Antes, la compra se hacía con calma y de memoria. Un kilo de frijol, medio de azúcar, huevos, tortillas, un refresco… Hoy, en muchos hogares yucatecos, el acto de consumir implica comparar precios, elegir marcas más económicas, reducir cantidades y, cada vez más, comprar en línea.
Esta tendencia no es aislada, actualmente. Según datos del EY Future Consumer Index, el 74% de los consumidores ha modificado sus patrones de compra debido al alza de precios.
Entre la presión económica, la expansión de los supermercados y la irrupción tecnológica, los hábitos del consumidor han cambiado.
Irma Canul, propietaria de una tienda en Maxcanú, es testigo de esta transformación en primera fila.
Cuando abrió su negocio, hace tres décadas, vendía “absolutamente de todo”. Hoy, afronta una realidad donde el 78% de los clientes nota que los empaques son más pequeños, de acuerdo con el mismo estudio.
En la primera década de 2000, con las crisis económicas, el fiado se volvió una práctica común en las tiendas de la esquina, que luego fueron afectadas con la llegada de los supermercados, cuenta la comerciante.
“Los clientes sacaban mercancía a crédito y pagaban a la semana o a la quincena, para volver a fiar de inmediato”, explica.
Sin embargo, el verdadero quiebre llegó con la apertura de los supermercados.
Los vales de despensa y la oferta de marcas hicieron que muchas familias dejaran de surtirse en la tienda de la esquina.
De hecho, casi la mitad de los compradores hoy prefiere tiendas de descuento y un 43% elige marcas blancas o de menor costo.
“Ahora la tienda es como para sacar de apuro al cliente”, explica Irma Canul.
Lo que no se puede comprar por kilo o paquete en el súper (diez pesos de queso, cien gramos de jamón, tres barras o medio kilo de tortilla) sigue sosteniendo al pequeño comercio, que hoy vende más refrescos, botanas y galletas que abarrotes.
El cambio generacional también es evidente. Mientras las personas mayores comparan precios y marcas, los jóvenes entran, toman lo que les gusta y pagan sin preguntar cuánto cuesta.
Eso sí, el efectivo sigue mandando. Son pocos los clientes que preguntan por pago con tarjeta.
La IA para gestionar compras
En el caso de los jóvenes, la llamada Generación Z, para ser precisos, el 44% utiliza inteligencia artificial para gestionar sus compras, mientras que el 37% de los millennials confía en algoritmos para cazar promociones.
Rocío Pérez Espinosa, vecina de Vergel, confirma lo que ocurre en muchos hogares. Antes de la pandemia, hacer el súper era una actividad “natural” en la que se llenaba el carrito sin mirar precios.
Todo cambió cuando por la contingencia sanitaria ella se quedó sin ingresos, debido a que los eventos sociales, giro en el que trabajaba, se suspendieron. Además, el salario de su esposo se redujo en un 20%.
Aunque las cosas se han normalizado, y sueldos y eventos han vuelto a la normalidad, la inflación hizo que la pareja se vuelva más selectiva, dejando los supermercados para optar por una cadena local. Asimismo, empezó a prestar atención a ofertas y promociones, sin sacrificar del todo la calidad. El súper solo quedó para productos especiales.
Con base en el estudio “Lo que importa al consumidor de hoy”, realizado por Capgemini, ante la inflación, el 35% de los mexicanos ha optado por reducir las cantidades que compra, priorizando productos funcionales y, en el caso de los más jóvenes, marcas con sellos de sostenibilidad.
Para José Enrique Molina Casares, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco Servytur) Mérida, estos cambios responden tanto al contexto económico como a la evolución social.
“Mérida es una sociedad de consumo, o sea, hay muy poca industria, entonces hay más consumo”.
Desde su perspectiva, la transformación también se nota en la ciudad.
“Hemos visto más apertura de restaurantes y de tiendas de diferentes tipos, ahora sí que de productos, entonces, sí, definitivamente el consumo ha cambiado”.
Él considera que plazas comerciales, tiendas con productos importados, auge de ropa deportiva, bares y cantinas regionales forman parte de un nuevo mapa comercial que responde a un consumidor más diverso.
Sobre la preferencia entre lo local y lo extranjero, Molina Casares señala que los consumidores “prefieren de todo”, aunque el precio sigue siendo un factor clave, pero no el único.
“Yo creo que hay gente que busca precio y hay gente que busca calidad. ¿Me explico?”, dice. A la par, el consumo en línea ha modificado la experiencia de compra: “Entonces, hay mucha gente que ya agarra y se la hace muy fácil comprar en estas plataformas digitales, te llega a tu casa y si no te queda o no te gusta, puedes agarrar y regresarlo”.
