CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)

Aterradoras imágenes de los “campos de reclutamiento y exterminio” del narcotráfico en México, donde la realidad supera a la ficción, dan la vuelta al mundo. La difusión esta semana de escenas de terror, con restos humanos calcinados y objetos personales abandonados, “protegidos” por la Santa Muerte, nos confronta con una tragedia que creíamos lejana.

El escándalo por el hallazgo de fosas clandestinas en Jalisco y Tamaulipas nos acerca al horror de las desapariciones de jóvenes en todo el país. Cifras del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia indican que el número de personas desaparecidas aumentó 7.3% en 2023, creció 6.3% más en 2024 y este año sigue en ascenso (bit.ly/3Fv5v7j).

De los 122,000 desaparecidos reportados en México, un alto porcentaje son jóvenes. De éstos, las mujeres de 15 a 19 años representan el 22% del total, como lo confirmarían los hallazgos en Teuchitlán, Jalisco, “un recordatorio profundamente perturbador del trauma de las desapariciones vinculadas con el crimen organizado”, según denuncia la ONU.

Ocultada por el gobierno, esta tragedia juvenil no es nueva para muchos mexicanos. En los últimos años, la prensa libre ha informado con detalle sobre el violento proceder de los cárteles de la droga. Periodistas como Manu Ureste han retratado, en crónicas, reportajes y libros, una realidad en la que la corrupción y la pérdida de valores desempeñan un papel central.

En “Vivir con el narco”, su último libro, Ureste describe cómo cientos de jóvenes, víctimas de adolescentes “desquiciados por las drogas”, son reclutados por la fuerza, “porque si no lo hacen los torturan, los desmiembran, y luego van por sus familias”. También nos alerta de la creciente veneración a la Santa Muerte, peligrosa salida ante el vacío espiritual.

EL GRAN AUSENTE

“El Estado mexicano ha actuado en complicidad con los perpetradores de esta tragedia, que revela la sistemática desaparición, el reclutamiento forzado y el exterminio de jóvenes”, denuncian 200 colectivos de búsqueda y defensores de los derechos humanos. “Ha sido el gran ausente, con un silencio cómplice”, señalan la ONU y Amnistía Internacional (bit.ly/43Vivgu).

Para los obispos de México, los hallazgos en Jalisco y Tamaulipas evidencian la “omisión irresponsable” del gobierno ante “uno de los problemas más críticos que enfrenta el país: la desaparición de personas” (bit.ly/4kUFrCI). Le exigen que deje de evadir su responsabilidad o de “intentar ocultar la realidad”, y lo exhortan a investigar los hechos con transparencia y eficacia.

En respuesta, Claudia Sheinbaum afirma que los obispos “no tienen la información correcta”. En lugar de comprometerse a investigar las denuncias, desacredita la protesta episcopal y promete que “la próxima semana” dará toda la “información correcta” (bit.ly/4bToPam). Intenta desprestigiar a la prensa libre que informa sobre el caso y, una vez más, sale en defensa de AMLO.

En medio de la crisis por los aranceles, trasciende que en EE.UU. está abierto un expediente contra López Obrador por sus vínculos con el narco mediante el financiamiento a Morena. Se informa que el caso de Jalisco lo “descubrió” el gobierno en septiembre de 2024, pero no se continuó con la investigación. La presidenta pide que “ya se deje en paz” a su mentor.

Más preocupada por defender al expresidente que por profundizar en las denuncias, Claudia Sheinbaum niega cualquier acusación contra el régimen obradorista. Desmiente a los obispos, asegura que no es cierto que haya sido burdo el acarreo en el último mitin en el Zócalo, aunque fue evidente, y sigue sin reconocer la creciente crisis del fentanilo en el país.

LA CORRUPCIÓN

El International Crisis Group advierte que uno de los principales obstáculos en la lucha contra el narcotráfico es la corrupción, que facilita la operación de los cárteles mediante funcionarios públicos y jueces cooptados o amenazados (bit.ly/4kOhGw5). Además, explica, los delincuentes suplen funciones de “asistencia social” del gobierno en muchas poblaciones vulnerables.

Junto con las desigualdades, la corrupción es un factor clave en la expansión de los cárteles, que actúan con impunidad, infiltrados en instituciones que deberían velar por la seguridad. También destaca la fragmentación de los narcos, por la captura de líderes, que se traduce en nuevas células, más violentas, que luchan por el poder y el control territorial.

Cada vez más violentos y sanguinarios, los cárteles han aprendido que la brutalidad extrema genera miedo y control, y que la falta de castigo, fruto de la impunidad y de un Estado de derecho debilitado, les permite actuar sin temor a represalias. A esto se suma la normalización de la narcocultura, que se desarrolla en el peligroso y fértil terreno de la falta de valores.

Con vacío espiritual y atraídos por la Santa Muerte, una “deidad” que no juzga, sino que protege sin importar las acciones de quienes la veneran, incluso si son asesinatos, muchos jóvenes de sectores vulnerables caen fácilmente en las redes del narco, convirtiéndose en crueles verdugos de muchos otros a los que reclutan por la fuerza para crecer el “negocio”.

LA INDIFERENCIA

Ante esas muestras indudables de expansión del crimen organizado en México, que se hicieron más evidentes esta semana con los casos de Jalisco y Tamaulipas, cabría preguntarse de nuevo qué debemos hacer en lugares como Yucatán, donde aún vivimos con cierta estabilidad, para evitar que la crisis nos alcance. ¿Debemos permanecer indiferentes?

Producto del miedo, la normalización de la violencia, la corrupción sistemática y la falta de confianza en las instituciones, la indiferencia social —nutrida cada día por la impunidad— es una barrera que ha permitido que el narcotráfico y la narcopolítica sigan fortaleciéndose en muchas regiones de México. Y el perverso régimen obradorista lo sabe muy bien.

¿Qué hacer? De entrada, tomemos conciencia de ese papel central que la corrupción y la pérdida de valores desempeñan en el fortalecimiento del crimen organizado. Como nos alerta “¡Ya Basta!” esta semana, debemos hacer valer la ley, “que por ningún motivo debe someterse a intereses particulares, los cuales mantienen vivo el fuego de la impunidad” (bit.ly/3DyDlb3). Otrora cercano a los afectos de Huacho Díaz, víctima del silencio cómplice ante la creciente corrupción, el grupo “¡Ya Basta!” es categórico: “En el combate a la impunidad, solo se ve un engaño más. Mientras no haya castigo a esos actos, la corrupción seguirá creciendo y será cada vez más burda”. Tomemos nota de esta oportuna alerta.- Mérida, Yucatán.

direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diarioyucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)


(*Director general de Grupo Megamedia

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