Los creadores deben hablar de su arte al público
¿Pueden ser esta ciudad y el Estado más culturales de lo que ya son? Para Javier Álvarez la respuesta pasa por dibujar una línea divisoria entre calidad y cantidad.
“En Mérida es notoria la proliferación de eventos culturales: el teatro está pujante, la danza también, la música tiene un lugar establecido. En general, la cantidad de oferta es excelente, muchas ciudades ya quisieran tenerla”, dice.
Pero “en términos de calidad hay muchísimo camino por recorrer”, considera el músico, director de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY).
“En los centros donde se presentan obras de teatro y conciertos hay muchísima oferta de artistas locales, lo que es encomiable y fabuloso; pero hay dificultad para traer a artistas nacionales e internacionales. Ahí radica una de las debilidades de la escena cultural. A veces se favorece más la cantidad que la calidad”.
Mérida, añade, “podría ser una ciudad aun más cultural y con una mayor calidad de presentaciones si se considerase que la cultura vale y se estuviese dispuesto a pagar por artistas de primera calidad que viniesen a formar a otros artistas y, a su vez, presentarse”.
Porque realizar actividades para las cuales el acceso en todos los casos es gratuito “es un paliativo nada más, en realidad perpetúa el status quo”, advierte.
“Siempre se ha pensado que una buena política para acercar a la gente a la cultura es ‘regalársela’; pero la cultura, como todo, cuesta y la calidad también y hay que pagar por ella. Si pagamos para formar artistas, ¿por qué no pagar para ver lo que hacen los artistas?”.
“Esa política (de gratuidad) por supuesto que acerca a la gente a las manifestaciones culturales, pero perpetúa la situación de desigualdad”, reitera.
Javier Álvarez añade que debería fomentarse una conciencia ciudadana que estime “a la cultura como un bien que tiene un valor monetario que se paga”.
“La cultura llega a más personas cuando la valoran y están dispuestas a ir a buscarla. Quien la tiene en la mesa a lo mejor piensa: ‘No se me antoja’”.
Comunicación
En el acercamiento de la sociedad a la producción artística ve también una responsabilidad en los creadores, algo especialmente cierto cuando se trata de obras contemporáneas. “Los artistas deberían comunicar con mayor fluidez la génesis de su trabajo porque el público lo único que necesita es saber por qué le gusta algo”.
“Deben invitar al público, pero no de manera asistencial. Si tratas a la gente como adulto se va a comportar como adulto, si la tratas como niño se van a comportar como niño. Si dices: ‘Lo que vas a ver o escuchar vale mucho la pena y es para una persona como tú, que lo puede apreciar’, a lo mejor no le gusta todo pero algo sí, y con que algo le guste ya se está del otro lado”, indica.
La responsabilidad del espectador, a su vez, es “acercarse con la mente abierta, a sabiendas de que no todo será de su gusto pero algo le va a motivar y cambiar su día”.
“Si ofreces un concierto didáctico y dices (al público) que el compositor nació en 1797 y nada más, no tiene ningún sentido que (el espectador) vaya, porque eso no es lo que le atrae. Sería más conveniente decir: ‘A la mitad de la pieza va a haber un tamborazo y van a sonar trompetas y flautas, fíjense qué momento tan especial…’. La gente lo va a esperar”.
“Cuando llevábamos conciertos de música contemporánea fuera de Mérida la respuesta siempre fue muy buena porque hablábamos con la gente de manera muy sencilla, no condescendiente, sino señalando las cosas que le podían gustar”.
El director de la ESAY agrega que es la experiencia, más que el espectáculo, lo que gana audiencia a un trabajo artístico. “Es más importante que se genere una emoción para que haya un acercamiento. Eso se da solo de manera comunicativa: se tiene que hablar con la gente, compartir”.
A la institución que preside le atribuye buena parte de responsabilidad por la vida cultural de Mérida y el Estado. “La ESAY ha contribuido a hacer de ésta una ciudad que invita a la gente a desarrollarse. En 15 años ha generado muchos egresados que forman parte de la mayoría de los eventos culturales. La Orquesta Sinfónica, las compañías de teatro y las compañías de danza tienen egresados de la ESAY”.
Para Javier Álvarez, la creación de vínculos entre artistas y espectadores alimenta el interés de la sociedad en la producción cultural. “Los artistas están en sus talleres pensando en su trabajo y le llevan horas de ventaja al público; necesitan poner el freno e invitarlo a ir juntos en la travesía, ahí es donde se establecen los vínculos afectivos que acercan a un arte”.— V.B.M.
La huella de la ESAY
La Escuela Superior de Artes de Yucatán “ha sido instrumental para crear la escena artística de la ciudad”, dice su director, Javier Álvarez.
Impacto regional
Igualmente, ha sido “una pieza toral del mejoramiento de la escena artística del Estado y la Península” porque numerosos estudiantes proceden de otras entidades e incluso países. “Eso tiene un impacto regional”.
