LE BOURGET, Francia (EFE).— Hoy miércoles se cumplen 50 años del primer vuelo comercial del Concorde, el invento que transformó la aviación civil al demostrar que era posible viajar más rápido que la velocidad de rotación de la Tierra.
El Concorde tenía capacidad para un centenar de pasajeros y alcanzaba una velocidad de Mach 2.04, equivalente a 2,180 kilómetros por hora, más del doble que lo conseguido por los aviones comerciales actuales. Gracias a ello, “se podía ganar tiempo al reloj” y aterrizar antes de la hora local.
Un ejemplo histórico ocurrió el 7 de febrero de 1996, cuando el Concorde cubrió la ruta Londres-Nueva York en dos horas 52 minutos y 59 segundos, un récord que permanece imbatido cinco décadas después.
Para lograr ese rendimiento, los ingenieros tuvieron que rediseñar por completo el avión. Su estructura, aerodinámica y materiales no se parecían a los de ninguna aeronave comercial conocida. “Hubo que replantear toda la mecánica”, explican los especialistas.
A medio siglo de distancia, su tecnología sigue sin repetirse. “Tal era su tecnología que no existe nada igual”, afirma François Adibi, piloto del Concorde entre 2001 y 2003.
Añoranzas
El vínculo emocional con la aeronave también fue excepcional. “Echo de menos pilotarlo”, confiesa Adibi durante una visita al Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget, donde se conserva uno de estos aviones.
El piloto describe al Concorde como una máquina única. “Tengo la impresión de que es algo vivo, como si el Concorde tuviera un alma”, dice, recordando vuelos en los que viajaron celebridades mundiales, como Michael Jackson.
Más allá de lo técnico, el Concorde fue un símbolo político y estratégico.
Francia y Reino Unido impulsaron el proyecto en plena Guerra Fría para demostrar su capacidad tecnológica frente a Estados Unidos y la Unión Soviética.
Ambos países firmaron un tratado en 1962 para compartir costos y conocimientos, conscientes de que ningún Estado europeo podía asumir en solitario el enorme gasto del proyecto. Estados Unidos intentó responder con un avión similar, pero abandonó la iniciativa.
La Unión Soviética se adelantó con el Túpolev Tu-144, que voló antes que el Concorde, aunque con problemas de seguridad y ruido que limitaron su uso comercial.
Su declive
El principio del fin llegó en el año 2000, cuando un accidente en el aeropuerto Charles de Gaulle ocasionó 113 muertes, lo que llevó a la suspensión temporal de los vuelos y dañó gravemente la imagen del avión.
Aunque volvió a operar brevemente, el contexto ya era otro. “Hubo una disminución del número de pasajeros”, explica Marion Weckerle, del Museo del Aire y del Espacio, en un mundo marcado por altos costos, el temor a volar y una mayor conciencia ambiental.
De un vistazo
Vuelo supersónico
El Concorde superaba la velocidad del sonido, lo que le permitía reducir drásticamente los tiempos de viaje y cruzar el Atlántico en menos de 3 horas.
Alianza europea
Francia y Reino Unido se unieron para desarrollar el Concorde, compartiendo gastos y tecnología en plena Guerra Fría para competir con otras potencias mundiales.
Accidente decisivo
Un siniestro ocurrido en 2000 causó 113 muertes y provocó la suspensión de vuelos, afectando la confianza en este avión.
