Carlos Loret de Mola

Tres datos:

1.— Un alto funcionario que denunció a un compañero de gabinete. El registro marca que el subsecretario de la Defensa Nacional, Tomás Ángeles Dauahare, fue el primero que advirtió al entonces presidente Felipe Calderón que su secretario de Seguridad, Genaro García Luna, andaba en malos pasos. Le mandó una carta denunciando que García Luna estaba coludido con el crimen organizado. Calderón la desestimó. “Había muchas versiones, muchos chismes si quieres, mucho conflicto entre dependencias, pero lo que siempre hice fue exigir pruebas”, me dijo cuando lo cuestioné sobre el tema en 2020.

2.— Otro alto funcionario que denunció al mismo compañero de gabinete. Se supo también que el entonces titular de la PGR, Eduardo Medina Mora, detectó que García Luna e integrantes de su equipo estaban coludidos con el crimen organizado, concretamente los Beltrán y el cártel de Sinaloa. Se supo en ese momento que se lo informó al presidente Calderón, que incluso le llevó una carpeta informativa. Esto generó un enfrentamiento abierto entre el secretario de Seguridad y el procurador. Se odiaban y todo mundo lo sabía.

3.— Testimonios verbales. Genaro García Luna fue sentenciado a 38 años de cárcel tras un juicio en Estados Unidos en el 2024. Lo encontraron culpable de recibir millones de dólares del narco. Durante el juicio no se presentaron documentos, copias de transferencias, fotos ni videos que probaran las acusaciones. Lo que sustentó la sentencia fue un abanico de testimonios verbales de narcotraficantes que fueron citados como testigos y dijeron lo mismo: incriminaron a García Luna.

En síntesis, el caso de García Luna se sustentó en testimonios de testigos de primera mano y de alto perfil. Es exactamente lo que tenemos hoy contra algunas de las más relevantes figuras de la 4T.

Julio Scherer, el segundo hombre más poderoso al llegar López Obrador a la Presidencia, acusa a Jesús Ramírez, vocero de AMLO y coordinador de asesores de Sheinbaum, de vínculos con el narco. De haber metido el dinero del huachicol a Morena. Acusa también al secretario de Educación Pública, Mario Delgado, que en ese momento era dirigente nacional de Morena. Jesús Ramírez acusa a Scherer de extorsionador y corrupto. Scherer también acusa a López Obrador de encubrimiento. ¡Era su brazo derecho! Hay líderes de organizaciones criminales, como Jesús “El Rey” Zambada y Celso Ortega “El Ardillo”, que han declarado públicamente (uno en Nueva York en el juicio de García Luna, el otro ante cámara en entrevista) haber financiado las campañas de López Obrador y Morena. Y lo de Adán Augusto con Hernán Bermúdez de La Barredora es, a nivel local, peor que lo de Calderón y García Luna: no nombró a un secretario de Seguridad que luego recibió dinero de los capos, Adán Augusto nombró a un capo como secretario de Seguridad.

¿Y qué hace la presidenta Sheinbaum frente a todos estos testimonios de primera mano? Lo mismo que Calderón: exigir pruebas y no abrir investigaciones.

Periodista

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