Aunque Nicolás Maduro es un presidente ilegítimo porque perdió la elección de 2024 y arrebató la presidencia a Edmundo González, éste apoyado por María Corina Machado, su secuestro por una fuerza militar estadounidense de élite resulta injustificable y es violatorio de una serie de normas internacionales y estadounidenses.

El éxito de la operación militar de Estados Unidos en Venezuela levanta sospechas —certeza para algunos— de que Maduro fue traicionado por cercanos a él —civiles y/o militares— que presuntamente aportaron información confidencial sobre los pasos del expresidente. Así se explica que la mayoría de los caídos en la operación estadounidense hayan sido cubanos integrantes de su equipo de protección directa.

Comoquiera, es probable que algunos líderes venezolanos sean ya millonarios en dólares procedentes de la recompensa que Estados Unidos ofrecía por información para capturar a Maduro. El secuestro generó reacciones de júbilo entre una parte de los venezolanos y de repudio en otro sector, porque pese a todo, el chavismo-madurismo tiene muchos partidarios en el país sudamericano.

Por supuesto, en el ánimo festivo por la captura de Maduro pesaron la persecución y cárcel a opositores y defensores de derechos, la libertad de expresión reprimida y la emigración obligada de millones de venezolanos. La propaganda antichavista quizá exagere la mano dura del presidente depuesto, pero abundan los testimonios de que en Venezuela se han violado impunemente derechos humanos.

La probable traición a Maduro no sería la única en esta dramática historia. También fue traicionada la oposición lidereada por María Corina Machado, ésta por Donald Trump, quien —acaso motivado por el Nobel de la Paz otorgado a la opositora venezolana y no a él— le negó atributos para gobernar Venezuela y optó por negociar con la hoy presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien tiene el respaldo de los líderes políticos y militares del chavismo-madurismo.

Lo trágico para el pueblo venezolano es la probable continuación de la política represiva, aunque los líderes chavistas que continúan gobernando sean obsequiosos con el gobierno de Trump, a quien claramente le importan poco la democracia y el bienestar de los venezolanos y, como ha declarado explícitamente, su interés primigenio es el petróleo, si bien hay razones para pensar que la riqueza del crudo venezolano no es tan grande como dice la propaganda chavista.

Desde otro ángulo, el secuestro pinta el irrespeto de Trump a tratados internacionales suscritos por Estados Unidos, empezando por la Carta de las Naciones Unidas, y pone de relieve la inutilidad de los órganos internacionales como la propia ONU y OEA para evitar el quebranto de la soberanía de Venezuela ni para corregir las violaciones que acentúan el progresivo deterioro del entramado de instituciones y tratados que siguieron a la Segunda Guerra Mundial.

¿Sigue Groenlandia?

Como si fuera poco el secuestro de Maduro, Donald Trump amenaza con acciones militares contra cualquier nación que se oponga a sus designios, sin mencionar —eso sí— a quienes poseen ojivas nucleares. Por cierto, algunas de estas, de cara al ataque contra Venezuela, pueden sentirse incentivadas a emprender acciones militares semejantes contra territorios que ambicionan.

Con orgullo y el ego agigantado, Trump ha exhibido y proclamado su éxito contra Maduro, pero la incursión militar en Venezuela no tiene apoyo popular en EU. Paul Krugman escribió hace unos días: “El secuestro hizo que los archivos de Epstein dejaran de ser noticia durante unos días. Y Trump, sin duda, está intentando ganar popularidad… Sin embargo, es casi seguro que se sentirá decepcionado. Antes del secuestro, los estadounidenses se oponían abrumadoramente a la acción militar en Venezuela. Las primeras encuestas desde el secuestro siguen siendo muy desfavorables”, pues un 34 lo apoya mientras 41% lo rechaza y 25% no está seguro (encuesta de YouGov).

No obstante, Trump está dispuesto a seguir la misma política neocolonial, a juzgar por sus intenciones de comprar o invadir Groenlandia. Las declaraciones de su principal asesor, Stephen Miller, a Jake Tapper (CNN) son ominosas. Dijo que nadie lucharía militarmente contra EU por Groenlandia y agregó algo peor: “Vivimos en un mundo, en el mundo real, Jake, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder… Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.

No es exagerado pensar que, por ese camino, el orden político internacional está en riesgo de demolición y un futuro cavernícola amenaza a la humanidad.

Periodista

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