad social se deteriora. Enemigos acérrimos de la transparencia, “socios” de la incongruencia, usan sistemáticamente la mentira como herramienta política.

“Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, México padece, con la “bendición” del cinismo calculado del trumpismo, un creciente cáncer populista que se sostiene sobre dos pilares destructivos que hipotecan el futuro: la inseguridad alimentada por la narcopolítica y la pobreza perpetuada por el clientelismo improductivo. Dos males que se retroalimentan.

El régimen ha preferido convivir con el crimen organizado antes que enfrentarlo. La estrategia de “abrazos, no balazos” disfraza un pacto de impunidad que asegura control territorial y votos en ciertas regiones. Se consolida así un narcogobierno, con un Estado debilitado que deja de garantizar seguridad y justicia. Y Donald Trump lo sabe, pero sus prioridades son otras.

Con programas asistencialistas masivos, que no impulsan el verdadero desarrollo, se compran lealtades políticas inmediatas, pero se compromete el futuro. Al destinar la inversión y el gasto públicos cada vez más a subsidios electorales, se profundiza el círculo vicioso: mayor dependencia del Estado, menor productividad, menos crecimiento y más pobreza estructural.

LOS FRENOS

En Yucatán, el avance populista parece no tener freno. Los esfuerzos se concentran en el asistencialismo clientelista y en el pago de favores a quienes, mediante un oscuro financiamiento, favorecieron la llegada de Huacho Díaz a Palacio. El encumbramiento de un gobierno paralelo pone cada vez más en duda las promesas de campaña hechas a favor del “pueblo”.

¿Cómo ponerle un alto a ese destructivo populismo? Esperanzarse en las presiones que podrían ejercer los vecinos del Norte sería, creemos, demasiado iluso. A esos señores los mueve el cálculo político y la simulación democrática en el exterior. No descartamos el impacto de sus exigencias, pero no debemos olvidar que la conveniencia y los intereses son su prioridad (bit.ly/3JX3ItO).

México —y por tanto Yucatán— requiere de una mayor voluntad colectiva. El futuro de nuestra democracia depende de nosotros, no del exterior. Urge fortalecer la ciudadanía, especialmente en las clases medias. Solo una sociedad bien informada puede desmontar las cortinas de humo y resistir la manipulación emocional que sostiene al populismo en el poder.

No caigamos en espejismos como el derroche incongruente de connotados morenistas y el falso conflicto entre “Alito” y Fernández Noroña; todo ello solo confirma la farsa del “movimiento” (bit.ly/45SpQNq). Frenar al populismo no será fácil: exige tiempo y perseverancia. No lo perdamos de vista: la libertad y la democracia no se regalan, se defienden.— Mérida, Yucatán

direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia

¿Qué mensaje deja el texto?

El mensaje central del escrito es una denuncia crítica del populismo en México, específicamente del régimen morenista, y su impacto negativo en la sociedad y la democracia.

Se destacan varios ejes:

Manipulación y propaganda: El gobierno utiliza la desinformación, las cifras parciales y los escándalos para distraer al público y ocultar fracasos estructurales, presentando una ilusión de progreso.

Narcopolítica y clientelismo: El populismo se sostiene sobre dos pilares destructivos: la complicidad con el crimen organizado, que alimenta la inseguridad, y los programas asistencialistas improductivos, que perpetúan la pobreza y la dependencia del Estado.

Incongruencia y privilegio de intereses políticos: Se denuncia la doble moral del régimen, que valida solo lo que le conviene, y la influencia externa de actores como Donald Trump, cuyo apoyo o presión depende de conveniencias propias.

Responsabilidad ciudadana: La solución no está en actores externos, sino en una ciudadanía crítica, informada y activa, que pueda desmontar las cortinas de humo y defender la democracia.

Llamado a la acción: El cierre enfatiza que frenar al populismo exige tiempo, esfuerzo y vigilancia ciudadana; la libertad y la democracia no se regalan, se defienden.

En síntesis, el texto combina análisis político, denuncia social y exhorto ciudadano, alertando sobre los peligros del populismo y la urgencia de fortalecer la participación informada de la sociedad.

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