El mar no solo se observa y se siente, también puede escucharse. No con los oídos, sino con la mirada atenta y con instrumentos capaces de traducir sus movimientos en ritmos, frecuencias y modulaciones. Bajo esta premisa se desarrolló la charla “La música del mar”, impartida por el doctor José Carlos Pintado Patiño, oceanógrafo físico de la ENES Mérida de la UNAM, en el Museo de la Luz, como parte del ciclo “Ciencia para la vida y el planeta”.
A lo largo de la conferencia, el especialista invitó al público a imaginar el océano como una gran partitura en constante ejecución, donde las olas, las mareas y las variaciones del nivel del mar funcionan como notas que se combinan, se superponen y se transforman. Desde el oleaje visible hasta las ondas de infragravedad, imperceptibles al ojo humano, el mar se comporta como un sistema complejo de oscilaciones que pueden medirse, analizarse y comprenderse.
El doctor Pintado explicó que algunas de estas ondas, por tener longitudes muy grandes y frecuencias bajas, logran penetrar en lagunas costeras y provocar cambios sutiles pero constantes en el nivel del mar, perceptibles como una subida y bajada lenta del agua en lapsos de minutos. A ello se suman interacciones entre ondas que, en mar abierto, pueden generar fenómenos extremos como las llamadas “freak waves”, paredes de agua que alcanzan hasta 10 metros de altura y que pueden observarse en plataformas petroleras o en plena navegación.
Otro eje central de la charla fueron las mareas, resultado del delicado balance entre fuerzas gravitacionales y centrífugas de la Tierra, la Luna y el Sol. Estas interacciones producen mareas vivas y mareas muertas, ciclos de 12 horas, modulaciones mensuales asociadas al perigeo y apogeo lunar, e incluso variaciones de largo plazo vinculadas a los ciclos de Milankovitch, responsables de glaciaciones e interglaciaciones que han modulado el nivel del mar a lo largo de miles de años.
El caso de Yucatán
El investigador aterrizó estos conceptos en ejemplos cercanos a Yucatán. Desde el comportamiento de los sedimentos en la costa, el impacto de infraestructuras como el puerto de Progreso en el transporte natural de arena, hasta la erosión persistente de playas como la de Chelem, el mar deja huellas claras de su dinámica.
Estas alteraciones, indicó, se intensifican con fenómenos extremos como huracanes y con el aumento gradual del nivel del mar, que en el Golfo de México registra una tendencia cercana a los 3.6 milímetros por año, con señales de aceleración.
Casos como las inundaciones recurrentes en Holbox ilustran cómo la combinación de mareas de tormenta, baja presión atmosférica y desarrollo costero poco regulado pueden generar afectaciones severas incluso sin la presencia directa de un huracán. A ello se suman problemáticas actuales como el sargazo, cuya acumulación modifica la pendiente de las playas, disipa energía del oleaje y altera las interacciones entre las ondas, además de que influye en la temperatura y densidad del agua.
La charla también abordó la relación entre estos ritmos marinos y los ecosistemas costeros. En la zona intermareal, donde el mar avanza y retrocede cada pocas horas, se concentra una alta productividad biológica. Los manglares, por su parte, cumplen un papel fundamental como infraestructura natural, disipando la energía de las olas y reduciendo el impacto de tormentas e inundaciones, siempre que se mantengan en buen estado de conservación.
Como cierre, el doctor Pintado invitó a cambiar la forma de mirar la costa. A escuchar el mar desde el conocimiento y entender que bajo cada ola visible conviven múltiples frecuencias, que cada playa es el resultado de miles de interacciones y que la ciencia permite no solo describir estos procesos, sino anticipar riesgos y diseñar mejores estrategias de protección costera.
La conferencia concluyó con una invitación a conocer la oferta académica de la ENES Mérida de la UNAM y a participar en la próxima jornada de Casa Abierta, reforzando la idea de que la ciencia, como el mar, está en constante movimiento y al alcance de quienes se animan a escucharla con atención.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
