El pasado 4 de diciembre de 2025, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se presentó “El canto de las ranas”, la más reciente novela de la escritora yucateca Carolina López Pérez. El evento reunió a Rosa María Porrúa, de Rosa María Porrúa Editorial; Maura Gómez Mc Gregor, del espacio Maura te recomienda un libro; y a la propia autora, quien compartió con el público el trasfondo emocional y creativo de su obra.

Carolina López se define como escritora, esposa y madre de dos hijos. Formada en Mercadotecnia y con estudios paralelos en escritura creativa y guionismo, ha mantenido desde la infancia una relación cercana con la literatura. “Leer fue, desde pequeña, una forma natural de estar en el mundo”, afirma. Con el tiempo, esa cercanía con los libros se transformó en la necesidad de contar sus propias historias, convirtiendo la escritura en un espacio de búsqueda personal y expresión.

Inspiración

El canto de las ranas nació durante la pandemia, cuando la convivencia cotidiana con los amigos se volvió casi imposible. Inspirada por la lectura de El baile de las luciérnagas, de Kristin Hannah, López decidió construir una historia centrada en la amistad como vínculo esencial. “Quise hacer un homenaje a esos lazos que nos sostienen en los momentos difíciles y que, incluso en la distancia, siguen marcando nuestro camino”, explica.

Uno de los ejes del relato es la enfermedad como ruptura de la vida cotidiana. Para la autora, no se trata solo de narrar el dolor, sino de invitar al lector a sentir y reflexionar: “La enfermedad nos confronta con la fragilidad, pero también con el valor de los vínculos, del tiempo y de lo que realmente importa”. Desde esa mirada, la novela explora cómo, aun en medio de la adversidad, surgen la empatía, el acompañamiento y nuevas formas de comprender la vida.

La resistencia que atraviesa la obra no se manifiesta en gestos grandilocuentes, sino en la supervivencia diaria: levantarse, acompañar, recordar, seguir adelante. “Resistir no siempre significa luchar, sino aprender a habitar la fragilidad con dignidad y amor”, señala López, quien destaca el papel de la amistad y la empatía como redes de apoyo en una sociedad que avanza con prisa y, a menudo, descuida el cuidado mutuo.

La escritura del libro tomó alrededor de cuatro años, en un proceso marcado por pausas personales, investigación, documentación y un cuidadoso trabajo de edición. Para retratar con honestidad la experiencia de la enfermedad, la autora se apoyó en biografías, testimonios, documentales y películas, siempre con el objetivo de escribir desde la sensibilidad, el respeto y la empatía.

El título de la novela encierra una dimensión simbólica. A lo largo del relato, las ranas aparecen como un motivo recurrente que encuentra su significado en una leyenda incluida en uno de los capítulos: su canto no es solo un sonido, sino un llamado de amistad, de encuentro y de compañía. Así, El canto de las ranas se convierte en una metáfora del deseo de no estar solos y de hallar consuelo en los vínculos que nos unen.

Otro de los pilares narrativos es la memoria. Para la escritora, los recuerdos son el hilo que sostiene la historia: construyen el pasado, dan sentido al presente y explican las decisiones y silencios de los personajes. La memoria funciona como refugio, identidad y forma de preservar lo esencial, incluso cuando el tiempo y las circunstancias cambian.

Aunque se trata de una novela de alcance universal, la autora reconoce que dialoga de manera especial con las mujeres por la sensibilidad con la que aborda los afectos y las distintas etapas de la vida. En un panorama editorial amplio, considera que su obra se distingue por “mirar el dolor desde la ternura”, deteniéndose en los gestos mínimos, los silencios compartidos y la fuerza de los lazos que permanecen.

Conexión especial

Las primeras reacciones de los lectores han sido profundamente emotivas. Muchos han compartido que la historia los ha hecho llorar, reír y reflexionar. Además, ha generado una conexión especial el hecho de que la novela esté ambientada en Mérida, donde la cultura yucateca, sus paisajes y su esencia se integran al relato.

Para Carolina López, este libro marca una evolución personal y literaria. “Escribo para sentir y hacer sentir al lector”, afirma. La presentación en la FIL Guadalajara —considerada el encuentro literario más importante del mundo hispanohablante— representa un logro significativo en su trayectoria. “Para cualquier escritor, la FIL es un sueño”.

Por ahora, la autora se encuentra acompañando el camino de “El canto de las ranas” a través de nuevas presentaciones en The Woodlands, Texas, y Mérida, Yucatán, mientras espera que llegue la inspiración para un próximo proyecto. Siempre, dice, desde el mismo deseo: contar historias que conecten emocionalmente con los lectores y abran espacios de reflexión sobre la fragilidad humana y el cuidado emocional.