En toda democracia se requieren diferentes puntos de vista, incluso contrarios, para formar el criterio del ciudadano y finalmente pueda elegir entre caminos distintos. La verdad brota entre la colisión de las ideas y la libertad implica entenderlas y elegir por alguna de ellas.
Es verdad que hay ocasiones en las que se consolidan unas ideas frente a otras, que son capaces de convocar esperanza y sueños y son abrazadas de manera colectiva. Pese a eso y la preponderancia de unas sobre otras, es imprescindible que la sociedad garantice el libre flujo de su crítica, que los argumentos se hagan cada vez más profundos y finos, y que esa libre circulación las fortalezca.
Ideas que se sientan en un trono y excluyen a todas las demás, que no permiten la ruptura y la contradicción son la base de la imposición irracional o religiosa del poder. Y si están avaladas y sostenidas por instituciones que sirven para acallar y controlar a las otras, entonces ya tenemos un despotismo brutal que, en aras de la patria, la belleza, la divinidad, la justicia o el hombre nuevo, excluyen y descuartizan.
La oposición política, en consecuencia, está obligada a usar conceptos y lenguajes diferentes, a plantear argumentos que muestren el error o la mentira en las otras, y a criticar abiertamente los vacíos de las políticas dominantes, especialmente abriendo las posibilidades que el otro cierra.
No conozco sistema político que no excluya a alguien en algo y esa exclusión es justamente la oportunidad de corrección de la oposición, misma que si está en funciones de algún orden de gobierno debe mostrar formas diferentes de operar, y si está fuera, deberá tener un proyecto que abra ventanas novedosas.
La oposición debe hacer crítica y tener un proyecto alternativo. Y desde luego, tener voceros legítimos capaces de convocar a los ciudadanos. En la democracia mexicana estamos viendo una transformación de instituciones abiertas que podrían cerrarse en algún momento para sostener a quienes están en el poder sin los consensos adecuados.
La oposición mexicana es periodística y en algunos casos política con actores enérgicos como el yucateco Elias Lixa Abimehri, Damián Zepeda Vidales o Ricardo Anaya Cortés.
En lo local, hay crítica en el Diario de Yucatán y algunos portales, en algunos diputados panistas que dedican tiempo a criticar al gobernador actual y defender a Mauricio Vila como si pudiera estar en la próxima boleta electoral, más que a impulsar algún trabajo, actor o discurso trascendente.
Llama la atención también un puñado de jóvenes cercanos a Movimiento Ciudadano que hacen crítica seria contra lo poco que no es morenista y comienzan a desgastar y ocupar espacio en la opinión pública.
Esta posición política, la suma de todas las oposiciones, será la responsable histórica de no poder contener un proyecto autócrata o ser su coadyuvante indirecto.
Antropólogo con maestría en Industrias Audiovisuales y doctorado en Comunicación Política
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