La miel, “bálsamo para las heridas que se van curando poco a poco”
La miel, “bálsamo para las heridas que se van curando poco a poco”

El nuevo árbol de casa nos despertó con una sorpresa: flores amarillas y decenas de abejas revoloteando en una danza dulce y precisa. Esos seres diminutos son los que mantienen a nuestro planeta vivo, ya que son fundamentales para la polinización del 75% de las plantas cultivadas, incluyendo frutas, verduras y nueces, conservando la biodiversidad y ecosistemas saludables.

El zumbido me lleva de vuelta a mi infancia, cuando papá tomaba entre sus manos las rústicas botellas de vidrio repletas de miel y las movía de arriba hacia abajo, mientras una gran burbuja indicaba la pureza de esta.

Mi padre fue un apasionado y estudioso del comportamiento de las abejas, no solo comprobando de manera personal sus poderes curativos, sino también brindando a la ciencia maneras naturales de combatir plagas como la varroa, tan difícil de erradicar.

La historia de la miel se remonta a más de 8,000 años, cuando el ser humano comenzó a cosecharla de abejas silvestres en cuevas y árboles huecos. La primera evidencia de apicultura se encuentra en Egipto, alrededor del año 2500 a.C., donde se documentó la recolección en jeroglíficos. Este dorado néctar fue valorado por antiguas civilizaciones, como los griegos y romanos, no solo como alimento, sino también como medicina y ofrenda a los dioses. En México, los aztecas y mayas la utilizaban en rituales y como endulzante natural.

La producción de miel en este país es significativa, especialmente en Yucatán, Chiapas y Veracruz, y se caracteriza por su calidad y diversidad, pues dependiendo de la temporada y región se extrae de distintas variedades de flores. En nuestro Estado, las más comunes son el dzidzilché (Gympie gympie) y el tajonal (Viguiera dentada), ambas con un sabor intenso y aromático.

El sistema en el cual la colmena está organizada es simplemente perfecto con tres castas: la reina, las obreras y los drones. La reina es la única hembra fértil y se encarga de poner huevos, llegando a producir hasta 2,000 al día. Las obreras, por otro lado, son hembras estériles que realizan todo el trabajo, desde la recolecta hasta cuidar a las crías, construir panales y defenderlos. Los drones, machos, tienen un solo propósito: fertilizar a la reina. Este sistema garantiza la supervivencia, el crecimiento y la producción.

Y con todo ese conocimiento que se acumulaba en mi mente pero sin dejar de admirar el regalo que trajo la mañana a mi hogar, irrumpiendo en la rutina de este pequeño oasis dentro del caos externo, sonreí imaginando lo hermoso y mágico que sería si todos fuéramos un poquito como la miel: dulces, cálidos y envolventes como un abrazo que reconforta el alma.

Bálsamo para las heridas que se van curando poco a poco entre texturas y aromas. Genuina desde la pureza de su origen, sin fecha de caducidad para poder dar consuelo y recibir a cambio el agradecimiento de un corazón en paz. Auténtica, sin pretensiones que nublan nuestro verdadero propósito ni artificios que lo disfracen.

Ser como la miel, me repetí en silencio, mientras la vida se encendía a lo lejos y yo dejaba atrás gotitas de nostalgia, brillantes, lúcidas e impregnadas de recuerdos.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán