La riqueza del trabajo realizado y su aportación al conocimiento, difusión y preservación de las obras creadas para el culto divino fueron reconocidas por los expertos que anteanoche, en El Jesús, participaron en el conversatorio sobre el proyecto multiplataforma “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán”.
La céntrica iglesia fue colmada no solo por invitados y personas que acudieron expresamente al evento, sino también por paseantes y turistas que al escuchar la música interpretada por la Orquesta de Cámara de Mérida y el Coro de la Ciudad decidieron entrar al templo.

El Jesús (Tercera Orden) es la Joya número 4 de la obra multiplataforma, en la categoría de Arquitectura.
Como informamos, en el conversatorio participaron los doctores Ella Fanny Quintal Avilés, Cuauhtémoc Fernando Garcés Fierros y Mario Humberto Ruz Sosa; el arqueólogo Luis Alfonso Millet Cámara y el historiador y periodista Carlos Fernando Cámara Gutiérrez, coordinador editorial del libro que forma parte de “100 joyas”.
Además, hicieron uso de la palabra Luis Ojeda Godoy, colaborador del proyecto, y el obispo auxiliar monseñor Pedro Mena Díaz, asesor. La directora de Identidad y Cultura municipal, Karla Berrón Cámara, dio la bienvenida y despidió el evento.
En su intervención, Luis Millet Cámara aseguró que con “100 joyas de arte sacro de la península de Yucatán” se tiene una visión más amplia y profunda de esta producción de obras.
Se refirió a la supuesta pobreza del arte sacro en el Estado, algo con lo que no concuerda. Y para demostrarlo trajo a la plática la figura de fray Juan de Mérida, quien dirigió los primeros 10 años de construcciones católicas en la región, entre ellas los conventos de Maní, Izamal y Valladolid.
“Si bien Diego de Landa es recordado por los Autos de Maní, que le costó que lo llamaran a España y estuviera ausente de Yucatán cerca de 10 años, regresó como obispo de Yucatán, con el nombramiento otorgado por Felipe II, e impulsó y le imprimió su sello a la arquitectura de Yucatán. Fue muy importante para la actividad constructiva y artística de la Península”, dijo.
“De Landa no mostró el más mínimo interés en la continuación de la construcción de la Catedral de Mérida, pero sí de una enorme cantidad de capillas y conventos esparcidos por toda la península de Yucatán”.
“A principios del siglo XVII, los franciscanos se van adaptando a las nuevas condiciones. La carencia de torres en las iglesias franciscanas es muy notoria, desde las Constituciones de Narbona estaba estrictamente prohibido que construyeran torres a sus iglesias”.

Fernando Garcés, quien en el año 2000 restauró el interior de El Jesús, calificó de “extraordinario” el proyecto auspiciado por Diario de Yucatán. Cuando hace 33 años llegó a la entidad, no imaginó que algo así podía suceder.
Como trabajador del INAH se unió a un equipo peninsular para rescatar el patrimonio cultural virreinal y del México independiente, y pudo conocer obras de arte de la región y participar en su difusión e investigación.
Con apoyo de los gobiernos federal, estatal y municipales y la iniciativa privada, el programa “Adopte una obra de arte” permitió rescatar muchas de esas joyas, que ahora se encuentran en el proyecto multiplataforma.
Aseguró que en ningún otro estado se hacía una labor tan importante por la preservación de retablos, pinturas y demás patrimonio virreinal. Con ese trabajo descubrieron que había más de 250 retablos y, en los conventos e iglesias, miles de metros de pinturas murales, cuadros y esculturas.

En los archivos de la Arquidiócesis descubrieron que en Yucatán existieron poco más de mil retablos. “Eso significa que, por desgracia, se han perdido cuatro quintas partes de ese extraordinario patrimonio”.
“Los retablos de Tabi, de Maxcanú, de Calotmul no le piden nada a ningún otro retablo del resto del país o del continente americano, son obras excepcionales”.
“Pese a que en Yucatán (en la Colonia) no había riqueza económica, sí había una riqueza de voluntad y espiritual de los yucatecos que permitió crear obras fantásticas; cada una tiene un trabajo artístico diferente, hay aportaciones y variaciones estilísticas que no se encuentran en otra parte del país o el continente americano”.
Citó como ejemplo el retablo de la iglesia de Tecoh, que tiene cuatro pinturas —originalmente eran seis— de Miguel Cabrera, el pintor más importante de la época virreinal y que realizó en el municipio yucateco cuando ya estaba en la cúspide de su carrera artística.
Enfatizó que, así como es importante la restauración de este arte sacro, también lo es la divulgación, llevar la información al público en un lenguaje sencillo, con imágenes, ilustraciones y explicaciones muy prácticas, como se ha hecho en el proyecto multiplataforma “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán”.
Consideró que fue extraordinaria la labor que hizo el Diario, pues “de nada sirve tener joyas importantísimas guardadas y encerradas sin que nadie las conozca y las disfrute”.
La doctora Ella Fanny Quintal se refirió a su vez a los cambios y resignificaciones de las creencias y las prácticas asociadas a la religión católica en las comunidades.
“La etnohistoria y la antropología han dado cuenta de los procesos de síntesis que los devotos católicos de las comunidades llevan permanentemente al cabo, dando un nuevo significado, transformando y adaptando a sus propias cosmovisiones y culturas las enseñanzas que en la Iglesia reciben”.
“Así, Jesús es Kich Kelem Yu’um (Hermoso padre), o Kich Kelem Tzul (Hermoso caballero); la Virgen, Kichpan Kolebil (Hermosa mujer) y en tiempos coloniales a los santos se les llamaba Bolon Pixano’ob (expresión que era traducida al castellano como bienaventurado)”.

“Estas palabras aparecen frecuentemente en las plegarias de los j-meeno’ob en rituales y ceremonias para pedir lluvia, agradecer la cosecha, ‘bendecir’ un terreno. Y hay otros muchos ejemplos, por ejemplo cuando los señores de la lluvia de los cuatro puntos cardinales, los cháako’ob que riegan las milpas, se transforman en santos, arcángeles, santas y alguna advocación mariana”, explicó.
Sobre su contribución al proyecto, compartió que tiene que ver con una de las ofrendas más vistosas y poco conocidas que los devotos que participan en el kuuch (cargo, carga u obligación) presentan ante la imagen venerada: los ramilletes.
Consisten en una pértiga de hasta metro y medio de alto en la que, teniéndola como eje y centro, los devotos disponen de una especie de canastas llamadas “tramos”; en estos “tramos” los devotos depositan panes de harina de trigo en forma de águila, a los que se conoce en maya como ch’iich’ waj; cigarros y una botella de ron.
Los “tramos” son decorados con banderitas de papel de seda, cuyos “mástiles” son “ch’iilibes”. Los ramilletes son transportados, acompañados de música, desde la casa de quien organizó la elaboración hacia la iglesia, donde son colgados del coro o del techo.
Los bienes que contienen los ramilletes son consumidos al final de la celebración al santo por aquellos que se comprometen a que el próximo año participarán con recursos y trabajo para “vestir” un ramillete.

Por su parte, Mario Humberto Ruz Sosa hizo un amplio análisis de la obra multiplataforma, en la que, indicó, “vemos desfilar, además del espectáculo estético fotográfico, una procesión de representaciones cristológicas, marianas, y del amplio santoral católico, que dan fe de la vehemencia con que se adoptó y adaptó en la Península la imaginería virreinal, en no pocas ocasiones enriquecida con matices de la tradición oral”.
El libro del proyecto “es una auténtica procesión de contenidos artísticos, devocionales, históricos y hasta identitarios, de distinta valía en tal o cual aspecto, pero que, vistos en conjunto, nos ofrecen un singular abanico de estética y religiosidad”.
En las obras de artistas locales, “más que la técnica, sorprende la frescura de las representaciones y la ingenuidad de la devoción popular, que no siempre respeta las convenciones teológicas, sino que en ocasiones las reinterpreta, como puede apreciarse, entre otros muchos detalles, en el cuadro de las Ánimas del Purgatorio procedente de Cansahcab”.

El invitado también habló de las tradiciones e historias de varios poblados y el origen de fiestas patronales como la de Santa Clara de Asís. Asimismo, dijo que en Yucatán se considera que las serpientes son guardianas y pueden ser dueñas de los cenotes, un papel que en otras comunidades corresponde a la Virgen y a santas.
“‘100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán’ no es solo un catálogo de símbolos, técnicas, religiosidades y bellezas. Como todo buen texto, al mismo tiempo que da cuenta de presencias, nos permite atisbar también en parte, al menos, de lo perdido del patrimonio peninsular. Ya sea nombrándolo directamente, ya sea leyendo entre líneas o, incluso, silenciándolo”.
“La obra invita, decididamente, a emprender su continuación, que permita abordar en otro tomo algunas más de las joyas sacras que, por centenares, están diseminadas por la Península y a menudo poco conocidas, a no ser por los vecinos locales”.
Agradeció a los especialistas que participaron en la concepción y elaboración del texto, así como a los fotógrafos que “nos ofrecen un auténtico gabinete de alhajas y, por supuesto, a Diario de Yucatán y las distintas personas y empresas que hicieron posible el tener en las manos este abanico de joyas que coronan de manera singular el rostro inmarcesible de Yucatán”.
Luego de la participación de los ponentes en el conversatorio, se cedió la palabra a los asistentes, entre ellos Luis Ojeda Godoy, quien colabora con un texto en el proyecto, y quien agradeció el esfuerzo del equipo.
Afirmó que es una joya literaria valiosísima y “se vuelve desde hoy una lectura obligada para todos aquellos interesados en conocer y trabajar a favor del patrimonio y el arte sacro de la península de Yucatán”.
Monseñor Pedro Mena expresó que la obra contribuye a acercarse a la belleza de lo que realmente representa el arte sacro, pues aunque muchos lo verán solo como producción cultural, los creyentes lo harán con la idea de cuanto más bello es Dios.
Estos fueron los mensajes compartidos por tres de los ponentes en el conversatorio:

