“La tragedia no es la migración, la migración no es la enfermedad, es el síntoma de un sistema enfermo; el sistema global está enfermo, la humanidad está enferma y ¿por qué se enferma? Porque nos hemos deshumanizado”, afirmó el presbítero Alejandro Solalinde Guerra.
Fundador del albergue “Hermanos en el Camino” de Oaxaca, anteayer martes participó en una conferencia sobre el tema de los derechos humanos de los migrantes.
“Los derechos humanos no necesitan pasaporte” fue el nombre que se dio al encuentro, que se realizó en el restaurante y foro cultural Amaro.
El evento contó también con la participación del presbítero Lorenzo Mex Jiménez, responsable de la Pastoral de Movilidad Humana Yucatán; y del TS Enrique Puc Rosado, encargado de las Casas de Acogida para Migrantes en Yucatán; y como anfitriona y moderadora, la activista Olga Moguel.
En su intervención, el padre Solalinde Guerra señaló que la humanidad se ha separado de dos grandes ejes o motivos para vivir, que dan sentido a la vida: Dios, “como cada quien lo entiende, como cada quien lo considera…”, y el ser humano.
“La tragedia de este momento es la deshumanización. Nos hemos olvidado del hombre, nos hemos olvidado de Dios. Y al olvidarnos de ellos dos, nos olvidamos de nosotros mismos”.
“¿Por qué se ha dado esa deshumanización? ¿Por qué tanta falta de consideración de unos con otros? ¿Por qué no hay aprecio? ¿Por qué no hay valoración? ¿Por qué competimos? ¿Por qué nos juzgamos? ¿Por qué nos calificamos? ¿Por qué nos violentamos, como lo estamos viendo en todos los países y en todo el mundo?”, cuestionó.
“¿Por qué no nos apreciamos, no nos queremos? ¿Tenemos miedo unos de otros?”, expresó.
El problema es una mala educación, una mala formación, pues quienes tienen la obligación de formar no lo están haciendo, añadió.
“La familia ya no es tan fuerte como para formar a un ser humano que no explote a sus hermanos más tarde, o que no haga daño. Tampoco lo es la escuela, que está buscando siempre un nuevo cauce, pero no acaba de formar interiormente e integralmente a las personas”.
“Y de la Iglesia ya ni hablamos. Yo soy católico, tengo 51 años de sacerdote, amo profundamente a la Iglesia, pero se ha dedicado la mayor parte del tiempo al culto, a la liturgia, a todo lo que es la religión y se ha olvidado de la evangelización y eso no lo digo yo, lo han dicho los últimos Papas”.
Hay que leer con otros ojos lo que está pasando, aseveró. Hay que indignarse, preocuparse, buscar estrategias para poder ayudar, aunque también cada uno debe pensar quién es “dentro de esta migración existencial, que vivimos para amarnos unos a otros, para valorarnos y ayudarnos, porque nacimos para amar y para ser amados también, y eso nos enseñan los migrantes”.
Luego resaltó que se vive lo que nunca se había visto, una aporofobia, un odio a los pobres, llámense migrantes o pobres, “porque no todos los que están en Estados Unidos, más de 30 millones de pobres son emigrantes, la mayor parte son anglos que están viviendo ahí y que están sufriendo muchísimo”.
Ricos y pobres, víctimas de un mismo sistema
“Tampoco habíamos visto una guerra entre magnates. Sí, pleitos en las familias, claro que sí. Familias reales, familias nobles, las hemos visto toda la historia. Pero esto es otra cosa, esto es ya una guerra de grupos de los más ricos del mundo contra otros magnates del mundo, pero que coinciden en una sola cosa el odio a los pobres, la aporofobia”.
Ricos y pobres son víctimas del sistema neoliberal socialista, consideró.
“Yo jamás he sido comunista ni seré comunista, ni siquiera me considero socialista (…) pero, fíjense, lo que estamos viendo ahora es consecuencia de este sistema que los mismos humanos inventamos, pero que después ya no pudimos controlar”.
“La deshumanización es a causa del valor tan grande que le hemos dado a lo material”.
Por su parte, el padre Mex Jiménez habló de la labor que se hace en Yucatán con los migrantes, y de cómo trabajan y responden a las necesidades de la gente en movilidad humana que está en el estado.
“No son delincuentes, sino que son personas que están buscando mejores oportunidades de vida”.
Una historia escrita con sangre
Asimismo, recalcó que hay una falta de respeto a la dignidad humana, sobre todo hacia los migrantes.
“La historia de los migrantes está escrita no con tinta, sino con sangre. Ellos hacen mucho de su parte y no siempre consiguen buenos resultados. Para ellos, ese sueño de llegar a Estados Unidos tiene un costo muy alto. Han pagado con sudor, lágrimas y sangre”.
También destacó que hay que ponerse en el “pellejo” de los migrantes para no ser insensibles para ser misericordiosos con ellos y para ver en cada uno a un hermano necesitado de ayuda.
Puc Rosado, quien trabajó con migrantes durante tres años en Nuevo Laredo, recordó que son personas de carne y hueso, no son números.
“Las estadísticas suelen llamar la atención, y a veces perdemos ese sentido de pensar que es una persona, un ser humano”.
Después apuntó que cada región tiene una realidad muy diferente en el tema de la migración.
Según contó, las casas que reciben a los migrantes en Mérida, que son tres, han atendido a inmigrantes de Ucrania y África, así como migrantes internos de Chiapas y Playa del Carmen.
En el estado no se tienen masas de migrantes, “pasa una familia, después otra y así. Eso nos permite tener la mayor caridad con ellos”.
“Caridad no quiere decir darles de todo, consentirles todo, sino que hay cuatro verbos que nos dan en la pastoral: acoger, proteger, promover e integrar”.
“No solamente darle el pan de comer, qué va a comer, sino también integrarlo, promoverlo, rescatar su dignidad que muchas veces ha sido pisoteada”.
Al igual que ambos sacerdotes participantes, exhortó a recobrar el sentido de la humanidad.
“Están suicidándose”
“Están fregados porque están suicidándose y ellos no lo saben. ¿Saben que tenemos una sola vida? y se les está yendo. Dedican toda su vida para juntar cosas que nunca se van a llevar”.
También exhortó en el acto tan breve de la vida a no vivir para acumular cosas que después se van a dejar, sino a darle sentido a la vida con sus actos. De igual manera, aseguró que “no hay tiempo, el tiempo está corriendo”.


