La corona no pesa cuando se lleva con entusiasmo, experiencia y una alegría que desborda el escenario. José Luis Góngora Domínguez, de 56 años, y Saidy del Socorro Jiménez Villanueva, de 64, han comenzado a escribir una historia distinta en el Carnaval de Mérida, en el cual la edad no es una limitante.
Como reyes 2026 de las personas mayores, ambos se preparan para demostrar que la energía no se pierde con los años, sino que se transforma y se comparte.
Desde el primer momento, el entusiasmo ha sido el hilo conductor de esta experiencia. Saidy lo resume con palabras que desbordan emoción. “La verdad, estoy muy entusiasmada y con muchas ganas de entregar toda esta alegría que hay en el corazón. Mucha positividad y mucha energía. Estamos en lo nuestro, que es transmitirle a la gente la energía que tenemos desde que estamos en la Tierra; somos esa energía”.
José Luis comparte el sentimiento y se dice muy motivado y feliz de poder representar y llevar la corona del adulto mayor.
“Trataré de hacer lo mejor posible para ofrecer un mejor Carnaval, un excelente trabajo y, junto con Saidy, disfrutar al máximo de esta bonita experiencia”.
Para él, portar la corona es un honor, por lo cual invita a otros adultos a atreverse a buscarla: “Es algo único; todo adulto debería pensar en algún momento en inscribirse para participar en esta categoría, llevar la batuta y representar a los adultos mayores con muchísimo orgullo”.
En el caso de José Luis, el Carnaval no es una novedad, sino una constante de vida. “Toda la vida he participado en el Carnaval de Mérida; lo llevo en la sangre. Es un estilo de vida para mí y no me ha importado la edad para participar”, señala.
Durante más de dos décadas fue director de la comparsa de la colonia Nueva Mulsay, experiencia que marcó su carácter festivo y organizador. “Mi comparsa era muy distinguida y hoy lo vivo desde otro lado. Todo llega en su momento y creo que éste es el mío; lo estoy disfrutando al máximo”.
Saidy llegó desde un camino distinto, dividido, como ella misma dice, en dos mundos. “Tengo dos vidas, una muy seria y otra muy social”, revela.
Bailarina de belly dance y danza gitana, y al mismo tiempo maestra de yoga, su decisión fue impulsada por amigos y alumnos. “Tuve que pasar mi filtro social por el filtro espiritual y decir: ‘Bueno, vamos’”.
El concurso para elegir a los soberanos fue una experiencia reveladora: “Cuando dijeron mi nombre… ahí estalló todo. Es una prueba para mí misma de adónde puedo llegar y qué quiero mostrar”.
Con buena química
La química entre ambos reyes es evidente. Saidy reconoce que la experiencia de su compañero ha sido clave. “Me ayuda mucho la alegría del rey y su preparación de tantos años”.
José Luis, por su parte, señala que las personas mayores son expertas “porque llevamos la experiencia en la piel, en la sangre y en la mente… La piel puede arrugarse y las canas pueden estar ahí, pero mientras te sientas vivo y pleno, siempre habrá alegría”.
Los compromisos son intensos, pero ninguno los ve como obstáculo. José Luis agradece el respaldo de su familia y de su trabajo como maestro, consciente de que “el peso de una corona es grande”. Saidy, ya acostumbrada a los ensayos y respaldada por su familia, lo resume con naturalidad: “No lo siento pesado”.
Ambos coinciden en que este Carnaval sorprenderá. “No vamos a bailar solo el chachachá o el mambo que a veces esperan del adulto mayor”, advierte José Luis.
Saidy lo complementa desde el cuerpo y el movimiento. “Yo soy de hablar poco, pero en lenguaje corporal y transmisión, eso es otra cosa. Ahí es donde suenan mis castañuelas”, confiesa.
Coinciden en que brindarán toda su energía y alegría para recordar a la ciudad que la verdadera juventud se mide en ganas de vivir.
