A unos días del aniversario del Primer Congreso Feminista en México, segundo en Latinoamérica, realizado en Yucatán hace ciento diez años, es el momento adecuado para dialogar sobre un tema fundamental para nosotras las mujeres, y también para toda la sociedad. Comencemos preguntando: ¿la lucha por nuestros derechos está relacionada o no con la existencia de una verdadera democracia? Y una segunda pregunta pertinente es, ¿cuál es la situación actual del feminismo y la democracia en Yucatán?
Debemos recordar, aunque brevemente, los vínculos que hay entre las revoluciones liberales y el surgimiento del feminismo. La Revolución Francesa (1789) y las demás revoluciones liberal-burguesas, entre ellas la mexicana, plantearon como objetivo central la consecución de la igualdad jurídica, de las libertades y los derechos políticos. Pero estas libertades y derechos no fueron otorgadas a las mujeres, por lo que se inició un movimiento en el mundo occidental llamado feminismo, que luchó por los derechos sociales y políticos de las mujeres, así como por liberarse del dominio patriarcal.
Pese a esta primera contradicción, debemos señalar que los liberales yucatecos (organizados en logias masónicas) de finales del siglo XIX y principios del XX, en torno a la mujer, se fijaron los mismos objetivos que los hombres ilustrados de otras partes del mundo, es decir: promover su educación para convertirlas, ya sea en calidad de madres o profesoras, en formadoras de mejores ciudadanos.
Las mujeres yucatecas no fueron pasivas ante ese impulso ilustrador de las logias, ya que vieron en su acceso a la educación, científica y laica, no solo la oportunidad de participar en la construcción de una sociedad democrática, sino en su propia liberación del “yugo de las tradiciones”.
Lo anterior resulta fundamental para adentrarnos al tema de la lucha de las mujeres por la democracia, generalmente vinculada a la obtención del sufragio pero que incluye otros aspectos igual de trascendentes asociados a la formación de una verdadera ciudadanía, fundamentalmente al derecho a la educación y a adquirir un conocimiento laico y científico, en la cual hemos participado activamente desde entonces.
Rita Cetina Gutiérrez, Gertrudis Tenorio Zavala y Cristina Farfán fundadoras del primer liceo de niñas en Yucatán y de “La Siempreviva”, primera revista dirigida exclusivamente por mujeres, fueron profesoras provenientes de familias ilustradas liberales, que rompieron barreras y abrieron, para las nuevas generaciones, la brecha del conocimiento. Por lo que debo aclarar: fueron las alumnas de estas primeras maestras ilustradas, principalmente de las ya mencionadas, quienes lideraron el Primer Congreso Feminista, organizado por Consuelo Zavala Castillo y Dominga Canto Pastrana.
En dicho Congreso si bien no se aprobó el sufragio femenino, que se dejó para la mujer del futuro debido a la preocupación de las maestras ilustradas de no entrar al mundo de la política sin antes estar suficientemente preparadas, lo que sí se aprobó entre algunas cosas fundamentales fue el acceso de las mujeres a todos los campos del conocimiento científico, a todas las profesiones liberales (incluso a las que en aquel entonces se consideraban exclusivas para los hombres) y apoyos gubernamentales para las mujeres trabajadoras del campo y la ciudad. Esto fue un verdadero parteaguas en la vida de las mujeres.
Sin embargo, durante esos mismos años, se hizo presente en Yucatán otro grupo de mujeres aguerridas, dispuestas a luchar por el reconocimiento de sus derechos sociales y políticos, entre ellas Elvia Carrillo Puerto, Susana Betancourt, Rosa Torres, Raquel Dzib, Gloria Mireya Rosado, Eusebia Pérez y Amalia Gómez. Estas mujeres, afiliadas al Partido Socialista del Sureste (Psse), se organizaron en la “Liga Feminista Rita Cetina Gutiérrez” el 19 de enero de 1919 y desde entonces se dedicaron a luchar por sus derechos, entre estos el de participar en elecciones.
Congruentes con su postura socialista, a la par de luchar por sus derechos, lo hicieron también por una mejor distribución de la riqueza y la justicia social, por mejores condiciones salariales para hombres y mujeres obreras; tierra e insumos para campesinos (as), educación gratuita en todas las comunidades, entre otros. Lo anterior las llevó a incluir en su movimiento a mujeres mayas organizando ligas feministas en más de la mitad de los municipios de Yucatán, de las que surgieron liderazgos femeninos importantes, como es el caso de la ya célebre Felipa Poot Tzuc, que luchó en su natal Kinchil simultáneamente por los derechos de las clases trabajadoras y los de las mujeres.
Como podemos ver, aunque de manera sucinta, la defensa de las mujeres y la lucha por sus derechos nunca estuvo al margen de la lucha por la democracia vinculada, no solamente al sufragio, sino a la formación de una verdadera ciudadanía a través del conocimiento laico y científico para una conciencia crítica. Se sumó también la lucha por la justicia social liderada por las mujeres socialistas durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto, que igual sufrieron persecución y amenazas por los grupos reaccionarios como los demás dirigentes del Psse.
La historia de nuestra lucha por la democracia y por nuestros derechos en Yucatán no terminó con la asonada militar con que la reacción puso fin al gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto. Podemos mencionar otros congresos, otras mujeres y movimientos a favor de nuestros derechos hasta llegar a nuestros días, pero que por falta de espacio dejaré para futuros artículos. En esta entrega dejamos en claro que la lucha por nuestros derechos como mujeres, siempre ha estado ligada a la de lograr una verdadera democracia y una sociedad más justa para todos y todas.
La siguiente pregunta acerca de la situación actual, también requiere mayor espacio, por lo que se abordará en un nuevo artículo. Solo adelantaré que las mujeres yucatecas seguimos luchando desde la academia, el periodismo, desde el arte, los partidos políticos y sobre todo desde la sociedad civil, por objetivos estrechamente vinculados: la democracia, la justicia social y nuestros derechos como mujeres. Lo que hoy es fundamental, ya que enfrentamos un creciente autoritarismo de quienes ejercen el poder tergiversando el uso de los recursos públicos para mantener clientelas políticas y no para prevenir, atender la violencia contra las mujeres y promover una cultura de equidad entre los géneros. Esto a pesar del aumento de la violencia contra nosotras, sobre todo la sexual, como bien han documentado las destacadas investigadoras Gina Villagómez y Rocío Quintal en las páginas del Diario. Por lo que es más urgente que nunca seguir luchando.— Mérida, Yucatán
Antropóloga por la Uady, con maestría en antropología social
