CIUDAD DE MÉXICO (EL UNIVERSAL).- Más de dos años han pasado desde que, un 31 de marzo, nos enteramos de las razones que llevaron a la joven Hannah Baker, personaje ficticio interpretado por la actriz Katherine Langford, a cortarse las venas en “13 razones”.
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Desde entonces la serie ha estado envuelta en la polémica, sobre todo en lo que respecta al punto de si verla representa un riesgo con respecto a la ideación suicida (que una persona tenga pensamientos sobre querer y planear su propia muerte) y, en último término, en los intentos y en el número de suicidios de los adolescentes; sector de la población a quienes va dirigida principalmente y que es la más susceptible de acuerdo a las estadísticas tanto en EU como en México y otros países (es la tercera causa de muerte en jóvenes de 15 a 24 años, después de homicidios y accidentes, según datos del Inegi de 2017).
Hay quienes, en un extremo, señalan que la serie es sensacionalista y destructiva, y que abogan por que sea prohibida, como, en el polo opuesto, aquellos que advierten que, atendiendo a varias e imprescindibles precauciones, puede ser un recurso pedagógico e influir de manera positiva y deseable en los adolescentes que la siguen. Todos requieren la mejor evidencia empírica que permita establecer y ejecutar las acciones necesarias para enfrentar tan grave problema.
¿Glamurización del suicidio? En Estados Unidos, las más prontas reacciones de advertencias de especialistas que siguieron al estreno de la primera temporada de la serie incluyeron declaraciones como la de la Sociedad para la Prevención del Suicido en Adolescentes.
“Desafortunadamente, los medios tienden a la glamurización y al sensacionalismo del suicido“, en tanto que la Asociación Estadounidense de Psicólogos Escolares, más enfática, señaló: “No recomendamos que jóvenes vulnerables, especialmente aquello que han tenido ideación suicida en algún grado, vean esta serie.
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Su poderosa narrativa puede conducir a que observadores impresionables romanticen las elecciones hechas por los personajes y a que desarrollen fantasías de venganza”.
A pesar de que educadores, religiosos, consejeros y autoridades diversas hicieron suyas estas preocupaciones, la realidad es que carecían mayormente de datos en los que apoyar lo que, en su mayoría eran meras especulaciones, por más bien intencionadas que fueran.
Contagio de suicidio
Una revisión de la literatura científica hecha por el psicólogo Christopher J. Ferguson para la Asociación Estadounidense de Suicidología sobre la posibilidad de lo que los investigadores en el tema llaman contagio de suicido por medios de ficción (programas de televisión, películas o música) halló 202 artículos publicados hasta septiembre de 2017, de los cuales únicamente 20 incluían datos estadísticos que permitieran medir este efecto.
El autor concluía que estos datos no apoyaban que existiese una relación causal entre suicidios y series de ficción.
En el caso específico de “Por 13 razones”, desde que nos fue posible hacer binge-watching con sus primeros 13 episodios y hasta mayo de 2019 se han publicado siete estudios, cuyos resultados fueron discutidos y resumidos en un artículo de la autoría de Thomas Niederkrotenthaler y colaboradores.
Advertencia de Netflix
Los dos estudios más controversiales son el más antiguo, publicado en octubre de 2017, a poco más de medio año de que la serie pasó a formar parte del catálogo de Netflix, y el más reciente, de mayo de este año.
El primero fue ampliamente difundido por los medios y muestra un aumento de 26% de las búsquedas en Google de la frase “cómo cometer suicidio” y de otras relacionadas con este tema, lo que, de acuerdo con los psiquiatras responsables del estudio, tuvo que haber bastado para encender luces de alerta.
Los autores del estudio más reciente enfatizan que sus resultados no representan ninguna prueba definitiva de que ver Por trece razones sea la causa de un ligero aumento visto en la mortalidad por suicidio en adolescentes de 10 a 19 años entre abril y junio de 2017.

