Se apaga el esplendor de una zona patrimonial de la capital yucateca, donde pese a la modernidad aún sobreviven edificaciones con valor histórico y artístico.
Casas espléndidas de amplios jardines y espacios abiertos que diluyen los límites entre el dentro y el fuera. Simplicidad de formas, funcionalidad, juegos de planos horizontales y verticales, más luz natural, más aire, nuevas vistas.
La cálida colaboración de la arquitectura con la naturaleza hizo de la colonia México uno de los sitios más especiales y distintivos de la ciudad, el símbolo de una época.
El proyecto fallido de la colonia México
La colonia México surgió a finales de los años 40 del siglo pasado, bajo el gobierno de Ernesto Novelo Torres, período en que se expandió la ciudad de Mérida y la arquitectura se abrió a influencias innovadoras traídas por jóvenes yucatecos educados en el extranjero.
En realidad, los orígenes de esta colonia con abolengo fueron humildes, al menos en la intención, cuenta la doctora en Arquitectura Elvia González Canto. Nació como un proyecto para aportar a la ciudad una zona donde pudieran construirse casas para las clases media y obrera.

Desde finales del siglo XIX la vivienda social era una inquietud en varias ciudades del mundo, recuerda. El gobierno estatal se sumó a la iniciativa mediante la creación de Fomento de Yucatán, un organismo “autónomo” enfocado en el desarrollo de la actividad económica del Estado, pero que tenía entre sus objetivos “procurar la elevación del nivel de vida de las clases trabajadoras”.
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¿Cómo surge la colonia México de Mérida?
Aunque Mérida era aún una ciudad pequeña, en esa década había registrado un crecimiento poblacional importante: pasó de los 98,852 habitantes que tenía a principios de los 40 a unos 150,000 al comenzar los años 50, otra razón de peso para emprender grandes proyectos de urbanización.
Fomento de Yucatán adquirió 56 manzanas de puro monte ubicadas al norte de la plaza de Itzimná para construir el nuevo desarrollo habitacional, al que el gobierno bautizó con el nombre que conserva hasta nuestros días.
Su traza fue la tradicional y las manzanas de proporciones, dimensiones y orientación similares a las de la colonia García Ginerés.
Servicios y facilidades para una casa en la colonia México
“Contará con todos los adelantos urbanos. Tendrá anchas calles y hermosos jardines, un parque, una escuela y toda clase de servicios públicos. Las casas que en ella se construyen son preferentemente modestas, pero cómodas e higiénicas”, anunció el gobierno.

En 1948, Diario de Yucatán publicó el plano del nuevo suburbio con la ubicación del equipamiento ofrecido –cine, comercios, escuela de artes y oficios, mercado, un casino obrero- y los incentivos para la adquisición de los terrenos, como la exención del impuesto predial y un plan de compra a plazos.
Sin embargo, no hubo la respuesta esperada. “La nueva colonia quedaba lejos del centro y no contaba con los servicios básicos ni con buenas vías de comunicación: la prolongación de Montejo era todavía una carreterita blanca que seguía hasta Progreso y el otro acceso al sitio, el camino a Itzimná, era apenas una brecha”.
Otra estrategia para habitar la naciente colonia México
Pasaron varios años sin que lotes y casas lograran despertar interés.
Y aunque el gobierno quiso mantenerse fiel al plan original de crear un asentamiento para obreros, entrados los años 50 el discurso dio un giro: “Fomento de Yucatán” cayó en bancarrota y comenzó a ofrecer a inversionistas lotes grandes para residencia señorial, colegios o clubes y a promover la zona como “el mejor lugar de Mérida para vivir”.
Este cambio de orientación hacia un nuevo mercado se consolidó con la construcción de un tramo importante de la Prolongación del Paseo de Montejo (llamado entonces Paseo Nachi Cocom), apunta la doctora González Canto.
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De modestas viviendas a residencias exclusivas
Del equipamiento prometido, la colonia sólo contó con el parque, construido en los años 60, y la Escuela de Artes y Oficios (1948), obra del arquitecto Leopoldo Tommasi López.
Sin embargo, en 1954 los Hermanos Maristas trasladaron a la vecina Itzimná el Colegio Montejo, lo que cubrió un faltante del equipamiento educativo para el sector de alto poder adquisitivo y ayudó a detonar la construcción de residencias para la clase adinerada.
Fue así como el fallido proyecto del gobierno estatal para abatir la falta de vivienda obrera resultó en el emplazamiento residencial más exclusivo de la ciudad.

Transformación social de la colonia México
La nueva colonia comenzó a poblarse con los hijos de personas que vivían todavía en los barrios antiguos del centro o en zonas no tan alejadas, como la García Ginerés.
En otros casos se mudaron familias completas, como los Chapur, que construyeron varias casas juntas para que los papás y los hijos, que ya tenían sus propias familias, estuvieran cerca.
En su mayoría, los nuevos residentes eran matrimonios jóvenes, que ya estaban involucrados en las empresas familiares o comenzaban a ejercer sus profesiones. Muchos regresaban de estudiar en el extranjero y traían impregnadas las ideas de lo que estaba en boga en esos lugares.
¿Quiénes fueron los primeros habitantes de la colonia México?
Gran parte de la gente que llegó a la nueva colonia era dueña de comercios, empresas e industrias que comenzaron a surgir con la incipiente diversificación de la economía local tras la debacle de la industria del henequén, señala.
La colonia México fue, pues, testimonio de una sociedad en rápida transformación, con una emergente clase burguesa que incluía a los políticos.
Fueron varios los hechos que la convirtieron en la zona residencial preferida de las clases acomodadas, evoca la arquitecta. “Si ‘Fomento de Yucatán’ hubiera concretado la urbanización como marcaba el proyecto original, sería hoy una colonia de obreros, algo así como Cordemex o la Jesús Carranza”.
“Su historia cambió sin que se diera un proceso de especulación. Las cosas sucedieron de tal manera que un grupo social vio una oportunidad y la aprovechó”, considera la experta.
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Escaparate del talento arquitectónico y diseño yucatecos
En la colonia México comenzó a formularse la Mérida moderna de los años sesenta, una ciudad abierta a nuevas ideas y a una nueva forma de vida.
Y aquella corriente de renovación tuvo como actores clave a los más grandes personajes de la arquitectura y el diseño del siglo XX en Yucatán: Félix Mier y Terán Lejuene, Fernando García Ponce (además un gran pintor), Alberto García Bolio, Mario Duarte Carrillo, Fernando López Escalante, Felipe Rincón, Álvaro Ponce, Ulises González Torre, Fernando Roche, Carlos Castillo Montes de Oca, Francisco Rubio Ibarra… que hicieron de la zona un sitio singular con obras en las que expresan una nueva actitud cosmopolita y buscan una forma de comunión con su contexto.
En ese momento el movimiento moderno –que significó una verdadera revolución en el campo de la arquitectura y el mundo del arte- estaba en auge en todo el mundo.
La colonia México, un ejemplo de la arquitectura moderna
En Ciudad de México se acababan de construir los multifamiliares de Mario Pani, la Ciudad Universitaria, el Pedregal… esto es, “los nuevos códigos arquitectónicos y la inclusión de innovadores materiales y técnicas constructivas se estaban aplicando ya en el país”, cuenta la doctora González.
Los códigos de la arquitectura moderna, visibles en las residencias de la México, son principalmente losas delgadas, columnas metálicas colocadas en V, techos de ala de mariposa y lo más importante: un estatus fluido. Aparece la ventana en la esquina, que proporciona una visión franca del exterior y expande el espacio, explica.
“Además, hay congruencia con las características climáticas de la región, la mayoría de los arquitectos conocía bien el medio ambiente y lo respetaba”.

Las casas, centro, eje del contexto urbano
“Uno de los conceptos más innovadores e importantes que causó más asombro a los meridanos de ese entonces son las casas sin barda. Hay una nueva relación con el contexto urbano, no hay límites… y cuando los hay, son casi imperceptibles. La casa se lleva al centro del espacio e incluso comienza a girar, cosa que no se había visto antes”.
Mier y Terán, quien estudió en el prestigioso Rensselaer Polytechnic Institute de Nueva York, gira la casa totalmente en diagonal a partir de una esquina y le da un lucimiento total.
Un bello ejemplo de este recurso inusual era la residencia de la familia Martín frente a la glorieta de la paz, que lamentablemente sufrió una serie de modificaciones que deformaron su aspecto original y la convirtieron en el adefesio donde atiende a sus clientes una compañía telefónica.

La colonia México, víctima de la destrucción masiva
Lamentablemente, en los últimos años la colonia México ha sido víctima de una demolición masiva, acusa la doctora González.
“Ni la gente ni las autoridades entienden el valor de estas casas, que además ofrecen espacios tan grandes que perfectamente, sin destruir su esencia, pueden adaptarse a un negocio, ofrecen muchas facilidades por su planta libre”.
“La gente no entiende ese valor”, insiste. “Estoy segura de que todo lo que tienen hoy en la ‘bodega’ de Telcel cabía perfectamente en la casa original y el negocio pudo haber tenido un valor agregado maravilloso. Ese es parte del problema: creer de manera equivocada que no puede haber adaptación sin destrucción”.
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Sitios emblemáticos luchan por sobrevivir
A pesar de la implacable destrucción de muchas edificaciones originales, quedan todavía varias edificaciones significativas que deben ser salvadas, dice con evidente inquietud.
“No sé si aún estamos a tiempo. Aún quedan dos o tres de Fernando López Escalante, algunas de Félix Mier y Terán, una del ingeniero Bojórquez que está restaurada de manera maravillosa, conserva su espíritu y tiene una adecuación a las nuevas necesidades”.
Conservar no es momificar, observa. La arquitectura tiene que estar en constante cambio, pero los edificios significativos no deben perder las cualidades que permiten identificarlos como parte de algo.
“Existe la idea equivocada de que los arquitectos no queremos que se cambie nada y que la ciudad se fosilice… No, pero deben permanecer elementos característicos visibles, que dotan de personalidad propia a las construcciones y permiten identificarlas como parte de una época”.

El tiempo pasa… y la colonia México pierde brillo
Actualmente la colonia México comprende, con todo y sus anexiones, unas 75 manzanas. Sus vecinas son: al poniente, la colonia Buenavista; al norte, San Antonio Cinta III; al oriente, la Felipe Carrillo Puerto, y al sur, Itzimná. Con algunas comparte características y semejanzas.
Las ciudades son organismos vivos que, como el cuerpo mortal, evolucionan y envejecen, un proceso natural de la existencia, reflexiona la arquitecta. Y como es obvio, el paso del tiempo no repercute en todos de la misma manera.
En torno a los 70 años, la residencial colonia México ha perdido gran parte de su esplendor: la mayoría de sus edificaciones más representativas fueron destruidas o víctimas de remozamientos poco respetuosos y está convertida en una bulliciosa zona comercial con publicidad en todos los rincones, cafeterías, trattorias italianas, restaurantes brasileños y argentinos, vinotecas, cervecerías, oficinas de gobierno…
Éxodo de sus habitantes e ignorancia oficial
“Es un proceso natural. Las casas van quedando solas. Los dueños han envejecido, sus hijos han formado sus propias familias y se han mudado a otros rumbos. Es la ley de la vida, no podemos culpar a los propietarios, las casas les quedan grandes y buscan venderlas o rentarlas”.
El problema está en lo que no se ha hecho para proteger la zona, acusa. Falta un catálogo de las edificaciones y de los elementos que deben permanecer, porque no es posible conservar todo.
Hay una declaratoria de la colonia como Zona de Patrimonio Cultural emitida en 2004 y actualizada en 2008 y luego en 2012, cuando se sumaron áreas que no habían sido incluidas.
“La declaratoria y el reglamento que la acompaña están bien, el problema es que la colonia es enorme y no existe el catálogo que debería completar esos instrumentos. No se ha hecho el trabajo fino: cuando un propietario quiere cambiar algo, las autoridades no saben qué hacer, porque no hay nada que indique qué puede ser intervenido y qué no”.

Se pierde la memoria histórica de la colonia México
Pese a todo, la zona no se ha despoblado, lo que ocurre es que sus casas resultan muy atractivas para los negocios, por el tamaño del terreno, la amplitud de las calles, la generosidad de las escarpas, las zonas arboladas, dice. “Es una colonia bonita y caminable”.
Y como todas las avenidas de la ciudad fueron declaradas corredores urbanos y pueden instalarse en ellas todo tipo de negocios, muchas arterias de la colonia se han convertido en zonas comerciales y muchas casas -deshabitadas, en renta o en venta- semejan cuerpos sin alma a la espera de convertirse en tiendas u oficinas.
“El Ayuntamiento ha permitido la demolición de muchas casas, sobre todo en las dos últimas administraciones y la verdad, no veo que las declaratorias de zona patrimonial –un esfuerzo extraordinario de gobiernos pasados- lleguen a buen puerto”.
“El dinero, la utilidad, pasa por encima de la memoria histórica de la ciudad. Y es algo que pagaremos tarde o temprano, porque Mérida está perdiendo los rasgos y los valores que la hicieron tan singular”, concluye.

