Amigos aficionados…
El futbolista, el músico, el bailarín, el abogado, el torero, claro, tienen que comenzar desde abajo, soñando, pensando en grande.
Quizá eso lleva al que escribe que pensar en asistir a una novillada le permitirá ver un festejo en el que pueda sentirse, mucha más entrega que en una corrida de toros. Porque quieren trascender.
No la viví, pero me hubiera encantado toparme con la época en que el malogrado Valente Arellano llenaba la Plaza México con solo anunciarle en los carteles. Los primeros años de la década de los 80 fueron impresionantes con Valente, Manolo Mejía y Ernesto Belmont. Valente, fallecido en accidente de motocicleta unas semanas después de tomar la alternativa, fue un precoz taurino. Devoraba todo lo que de toros había en la biblioteca de su padre y, claro, se hizo torero brillante, hasta que la muerte le llamó fuera de los ruedos. Quería ser figura y lo fue.
En la presentación de “La Fiesta no manifiesta” en 2022 en Madrid, en el salón de la Fundación del Toro de Lidia, personajes del toreo mundial como Victorino Martín hijo aplaudieron el ímpetu de quienes van picando piedra desde niños, porque eso, no hay duda, alimentan las ilusiones de todos. Lo recalcaron: las novilladas son esenciales para la Fiesta.
En la Plaza Mérida, para abrir la temporada, se anuncia una novillada. Está acartelado Bruno Aloi, quien ayer se llevó la única ovación en el festejo del “Zapato de Oro” de Arnedo, uno de los mayores escaparates del escalafón menor en España. Y a Aloi lo retrataron toreando en grande, con la derecha, con la izquierda. A Bruno varias veces le vimos y oímos su tenue hablar en el callejón de la Mérida acompañando a su hermano Fauro, rejoneador, y su padre, Giovanni, caballista también, analista y otrora piloto de carreras. Fue paciente, aprendió y ahora está bien parado entre la baraja mexicana.
El domingo, Julio Ventura “Venturita” triunfó en un festejo en Hidalgo, cortando dos orejas. Él estará en la Mérida el 12 de octubre. Su vida está hecha, literal, entre avíos toreros, de ruedos y tablados de Yucatán, y su debut formal en el coso de Reforma es algo por lo que soñó, como su padre y su hermano, ambos de nombre torero José Ventura.
Los niños aprendieron y ahora quieren llegar a la otra orilla. Así la vida.
Gaspar Siveira
