Abajo, las letras turísticas de San Crisanto buscado por visitantes para tomarse la foto del recuerdo
Abajo, las letras turísticas de San Crisanto buscado por visitantes para tomarse la foto del recuerdo

Hace 50 años, el puerto yucateco de San Crisanto, comisaría de Sinanché, no aparecía ni en el mapa de la República mexicana por su pequeñez y por carecer de una distinción que lo mostrara al mundo.

Hoy, el nombre de San Crisanto se conoce entre organizaciones mundiales, en la ONU y en los eventos internacionales de prestigio donde al menos ha recibido 20 premios y es pionero en el proyecto de ecoturismo, preservación del medio ambiente, rescate de manglares y humedales, investigación del coco, captura de carbono y educación ambiental.

Ese conglomerado de éxitos globales ubican a San Crisanto en el lugar número 100 del ranking mundial de historias sobre turismo sustentable, un reconocimiento que ningún otro lugar de México posee. El proyecto de ecoturismo permite que cada año al menos 20,000 turistas internacionales lleguen a este pequeño puerto yucateco y generen una derrama económica al pueblo y prestadores de servicios turísticos del Estado.

“San Crisanto está en el mundo turístico, mundo ambiental y mundo del desarrollo comunitario sustentable”, afirmó José Inés Loría Palma, fundador y presidente de la organización Ejido San Crisanto, que en este 2025 recibió el premio en la categoría Naturaleza y Paisaje del Green Destination Story Awards en la pasada Feria Internacional de Turismo en la ciudad de Berlín, Alemania.

¿Qué más se puede esperar de San Crisanto? se le pregunta a Loría Palma, líder del movimiento ambiental, en una entrevista en el marco del anuncio de dicho premio.

“El año pasado cumplimos 50 años de existir como ejido y hace 30 años, cuando los huracanes ‘Ópalo’ y ‘Rosana’ nos obligaron a trabajar con la naturaleza, a rescatar los manglares y humedales, a partir de allí se dio todo un movimiento nuevo para nosotros, porque era un tema que desconocíamos exactamente, no sabíamos qué hacer, pero sabíamos que teníamos que actuar para vivir”.

“Hoy, a 30 años de esa historia, tenemos avances, necesitamos fortalecer todo el proceso que tenemos porque si no, pues nos vamos a estancar”, advirtió. “San Crisanto ha tenido varios reconocimientos, ahora el más reciente es sobre el uso de los recursos naturales, esto nos obliga a ser mejores todavía. Digamos que San Crisanto evoluciona en diversos temas globales y saben que somos pioneros en la producción de coco, en la investigación de coco, que producimos sal artesanalmente, que tenemos la actividad pesquera, aunque la actividad pesquera va en decadencia y allí hay que tomar las riendas del tema porque si no, el mar lo vamos a convertir en un desierto acuático”.

El directivo relató que los huracanes mencionados inundaron San Crisanto, más que el poderoso ‘Gilberto’, llamado ‘huracán del siglo’ en 1988 cuyo ojo pasó sobre este puerto y dejó un enorme cráter de arena, y sin saberlo, allí empezaron a escribir su propia historia que lleva 30 años porque, según dijo, se dieron cuenta que la falta de drenajes en la carretera ocasionó la inundación de la población, porque el agua no podía regresar al mar de donde salió.

Empezaron a abrir drenajes con 20 bultos de cemento y a restaurar los manglares y humedales para que regresara el agua al mar. Y hoy, los árboles de mangles tienen hasta 20 metros de altura y forman un vistoso bosque verde que les permite la captura de carbono, que convirtió a San Crisanto en el primer puerto yucateco, mexicano y latinoamericano en monetizar esa parte de la naturaleza.

Hoy, los pobladores de San Crisanto saben que los manglares y humedales tienen valor y los cuidan y protegen de los depredadores inmobiliarios y vigilan a sus autoridades ejidales y municipales en la autorización de proyectos para el puerto.

“Hoy, nos buscan organizaciones internacionales para asesorías en desarrollo comunitario y conservación de la naturaleza, pero cuando iniciamos ni sabíamos del bono de carbono, ni teníamos certificación, no sabíamos nada”, reveló.

La naturaleza, el mayor valor de San Crisanto

“Hoy, lo que vale en San Crisanto no es la playa, sino todo lo verde, lo que vendemos es naturaleza. La Conabio clasifica los manglares y humedales de nuestro puerto como los mejores del país. En los programas sociales de las organizaciones nos colocan a nivel de primer mundo, la naturaleza se valora hoy como un diamante”.

Gracias a una conferencia que ofreció la ambientalista y exsecretaria de Medio Ambiente Julia Carabias Lillo fue que Loría Palma supo el valor de la naturaleza, en especial de los manglares y humedales. Habló con ella y le recomendó que hablara con expertos de la organización C2 y cuando ubicó esa oficina estaba en el edificio de la Bolsa Mexicana de Valores y de allí le dieron referencias para que buscara orientación en Costa Rica, Brasil y Colombia, que eran países adelantados, pero costaban mucho dinero las asesorías, por lo que prefirieron certificar su proceso bajo los lineamientos de la NOM de Semarnat y en 2017 recibieron la certificación.

Hoy el Ejido San Crisanto es dueño de la UMA de 1,020 hectáreas y del proyecto ecoturístico que consiste en paseos en lancha sin motores entre manglares donde pueden avistar alguno o varios de los 370 cocodrilos marcados; disfrutar de una extensa playa reforestada con cocoteros, con cabañas, áreas para acampar y fijar sombrillas, servicios sanitarios y de regadera, gastronomía local y dulces de coco.

La tarifa de entrada a la playa es de $110 por persona y la pernocta en campamento de $220. La renta de chozas con dos habitaciones es de $1,400 por día.

Erosión costera, un problema en San Crisanto

Un problema grave que afronta el puerto de San Crisanto es la erosión costera. Hasta hace algunas décadas, este puerto tenía una amplia playa de arena blanca y era la predilecta del turismo local, principalmente de gente de bajo ingreso. Sin embargo, a raíz de los huracanes que pasan por el Océano Atlántico y la mala construcción del refugio pesquero, este puerto ha perdido más de 100 metros de playa frontal, lo que literalmente lo deja con mínima franja de playa para los turistas y bañistas.

“Como en muchos lados, ya es notoriamente significativa la erosión en San Crisanto porque cuando se construyó el refugio pesquero no se previeron las medidas de mitigación que permitieran el manejo de arenas que dejan de circular por los diques o las escollera del río pesquero”, explicó. “Eso nos ha afectado más de 100 metros de playa en la zona urbana sobre todo. Pero eso no implica que no podamos hacer algo, desde luego que todo es corregible, todo puede ser mejorado, ¿no? Se puede ir corrigiendo con el esfuerzo de todos, pobladores, autoridades marítimas, municipales, estatales y federales”.

“Aquí la idea es que podamos hacer en un frente de playa aproximadamente de 7 kilómetros, que es lo que corresponde a San Crisanto, para implementar acciones de restauración de las arenas de la playa y garantizar, por un lado, una estancia segura para los que habitamos en San Crisanto, pero a su vez permitiría también proteger la actividad pesquera”, dijo.

“Hay que fortalecer los arrecifes artificiales, esto permitiría que haya espacios o sitios para que los peces se puedan resguardar, alimentar y reproducir sin problemas. Esto implica un manejo muy a conciencia de educación ambiental, pero sí es posible porque esta administración federal tiene un programa que se llama Refugios Pesqueros que promueve en el país. Es un programa que tiene el apoyo de la ONU, que quiere fortalecer también las acciones para contener la erosión de las playas. Es cuestión que nos sentemos usuarios y autoridades de todos los niveles y definamos una estrategia correcta para frenar la erosión y rescatar kilómetros de playas en Yucatán”.

Este es el siguiente desafío, reto y sueño del Ejido de San Crisanto. Ya sabe el camino del trabajo a favor de la naturaleza y que hoy tiene valor de diamante. Sin embargo, el avance del desarrollo turístico de la costa es un riesgo.

“Ya he visto que están construyendo en forma rápida. Sabemos que los inversionistas ven a San Crisanto y Telchac, su vecino porteño, como un filón muy preciado para el turismo, sí hay riesgos, sí hay amenaza, pero la comunidad está muy abusada, está muy pendiente de los proyectos que la autoridad local autorice con el cambio de uso del suelo y vigila que no sea en forma arbitraria e ilegal, que respete la ley que establece el programa de ordenamiento costero. Sólo así, San Crisanto mantendrá su liderazgo ambiental y un mejor futuro para sus habitantes.

Y José Inés advierte: “el Ejido es dueño de 1,472 hectáreas de la tierra costera, aún tenemos el control del acceso a esta propiedad y estamos dispuestos a disuadir las acciones que vulneren este derecho ejidal. Hasta hoy, no hay intentos de invasión de nuestras tierras y costa”.

San Crisanto vende alrededor de 3,000 noches en sus cabañas y recibe unas 20,000 visitas al año, lo que lo convierte en un modelo exitoso de turismo sustentable.

Joaquín Orlando Chan Caamal, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM); es periodista desde 1987 y en 1993 ingresó a Diario de Yucatán, buque insignia de Grupo Megamedia. Escribe sobre el ámbito local y peninsular, especialmente contenidos sobre educación, economía, medio ambiente, sectores empresariales, sociedad y seguridad.